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Padre Damián de Molokai - Apóstol de los Leprosos

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Tremelo 3 de enero de 1840 Bélgica - 15 de abril de 1889, Hawái

Celebración 10 de mayo

Beatificación 4 de junio de 1995 por el papa Juan Pablo II

Canonización 11 de octubre de 2009 por el papa Benedicto XVI

"Sé que voy a un perpetuo destierro, y que tarde o
temprano me contagiaré de la lepra. Pero ningún sacrificio
es demasiado grande si se hace por Cristo".

Su Vida: Lo han llamado "el leproso voluntario", porque con tal de poder atender a los leprosos que estaban en total abandono, aceptó volverse leproso como ellos.

El Padre Damián nació el 3 de enero de 1840, en Tremeloo, Bélgica.

De pequeño en la escuela ya gozaba haciendo como obras manuales, casitas como la de los misioneros en las selvas. Tenía ese deseo interior de ir un día a lejanas tierras a misionar.

De joven fue arrollado por una carroza, y se levantó sin ninguna herida. El médico que lo revisó exclamó: "Este muchacho tiene energías para emprender trabajos muy grandes".

Un día siendo apenas de ocho años dispuso irse con su hermanita a vivir como ermitaños en un bosque solitario, a dedicarse a la oración. El susto de la familia fue grande cuando notó su desaparición. Afortunadamente unos campesinos los encontraron por allá y los devolvieron a casa. La mamá se preguntaba: ¿qué será lo que a este niño le espera en el futuro?

De joven tuvo que trabajar muy duro en el campo para ayudar a sus padres que eran muy pobres. Esto le dio una gran fortaleza y lo hizo práctico en muchos trabajos de construcción, de albañilería y de cultivo de tierras, lo cual le iba a ser muy útil en la isla lejana donde más tarde iba a misionar.

A los 18 años lo enviaron a Bruselas (la capital) a estudiar, pero los compañeros se le burlaban por sus modos acampesinados que tenía de hablar y de comportarse. Al principio aguantó con paciencia, pero un día, cuando las burlas llegaron a extremos, agarró por los hombros a uno de los peores burladores y con él derribó a otros cuatro. Todos rieron, pero en adelante ya le tuvieron respeto y, pronto, con su amabilidad se ganó las simpatías de sus compañeros.

Religioso. A los 20 años escribió a sus padres pidiéndoles permiso para entrar de religioso en la comunidad de los sagrados Corazones. Su hermano Jorge se burlaba de él diciéndole que era mejor ganar dinero que dedicarse a ganar almas (el tal hermano perdió la fe más tarde).

Una gracia pedida y concedida. Muchas veces se arrodillaba ante la imagen del gran misionero, San Francisco Javier y le decía al santo: "Por favor alcánzame de Dios la gracia de ser un misionero, como tú". Y sucedió que a otro religioso de la comunidad le correspondía irse a misionar a las islas Hawai, pero se enfermó, y los superiores le pidieron a Damián que se fuera él de misionero. Eso era lo que más deseaba.

Su primera conquista. En 1863 zarpó hacia su lejana misión en el viaje se hizo sumamente amigo del capitán del barco, el cual le dijo: "yo nunca me confieso. soy mal católico, pero le digo que con usted si me confesaría". Damián le respondió: "Todavía no soy sacerdote pero espero un día, cuando ya sea sacerdote, tener el gusto de absolverle todos sus pecados". Años mas tarde esto se cumplirá de manera formidable.

Empieza su misión. Poco después de llegar a Honolulú, fue ordenado sacerdote y enviado a una pequeña isla de Hawai. las Primeras noches las pasó debajo de una palmera, porque no tenía casa para vivir. Casi todos los habitantes de la isla eran protestantes. Con la ayuda de unos pocos campesinos católicos construyó una capilla con techo de paja; y allí empezó a celebrar y a catequizar. Luego se dedicó con tanto cariño a todas las gentes, que los protestantes se fueron pasando casi todos al catolicismo.

