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Camilla Läckberg

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30 de agosto de 1974 Fjällbacka, Västra Götaland, Suecia

Escritora, novelista y economista sueca, autora de "La princesa de hielo" (2002), "Los gritos del pasado" (2004), "Crimen en directo" (2006), "La mirada de los ángeles" (2014) y "El domador de leones" (2015).

  1. La mayor parte de los criminales suelen encontrarse en el círculo familiar más próximo.
  2. Solo hallaría lo que buscaba mirando en su interior.
  3. La vida no siempre resulta como uno la había imaginado.
  4. Las informaciones anónimas no suelen ser muy fructíferas.
  5. (...) Bueno, pero habrás oído el dicho: "Toda publicidad es buena publicidad".
  6. Las madres, ya se sabe. Su trabajo consiste en creer sólo bondades de sus hijos.
  7. ¿Cuánto puede aguantar una persona antes de romperse del todo?
  8. No importa cómo ocurrió. Ocurrió, sencillamente. Y lo único que podemos tratar de hacer es cambiar las cosas, sobrevivir. No mirar atrás. No regodearnos en el arrepentimiento o en las especulaciones de cómo habrían podido ser las cosas... No debes mirar atrás. Lo hecho, hecho está. El pasado, pasado está. No existe el arrepentimiento.
  9. Ella sólo tenía estropeada el alma, y eso no podía arreglarse con un bisturí...
  10. Tarde o temprano, todos debían rendir cuentas de sus acciones.
  11. Había un toque de locura en su amor. Tenía los bordes carbonizados por aquel fuego siempre ardiente, y los dos sabían cómo mantenerlo con vida.
  12. Su ingenuidad y su bondad parecían convertirlo en un imán irresistible para mujeres que devoraban hombres para desayunar y después escupían los restos.
  13. Delegar. En eso consistía ser un buen líder.
  14. Si nadie te escucha, pues tendrás que hablar más alto.
  15. (...) Comprendió en un instante de lucidez que nada puede expiarse. Tarde o temprano, el tiempo y el pasado nos alcanzan. De nada servía esconderse. De nada servía correr.
  16. Hemos olvidado lo importante que es que nos toquen, pero lo necesitamos para sobrevivir.
  17. Había comentarios a los que más valía responder con el silencio.
  18. Había mujeres tan fuertes que nada podía quebrarlas. Vencerlas sí, pero quebrarlas, nunca.
  19. Si quieres que el matrimonio dure tanto como está durando el nuestro, hay que ceder.
  20. Una vida que no era perfecta, pero sí feliz.
  21. Aquella noche, a quiénes queríamos o habíamos querido no tenía ninguna importancia.
  22. La mejor mentira era aquella que contenía cierta dosis de verdad.
  23. Dinero, fama y más subvenciones y elogios de los superiores: formas absurdas de medir el éxito.
  24. Era evidente que se sentían atraídos el uno por el otro, de eso no cabía duda, y el ser humano no ha sido creado para vivir solo.
  25. Es más fácil conseguir que vuelen los cerdos que una madre cuelgue el teléfono.
  26. Era más fácil enfrentarse al dolor de la certidumbre que al de la espera de lo desconocido.
  27. Era la seguridad que reinaba en su relación, y era maravilloso poder confiar en lo que eso significaba.
  28. Existe una diferencia asquerosamente abismal entre ser "el que ayuda" y ser el que carga con la responsabilidad última.
  29. Así es la naturaleza del ser humano, no mira las consecuencias de sus acciones, no aprende de la historia.
  30. Parecía que hubiese despertado de pronto del sopor. Malgasté tanto tiempo y perdí tanta alegría en preocuparme...
  31. Cuando corría, sentía la vida dentro de sí. No se le ocurría otra forma mejor de explicarlo.
  32. Aquello que pertenece a un pasado remoto se desliza de pronto hacia el presente y cobra un protagonismo cada vez mayor.
