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Bruce Chatwin

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13 de mayo de 1940 Sheffield, Yorkshire del Sur, Inglaterra - 18 de enero de 1989 Niza, lpes-Marítimos, Francia

Escritor, novelista, guionista y periodista inglés, autor de "En la Patagonia" (1977), "El Virrey de Ouidah" (1980), "Colina negra" (1982), "Los trazos de la canción" (1987) y "Utz" (1988).

  1. Mis libros parecen vagabundear por la memoria.
  2. No existe la dicha para el hombre que no viaja.
  3. ¡La Patagonia! Es una amante exigente. Te embruja. ¡Es una hechicera! Te atrapa en sus brazos y nunca te suelta.
  4. Para crear algo nuevo siempre debí buscar inspiración en la realidad.
  5. Los crímenes de guerra no existen... La guerra es el crimen.
  6. Cualquier cosa era mejor que ser amado por lo que uno poseía.
  7. En Australia todo es espinoso. Incluso la iguana tiene la boca llena de espinas.
  8. Los pingüinos son monógamos, fieles hasta la muerte. Cada pareja ocupa una parcela mínima de territorio y expulsa a los intrusos.
  9. Los cantos funcionan como una especie de mapa de la memoria.
  10. Los albatros y los pingüinos son las últimas aves que se me ocurriría matar.
  11. En teoría, por lo menos, toda Australia se podía leer como una partitura musical.
  12. (...) Se levantaba temprano y tenía el hábito de lavar la acera antes de que pasara gente. Sus vecinos lo llamaban el Argentino por su soberbia, el corte elegante de sus ropas, su afición al mate y el garbo impetuoso con que en otro tiempo había bailado el tango.
  13. Todos necesitan del acicate de una búsqueda para vivir, para el viajero ese acicate reside en cualquier sueño.
  14. Extraviar el pasaporte era la menor de mis preocupaciones: extraviar una libreta de apuntes habría sido una catástrofe.
  15. Proust, con más perspicacia que cualquier otro escrito, nos recuerda que los "paseos" de la infancia forman la materia prima de nuestra inteligencia.
  16. Los "dictadores" del reino animal son aquéllos que viven en un ambiente de abundancia. Los anarquistas, como siempre, son los "caballeros del camino".
  17. Una noche, atrapado en medio de una tempestad de arena, en el Sahara occidental, comprendí el apotegma de Mahoma: "Un viaje es un fragmento del Infierno".
  18. Cuando ya no pude seguir leyendo, cerré el libro. Sentía los párpados como papel de lija. Terminé la botella de vino y bajé al bar para pedir un brandy.
  19. Los pueblos indolentes y sedentarios, como los antiguos egipcios -con su concepto del viaje de ultratumba por el Campo de Cañas- proyectan sobre el otro mundo los viajes que no hicieron en éste.
  20. Detestaba la violencia y, sin embargo, recibía con beneplácito los cataclismos que arrojaban al mercado nuevas obras de arte. "Las guerras, los pogroms y las revoluciones", acostumbraba decir, "brindan excelentes oportunidades al coleccionista".
  21. Leí la descripción de aves que "aprenden" a viajar de sus padres; y del polluelo de cuclillos que nunca conoció a sus padres y que por tanto debía de llevar el viaje en sus genes.
  22. (...) Un día, en casa de una adorable viejecita que vivía en la rue Bonaparte, vi por primera vez un mapa de la Patagonia, una región del mundo que siempre había soñado conocer.
  23. No puede uno salir sin su Borges. Es como empacar el cepillo de dientes.
  24. No se sumaría a la corriente de exiliados. No se sentaría a rezongar en cuartos arrendados. Sabía que la retórica anticomunista era tan letal como su contrapartida comunista. No renunciaría a su país.
  25. Imaginé una cabaña de troncos baja, con techo de tejas, calafateada contra las tempestades, con un crepitante fuego de leña en el interior y las paredes cubiertas por los mejores libros: un lugar donde vivir cuando el resto del mundo volara en pedazos.