Fue visitando uno a uno todos los ranchos de la isla y acabando con muchas creencias supersticiosas de esas pobres gentes y reemplazándolas por las verdaderas creencias. Llevaba medicinas y lograba la curación de numerosos enfermos. Pero había por allí unos que eran incurables: eran los leprosos.

Molokai, la isla maldita.Como en las islas Hawai había muchos leprosos, los vecinos obtuvieron del gobierno que a todo enfermo de lepra lo desterraran a la isla de Molokai. Esta isla se convirtió en un infierno de dolor sin esperanza. Los pobres enfermos, perseguidos en cacerías humanas, eran olvidados allí y dejados sin auxilios ni ayudas. Para olvidar sus penas se dedicaban los hombres al alcoholismo y los vicios y las mujeres a toda clase de supersticiones.

Enterrado vivo. Al saber estas noticias el Padre Damián le pidió al Sr. Obispo que le permitiera irse a vivir con los leprosos de Molokai. Al Monseñor le parecía casi increíble esta petición, pero le concedió el permiso, y allá se fue.

En 1873 llego a la isla de los leprosos. Antes de partir había dicho : "Sé que voy a un perpetuo destierro, y que tarde o temprano me contagiaré de la lepra. Pero ningún sacrificio es demasiado grande si se hace por Cristo".

Los leprosos lo recibieron con inmensa alegría. La primera noche tuvo que dormir también debajo de una palmera, porque no había habitación preparada para él. Luego se dedicó a visitar a los enfermos. Morían muchos y los demás se hallaban desesperados.

Trabajo y distracción. El Padre Damián empezó a crear fuentes de trabajo para que los leprosos estuvieran distraídos. Luego organizó una banda de música. Fue recogiendo a los enfermos mas abandonados, y él mismo los atendía como abnegado enfermero. Enseñaba reglas de higiene y poco a poco transformó la isla convirtiéndola en un sitio agradable para vivir.

Pidiendo al extranjero. Empezó a escribir al extranjero, especialmente a Alemania, y de allá le llegaban buenos donativos. Varios barcos desembarcaban alimentos en las costas, los cuales el misionero repartía de manera equitativa. Y también le enviaban medicinas, y dinero para ayudar a los más pobres. Hasta los protestantes se conmovían con sus cartas y le enviaban donativos para sus leprosos.

Confesión a larga distancia. Pero como la gente creía que la lepra era contagiosa, el gobierno prohibió al Padre Damián salir de la isla y tratar con los que pasaban por allí en los barcos. Y el sacerdote llevaba años sin poder confesarse. Entonces un día, al acercarse un barco que llevaba provisiones para los leprosos, el santo sacerdote se subió a una lancha y casi pegado al barco pidió a un sacerdote que allí viajaba, que lo confesara. Y a grito entero hizo desde allí su única y última confesión, y recibió la absolución de sus faltas.

Haciendo de todo. Como esas gentes no tenían casi dedos, ni manos, el Padre Damián les hacía él mismo el ataúd a los muertos, les cavaba la sepultura y fabricaba luego como un buen carpintero la cruz para sus tumbas. Preparaba sanas diversiones para alejar el aburrimiento, y cuando llegaban los huracanes y destruían los pobres ranchos, él en persona iba a ayudar a reconstruirlos.

Leproso para siempre. El santo para no demostrar desprecio a sus queridos leprosos, aceptaba fumar en la pipa que ellos habían usado. Los saludaba dándoles la mano. Compartía con ellos en todas las acciones del día. Y sucedió lo que tenía que suceder: que se contagió de la lepra. Y vino a saberlo de manera inesperada.

La señal fatal. Un día metió el pie en un una vasija que tenía agua sumamente caliente, y él no sintió nada. Entonces se dió cuenta de que estaba leproso. Enseguida se arrodilló ante un crucifijo y exclamó: "Señor. por amor a Ti y por la salvación de estos hijos tuyos, acepté esta terrible realidad. La enfermedad me ira carcomiendo el cuerpo, pero me alegra el pensar que cada día en que me encuentre más enfermo en la tierra, estaré más cerca de Ti para el cielo".