  33. Existía una especie de justicia bíblica de la que no podía defenderse. Ojo por ojo, diente por diente.
  34. Su única certeza era que necesitaba un objetivo en aquella existencia que había perdido toda su razón de ser.
  35. Le sonrió a Jonas, que iba conduciendo aquel coche robado. Eran libres y valientes, eran fuertes. Eran leones imposibles de domar.
  36. Aunque era cierto que la gente cambiaba de la infancia a la edad adulta, existía, pese a todo, un núcleo invariable.
  37. Tener amigos era algo que no le interesaba. Tener amigos implicaba verse obligado a ceder y a renunciar a una parte del poder.
  38. Ella veía la ira acumulada, pero estaba convencida de que existía igual cantidad de amor si ella hubiera tenido la capacidad de activarlo...
  39. (...) Notó la fuerza que irradiaba, la misma fuerza salvaje e indómita que, instintivamente, supo que poseía desde el día que lo conoció.
  40. Quizá las heridas del alma sanaran allí, en Valo. No tenía recuerdos de aquel lugar, pero era como si la isla y ella se reconocieran.
  41. Los psicópatas pueden ser encantadores. Pero quien mantenga con ellos una relación más o menos prolongada notará tarde o temprano que algo falla.
  42. Siempre hay un plan detrás de todo.
  43. Le resultaba extraño defender al mismo hermano al que, por lo general, no dejaba de criticar, pero la sangre es más espesa que el agua...
  44. Lo nuevo no era más que un recuerdo de lo que hubo, y esta otra casa, con sus desperfectos, encajaba mejor con su estado de ánimo.
  45. No se había imaginado lo que podía traer el futuro, cómo iba a influir su reencuentro en el modo en que vivirían sus vidas.
  46. El ser humano es un animal de manada y necesitamos a la manada a nuestro alrededor, necesitamos tenerla cerca, necesitamos el calor y el tacto de otros seres humanos.
  47. (...) Volvió a pensar en lo mucho que quería a su mujer. Tanto más en momentos como aquel, en que irradiaba entusiasmo y pasión por su trabajo.
  48. La preocupación lo devoraba por dentro como un animal salvaje.
  49. Quien no ama, tampoco se arriesga a perder.
  50. Un par de gafas descansaban sobre la punta de su nariz, y no pudo por menos de preguntarse si serían adminículo obligatorio en los estudios de biblioteconomía.
  51. De repente, tomó conciencia de hasta qué punto la quería. Resultaba tan fácil olvidarlo... Resultaba tan fácil que la vida y el día a día rodasen sin parar, el trabajo y las tareas domésticas y... Los días, pasando uno tras otro. Pero había momentos como aquel, en los que sentía con una fuerza aterradora hasta qué punto estaban unidos. Y cómo adoraba despertar a su lado cada mañana.
  52. Su sólida actitud positiva ante la vida había sufrido un golpe en sus cimientos, y por primera vez, dudaba de que la bondad humana superase verdaderamente a la maldad.
  53. El subconsciente desempeña un papel más importante de lo que muchos creen. Dicen que solo utilizamos un porcentaje ridículo de nuestra capacidad cerebral, y puede que sea verdad.
  54. Había tantos cabos sueltos..., pero, al mismo tiempo, ella tenía el presentimiento de que la respuesta estaba allí mismo, delante de sus narices, solo que no era capaz de verla.
  55. De repente, volvió a abrir los ojos. Algo hizo que la bicicleta se detuviese en seco y lo último que recordaba era la tierra que se le venía encima a toda velocidad.
  56. La gente exagera con eso de hablar. Van a terapeutas y psicólogos, machacan a los amigos, tienen que analizar cualquier cosa que pase. Hay cosas que puede que estén mejor encerradas.
  57. Esa seguridad incuestionable que parecía tener en su derecho a ocupar en el mundo un lugar prominente, consecuencia de no haber tenido que prescindir en su vida de ningún tipo de ventajas.
  58. Demasiado tiempo para pensar. Demasiado tiempo para sentir cómo el dolor retorcía cada uno de sus nervios. Tiempo para pensar en todo lo que había perdido... lo que iba a perder.