La enfermedad se fue extendiendo prontamente por su cuerpo. Los enfermos comentaban: "Qué elegante era el Padre Damián cuando llegó a vivir con nosotros, y que deforme lo ha puesto la enfermedad". Pero él añadía: "No importa que el cuerpo se vaya volviendo deforme y feo, si el alma se va volviendo hermosa y agradable a Dios".

Sorpresa final. Poco antes de que el gran sacerdote muriera, llegó a Molokai un barco. Era el del capitán que lo había traído cuando llegó de misionero. En aquél viaje le había dicho que con el único sacerdote con el cual se confesaría sería con él. Y ahora, el capitán venía expresamente a confesarse con el Padre Damián. Desde entonces la vida de este hombre de mar cambió y mejoró notablemente. También un hombre que había escrito calumniando al santo sacerdote llegó a pedirle perdón y se convirtió al catolicismo.

Y el 15 de abril de 1889 "el leproso voluntario", el Apóstol de los Leprosos, voló al cielo a recibir el premio tan merecido por su admirable caridad.

En 1994 el Papa Juan Pablo II, después de haber comprobado milagros obtenidos por la intercesión de este gran misionero, lo declaró beato, y patrono de los que trabajan entre los enfermos de lepra.

Oración: Dios, Padre Nuestro, Tú nos has manifestado tu amor en tu hijo Jesús que vino para servirnos y dar su vida por nosotros. Te damos gracias por las maravillas que realizaste en la vida del Bienaventurado Damián de MolokaiÉl escuchó el llamado de Jesús a seguirlo y entregó su vida por los más pobres, los leprosos, a quienes hizo recuperar su dignidad de personas humanas.Animados por su ejemplo y confiados en su intercesión, venimos a Ti con nuestros sufrimientos, nuestras penas, y con nuestras esperanzas.

Que el Espíritu Santo abra nuestros corazones ante la miseria del mundo, entonces, como Damián, te encontraremos en los rostros marginados por la sociedad y podremos revelarles el amor que Tú tienes por cada uno de ellosBendito seas Tú, Señor, Padre lleno de ternura y amor, Tú que eres nuestro Dios, desde siempre y por toda la eternidad. Amén.

Oración: Glorioso y venerado Beato Damián: Sois modelo y patrono de los leprosos. Por vuestro amor os entregásteis en cuerpo y alma al cuidado de los leprosos de Molokai. Yo, impulsado por la confianza que me inspira tu valimiento poderoso ante Dios y tu caridad hacia los más necesitados, acudo a ti. Llena mi corazón de amor hacia los más necesitados, alcánzame un gran espíritu de fe, saber aceptar y ofrecerte todas las contrariedades de la vida y poder gozar un día de vuestra compañía en el cielo. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

Oración preparatoria para todos los días de la novena: ¡Oh Sagrados Corazones de Jesús y de María! Yo siento alegría inmensa y confianza sin límites al contemplar los numerosos favores que concedéis a cuantos acuden a Vos con fe y humildad por mediación de vuestro amado siervo el Padre Damián, que superando la repugnancia de los sentidos, por vuestro amor se entregó en cuerpo y alma al cuidado de los pobres leprosos de Molokai.

Impulsado por la confianza que me inspira su valimiento poderoso ante Vos y su caridad abrasadora hacia todos los afligidos, os ofrezco con todo el fervor de que soy capaz esta Novena de alabanzas y súplicas, para obtener la gracia que os pido, si es para mayor gloria vuestra y bien de mi alma, y en caso contrario, un aumento de gracia, para conformarme enteramente con Vuestros adorables designios en este asunto que os encomiendo. Amén.

Día 1: Oración preparatoria para todos los días. ¡Oh Sagrados Corazones de Jesús y de María! Por aquella generosidad con que el Padre Damián respondía al llamamiento divino, viendo siempre y en todo con fe viva la voluntad de Dios, os pido encarecidamente que además de la gracia particular de esta Novena, me concedáis el ser siempre fiel a vuestros deseos con una prontitud y generosidad semejante a la suya, a fin de que la fe recibida en el Bautismo crezca y se desarrolle sin cesar en mi alma. Amén.