  59. Una persona elocuente capaz de dar respuestas sencillas de forma convincente. Un hombre que podía ayudar a los votantes a identificar al culpable, y luego prometerles que él se encargaría de eliminarlo.
  60. Llevo tanto tiempo amando a Lucas que ese amor se ha convertido en una parte de mí, en una parte de lo que soy, y por más que lo intento, no consigo deshacerme de ella.
  61. Nunca la habían acariciado con tanto amor, un amor que la hacía desear su tacto. No el tacto odioso y doloroso que venía después, sino el tacto dulce que lo precedía.
  62. La amistad se demostraba en los malos momentos y ella no quería pertenecer al tipo de personas que, por exceso de celo y quizá también de cobardía, se apartaban de los amigos cuando estaban en dificultades.
  63. El odio, la envidia, la codicia y la venganza, todo quedaba oculto bajo una gran tapadera creada por el qué dirán. La maldad, la mezquindad y la inquina fermentaban tranquilamente bajo una superficie que siempre aparecía reluciente.
  64. Y solo eso hizo sonar la alarma. Porque uno siempre desvela algún detalle sobre su persona en las conversaciones, siempre ofrece información fragmentaria sobre su pasado y sobre cómo se ha convertido en la persona que es.
  65. Después de intercambiar tan solo una mirada, supieron que eran el uno para el otro. Cada uno se había visto a sí mismo en el otro, y aún se veían reflejados y así sería siempre.
  66. Lo de ver qué pasaba estaba bien cuando se era adolescente, pero con los años, el corazón se volvía menos elástico. Uno se implicaba más en las relaciones y las secuelas afectaban cada vez más a la autoestima.
  67. Uno es capaz de soportar más de lo que cree. Si no le queda otro remedio. No soy creyente, pero dicen que Dios no nos pone sobre los hombros más carga de la que podemos soportar. Seguramente, sabrá que yo aguanto mucho.
  68. Los autores hablaban de las hormonas de la felicidad y de cómo una flotaba sobre una nube rosa al tener a su hijo en los brazos y, por supuesto, sentía un amor absolutamente subversivo por aquella pequeña criatura nada más verla.
  69. Estaba claro que ya no tenía veinte años. Y desde luego, tampoco los tenía la mujer que le abrió la puerta. No había visto nada tan pequeño y arrugado desde la última vez que abrió una bolsa de ciruelas pasas.
  70. Una gruesa capa de nieve cubría la arena, y vio que el hielo se extendía mar adentro. Al final del embarcadero, alrededor de las escalerillas, habían hecho un agujero para los chiflados que se empeñaban en tirarse al agua en invierno.
  71. Le daría las gracias por sus desvelos, por las reprimendas, por el destello de inquietud que veía en su mirada cuando temía que estuviese cometiendo un error. Le daría las gracias por todo lo que para ella fueron entonces ataduras y limitaciones.
  72. El hombre que le sonreía desde las fotos era guapo, o más bien, atractivo. Decir "guapo" resultaba un tanto femenino, y nada más lejos. Irradiaba virilidad y fuerza. Una audacia valerosa, un deseo de sentir la adrenalina fluyéndole por todo el cuerpo.
  73. Odio... es una palabra demasiado fuerte que no debe usarse a la ligera. Sí, puede que mi padre no abrigase un sentimiento de excesivo cariño por Johannes, pero, si hubiesen tenido tiempo, estoy seguro de que Dios habría intervenido. Los hermanos no deben estar enfrentados.
  74. Procura no envejecer. Cada año que pasa, más grata se me hace la idea del precipicio. Lo único que me cabe esperar es que me vuelva tan senil que me sienta otra vez como a los veinte años. No me habría importado volver a vivirlos.
  75. Patrik era consciente de que se estaba comportando de un modo sentimental y patético, pero a aquella hora del medio día empezaba a comprender el alcance de la responsabilidad que había asumido al nacer su hija y el alcance del amor y del miedo que implicaba.
  76. Ahora ya desaparecía de verdad. Gentes extrañas la tocarían y trastearían en su cuerpo. Ninguno de ellos sería capaz de ver su belleza como él lo hacía. Para ellos sólo sería un trozo de carne. Un número en un documento, sin vida, sin fuego.
  77. Apoyó la mejilla contra el borde de la bañera y sintió cómo el frío le mordía la piel. Era tan hermosa. Allí, flotando en la superficie del hielo. Los lazos que los unían aún seguían vivos. Nada había cambiado. Nada era diferente. Dos de la misma naturaleza.
  78. Y él, por su parte, le confesó la ira y la sensación de fracaso después de la separación y la frustración de encontrarse de nuevo en el punto de partida, justo cuando empezaba a sentirse preparado para tener hijos. Cuando empezaba a creer que él y su esposa envejecerían juntos.
  79. Por algún misterio de la naturaleza, los sentimientos, la imaginación, los sueños y los cuentos no tenían cabida en su cerebro; en cambio, dominaba lo lógico, lo fácilmente predecible de los unos y los ceros, los pequeños impulsos eléctricos del ordenador que se hacían visibles en la pantalla.
  80. Por lo general, aquellas cavilaciones no lo llevaban más que a encogerse de hombros y a desecharlas como algo carente de importancia, pero en los períodos de depresión profunda que a veces sufría, podía sentir todo el peso de su limitación y desesperar al saberse tan distinto del resto de la gente.
  81. La culpa se interponía entre ellos como un peso del que no hablaban. Habría sido más fácil si hubieran podido analizarla y decidir cuál era su sitio. Sin embargo, se movía libremente de un lado a otro, cambiaba de potencia y de forma y atacaba cada vez desde una nueva posición.
  82. El arrepentimiento es expresión de humanidad. Sin arrepentimiento... ¿Qué somos?
  83. (...) Nunca había comprendido la relación de los hombres con las parrillas. Ellos, que en condiciones normales no dudaban en afirmar que no tenían ni idea de cómo freír un filete en la sartén, se consideraban verdaderos virtuosos a la hora de conseguir que la carne quedase en su punto sobre una parrilla al aire libre.
  84. Sólo quiero que comprendas que, detrás de todas esas acciones nobles a las que tú crees que has dedicado tu vida, hay un sentimiento extremadamente primitivo, básico, humano: la venganza. Yo no creo en la venganza. Yo creo que lo único en lo que debemos concentrarnos es en llevar a cabo aquello con lo que podamos cambiar el presente.
  85. Alargó la mano izquierda que, a diferencia de la derecha, estaba completa, en busca de su foto favorita. En la cima del Everest. Fue una escalada difícil y varios de los compañeros fueron abandonando en diversas etapas. Hubo incluso quienes se rindieron antes de empezar. Era un tipo de debilidad que le resultaba impensable. Para él rendirse no era una opción.
  86. ¿Cómo podía uno transgredir ese límite invisible pero incuestionable de lo que era o no permisible hacer? ¿No era esa la esencia del ser humano, la capacidad de contener los instintos más primitivos y hacer lo correcto y lo socialmente aceptado por el grupo? ¿Seguir las leyes y las normas de la existencia humana gracias a las cuales funcionaba la sociedad?
  87. ¿Debía elegir su precioso tanga de encaje, por si se presentaba la remota ocasión de que ella y Patrik acabasen en la cama? ¿O, por el contrario, sería más acertado ponerse esas bragas enormes y horrendas con sujeción para la tripa y el trasero, que incrementarían considerablemente las posibilidades de que Patrik y ella acabasen en la cama? Difícil elección.
  88. Habría podido contarle cómo el mal podía ser vecino del bien en una sociedad en que los hombres vivían con una venda en los ojos y se negaban a ver lo que tenían delante de las narices. Quien veía el mal de cerca una sola vez quedaba incapacitado para cerrar los ojos en lo sucesivo. Aquella era su maldición, su responsabilidad.