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Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Día 2: Oración preparatoria para todos los días. ¡Oh Sagrados Corazones de Jesús y de María! Por aquella esperanza inquebrantable que sostuvo al Padre Damián durante toda su vida, confiando ciegamente en vuestra providencia paternal, os suplico humildemente que además de la gracia particular de esta Novena, me concedáis no desfallecer jamás en las adversidades de la vida, sino antes bien, animado con la esperanza del Cielo, vivir siempre confiado en vuestro amor misericordioso. Amén.

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Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Día 3: Oración preparatoria para todos los días. ¡Oh Sagrados Corazones de Jesús y de María! Por aquella caridad abrasadora que sintió el Padre Damián desde niño hacia los pobres necesitados, os ruego me concedáis la gracia particular de esta Novena, de que mi corazón se inflame más y más cada día en aquel amor divino en que Vos os abrasáis y en el que tanto anheláis ver inflamados a todos los hombres. Amén.

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Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Día 4: Oración preparatoria de todos los días. ¡Oh Sagrados Corazones de Jesús y de María! Por aquella humildad profunda que adornó el alma del Padre Damián y que le hizo obedecer ciega y constantemente las menores indicaciones de sus Superiores, considerando como lo más natural el encerrarse solo y para siempre en la Leprosería de Molokai, haced, os suplico, que además de la gracia particular de esta Novena, jamás me deje dominar en mis pensamientos, palabras y obras por la pasión de la soberbia, que tanto os ofende a Vos y tantos males acarrea al mundo y a cuantos siguen sus máximas. Amén.

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Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Día 5: Oración preparatoria para todos los días. ¡Oh Sagrados Corazones de Jesús y de María! Por aquel celo inextinguible que devoró el alma del Padre Damián en pro del bien espiritual y temporal de sus amados leprosos, llegando hasta el extremo de dar su vida por ellos, os ruego humildemente que además de la gracia particular de esta Novena, hagáis que me ocupe más de mis intereses espirituales y de la salvación de los demás. Amén.

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Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Día 6: Oración preparatoria para todos los días. ¡Oh Sagrados Corazones de Jesús y de María! Por aquel amor al trabajo que caracterizó al Padre Damián desde niño en todas sus ocupaciones, por ordinarias y agobiadoras que fuesen, os suplico humildemente que además de la gracia particular de esta Novena, me concedáis un gran espíritu de fe, para ver en el aprovechamiento del tiempo presente el medio más eficaz de procurar la gloria de Dios, la salvación de las almas y mi propia santificación. Amén.

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Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Día 7: Oración preparatoria para todos los días. ¡Oh Sagrados Corazones de Jesús y de María! Por aquella constancia y fortaleza admirable con que el Padre Damián sobrellevó, primero en los demás y luego en su propio cuerpo, la horrible enfermedad de la lepra, unido esto al dolor de la soledad e impotencia para remediar tanto mal como le rodeaba, os ruego humildemente que además de la gracia particular de esta Novena, hagáis que acepte siempre con la vista puesta en Dios todas las penas y contrariedades de la vida. Amén.

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Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Día 8: Oración preparatoria para todos los días. ¡Oh Sagrados Corazones de Jesús y de María! Por aquella devoción tan tierna que el Padre Damián profesó siempre a la Santísima Virgen, os suplico ardientemente que además de la gracia particular de esta Novena, me concedáis el portarme siempre y en todo como hijo amante vuestro, a fin merecer un día la dicha de ser presentado por Ella ante vuestro tribunal, para gozar por siempre en el Cielo de vuestra compañía. Amén.

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Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Día 9: Oración preparatoria para todos los días. ¡Oh Sagrados Corazones de Jesús y de María! Por aquel acendrado amor que el Padre Damián profesó a la Divina Eucaristía, ya como Manjar de su alma en sus Misas y Comuniones, ya como solaz de su espíritu en sus fervorosas adoraciones ante el Sagrado Tabernáculo, os pido encarecidamente que además de la gracia particular de esta Novena, hagáis que crezca en mí más y más la devoción al Santísimo Sacramento, y cada día prepare mejor mi corazón para recibirlo con el máximo fruto. Amén.

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Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Fuente: Santoral Católico
Wikipedia


Beato Padre Damián de Molokai

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