  89. (...) Gracias a ella he comprendido que tengo que hacer algo si no quiero perderte. No te prometo que vaya a ser fácil ni que todo se pase de golpe, pero no puedo imaginarme la vida sin ti. Y quiero que tengamos una buena vida. Creo que los dos perdimos pie un tiempo, pero aquí estamos, nos tenemos el uno al otro, y yo quiero que siga siendo así.
  90. El principio básico era el mismo que en boxeo: había que identificar el punto débil del adversario y luego atacar ahí una y otra vez, hasta alzarse con la victoria. O, en su caso, sacar una buena tajada. Su forma de hacer negocios no le granjeaba ni la aceptación ni el respeto popular pero, tal y como él solía decir, "con el respeto no se come".
  91. El tiempo jamás había sido importante cuando él estaba a su lado. Años, días o semanas, todo se confundía en una mezcolanza en la que sólo importaba aquello: la palma de ella contra la suya. Por eso había sido tan dolorosa la traición. Ella había hecho que el tiempo recobrase su importancia. Y por eso la sangre jamás volvería a correr cálida por sus venas.
  92. Llora, suele aliviar bastante.
  93. Y ahora la base de sus vidas se tambaleaba, y se tendían los brazos para tratar de recuperar el punto de apoyo de su existencia. Era aterrador ver a tus padres encogerse, reducirse, volverse más pequeños que uno mismo. Tener que intervenir y comportarse como adultos con aquellos a quienes, de pequeños, veíamos como infalibles, inquebrantables. Aunque, en la edad adulta, ya no ve uno a sus padres como seres divinos con respuesta para todo, pero resulta doloroso verlos perder la fuerza que un día poseyeron.
  94. (...) Lo malo es que la gente se cree su propaganda barata. Se visten de traje, expulsan a algunos miembros que, claramente, se han portado como no debían y tratan de hablar de recortes presupuestarios y de racionalización. Pero detrás de todo eso, siguen escondiéndose muchos nazis de los de siempre. Si se saludan al estilo nazi y agitan la cruz gamada, lo hacen seguramente al abrigo de la oscuridad. Luego aparecen en la televisión y se quejan de que los han acosado y de que se los ataca injustamente.
  95. (...) Pero aquel accidente no había hecho más que aumentar su motivación. Lo que lo impulsaba a seguir era precisamente el peligro que sabía que entrañaba, la certeza de que podía perder la vida en cualquier momento. El peligro le ayudaba a apreciar más aún lo bueno de la vida. El champán sabía mejor, las mujeres parecían más hermosas y el tacto de las sábanas de seda más suave al rozarle la piel. Su riqueza era más valiosa si la arriesgaba continuamente.
  96. Su belleza y su fragilidad despertaban en él sentimientos de ternura y un claro instinto protector, lo hacían sentirse como un hombre; pero su rechazo a enfrentarse cara a cara a los aspectos más difíciles de la vida lo irritaban a veces hasta sacarlo de quicio. Lo que más lo indignaba era la certeza de que, en el fondo, Birgit no era una necia, pero le habían inculcado que, cueste lo que cueste, la mujer debe ocultar su inteligencia y emplear toda su energía en aparecer hermosa y necesitada. En complacer.
  97. ¡Pero si ya han pasado tres meses! ¿Cómo es que no lo encontráis? Patrik Hedström observaba a la mujer que tenía delante. Se la veía más cansada y mustia cada vez que pasaba por allí. Y acudía a la comisaría de Tanumshede todas las semanas. Todos los miércoles. Desde un día de principios de noviembre en que desapareció su marido. �Hacemos todo lo que está en nuestra mano, Cia. Ya lo sabes. La mujer asintió sin pronunciar palabra. Le temblaban las manos levemente en el regazo. Luego lo miró con los ojos llenos de lágrimas. No era la primera vez que Patrik presenciaba aquella escena.
  98. La casa estaba desierta y vacía. El frío penetraba por todos los rincones. En la bañera se había formado una fina membrana de hielo. Y ella había empezado a adquirir un ligero tono azulado. Pensó que, así tumbada, como estaba, parecía una princesa. Una princesa de hielo. El suelo sobre el que se sentaba estaba helado, pero el frío no lo preocupaba. Extendió el brazo y la tocó. La sangre de sus muñecas llevaba ya tiempo coagulada. El amor que por ella sentía jamás había sido tan intenso. Le acarició el brazo como si acariciase el alma que había abandonado aquel cuerpo. No se volvió a mirar cuando se marchó. Aquello no era un adiós. Era un hasta la vista.
  99. Un comentario irreflexivo ante los medios de comunicación podría causar estragos; al mismo tiempo, ellos eran el vínculo con uno de los principales recursos de toda investigación policial: la opinión pública. Se trataba de darles información adecuada y suficiente, capaz de originar la onda expansiva que eran los soplos de la gente de la calle. Era algo que había aprendido a lo largo de los años en la Policía: siempre había alguien que había visto u oído algo que podía ser relevante sin que ese alguien fuera consciente de ello. En cambio, facilitar demasiada información o algún dato que no debieran revelar podía darle ventaja al autor de los hechos. Si estaba sobre aviso de las pistas de las que disponía la policía, podía borrarlas o, sencillamente, no cometer los mismos errores la próxima vez. Porque, a aquellas alturas, eso era lo que más miedo les daba: que volviera a ocurrir.
  100. Lo peor no eran los golpes. Era tener que vivir siempre a la sombra de los azotes, vivir a la espera de la próxima vez, el próximo puñetazo. Su crueldad era terrible, pues él era bien consciente de su miedo y jugaba con él. Alzaba la mano para asestarle un golpe, pero luego la dejaba caer despacio convirtiendo el gesto en una caricia acompañada de una sonrisa. A veces le pegaba sin motivo aparente. Así, sin más. Aunque por lo general, no necesitaba ningún motivo, sino que, en medio de una discusión sobre lo que iban a comprar para la cena o sobre qué programa de televisión iban a ver, el puño de lucas salía disparado contra su estómago, su cabeza, su espalda, o cualquier otro lugar que se le antojase. Después, sin perder el hilo ni por un instante, seguía con la conversación como si nada hubiese sucedido, mientras ella yacía en el suelo hipando para recuperar la respiración. Era el poder lo que le causaba tanta satisfacción.
  101. Un porcentaje de la población normal encaja a la perfección en los criterios de las psicopatías. Y aunque, por lo general, asociamos la palabra psicópata a un asesino o, al menos, a un delincuente, esa creencia está lejos de ajustarse a la verdad. La mayoría lleva una vida normal de cara a la galería. Aprenden a comportarse para adaptarse a la norma social y pueden incluso ser miembros destacados de la sociedad. No sienten empatía y son incapaces de comprender los sentimientos de los demás. Todo su mundo y su pensamiento gira en torno a su persona, y lo bien que sea capaz de interactuar con el entorno depende de lo bien que aprenda a imitar los sentimientos que se esperan en diversas situaciones. Pero, de todos modos, nunca lo consiguen por completo. Siempre hay un toque falso en ellos, y les cuesta entablar relaciones íntimas duraderas con otras personas. Con frecuencia, utilizan para sus propios fines a las personas de su entorno, y cuando deja de funcionar, pasan a la siguiente víctima sin sentir el menor arrepentimiento, la menor culpa o el más mínimo remordimiento. Y, en respuesta a tu pregunta, Martin: hay estudios que respaldan la idea de que el porcentaje de psicópatas es muy superior en las altas esferas empresariales que entre el resto de la población. Muchas de las características que acabo de exponer pueden resultar ventajosas en las posiciones de poder, donde la falta de consideración y de empatía cumple una función.
Obras Destacadas:
  1. La princesa de hielo (2002)
  2. La mirada de los ángeles (2014)
  3. El domador de leones (2015)

Fuente: Frases Y Pensamientos


*Camilla Läckberg

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