  26. Apoyé la mano contra la pared. La corriente soplaba por las grietas, allí donde se había desprendido la argamasa. La cabaña de troncos era de tipo norteamericano. En la Patagonia las construían con otra técnica y no las obturaban con argamasa.
  27. Una "huella soñada" es un camino invisible que los antepasados de los aborígenes recorrían en el comienzo de los tiempos. Por medio del canto, estos antpasados iban dando nombre a todo lo que veían durante su peregrinaje, y de esta forma fueron creando al mundo.
  28. La marea subió hasta los transbordadores. El sol se ocultó tras el banco de nubes, ribeteándolas de oro, y se hundió en medio del Estrecho. Un torrente de luz azafranada hizo virar las olas del negro grasiento al verde cromo y la espuma a un verde dorado y lechoso.
  29. La gente decía que era imposible tratar con los africanos y que siempre pedían algo a cambio de nada... Pero permítame decirle, que son mucho más tratables que los colegas que tengo en la oficina.
  30. Una figura de factura humana era una blasfemia. Un gólem, por su sola presencia, formulaba una advertencia contra la idolatría... y suplicaba activamente su propia destrucción. - ¿Usted diría entonces -inquirí-, que coleccionar obras de arte es una forma de idolatría? -Ja! Ja! -Se golpeó el pecho-. ¡Por supuesto!
  31. El desierto patagónico no es un desierto de arena o guijarros, sino un matorral bajo de arbustos espinosos, de hojas grises, que despiden un olor amargo cuando los aplastan. A diferencia de los desiertos de Arabia no ha producido ningún desborde espiritual dramático, aunque sí ocupa un lugar en los anales de la experiencia humana.
  32. Un hombre que cabalgaba por la pampa de castillo se cruzó con cuatro jinetes que guiaban una recua de caballos briosos. Eran tres gringos y un peón chileno. Portaban winchesters con culatas de madera. Uno de los jinetes era una mujer vestida de hombre. El viajero no le dio importancia: todos los gringos vestían de manera extraña.
  33. En un momento crucial y adverso de su vida se casó con un sueco con cara de luna. Fusionaron dos fracasos y marcharon a la deriva hacia el fin del mundo. Varados por casualidad en aquel remolino, construyeron la cabaña perfecta de Malmo, la ciudad natal de él, con sus estratégicas ventanas y sus listones verticales pintados de rojo con almagre.
  34. (...) Si el desierto fuese el "hogar"; Si nuestros instintos se hubieran forjado allí, para sobrevivir a sus rigores... entonces sería más fácil entender por qué las verdes praderas nos hastían, por qué los bienes materiales nos extenúan, y por qué el hombre imaginario de pascal se sentía en sus cómodos aposentos como si estuviera en una prisión.
  35. Los aprendices arrojaban troncos de álamo dentro de una estufa de hierro sobre la que hervían dos marmitas llenas de agua para el mate. Un hombre presidía el ritual. Llenaba las calabazas marrones y calientes, y el líquido verde coronaba el borde de espuma. Los peones acariciaban sus calabazas y sorbían la infusión amarga, hablando del mate como otros hablan de mujeres.
  36. Mi amigo el historiador me reseñó los hechos tal como los conocía. Parece que las autoridades comunistas -siempre dispuestas a asumir una apariencia de legalidad- permitieron que Utz conservara sus porcelanas con la condición de que dejara fotografiar y numerar cada pieza. También se convino -aunque nunca por escrito- que, después de su muerte, los museos del Estado se quedarían con todo.
  37. La tiranía monta su propia cámara de ecos: un vacío donde las señales confusas zumban al azar; donde un murmullo o una insinuación causan pánico, de modo que al fin es probable que la maquinaria de la represión se desvanezca, no por obra de la guerra o la revolución, sino con un soplo, o por el rumor de las hojas que caen...
  38. Él sería el último en denigrar a un hombre que se arriesgaba a ir a parar a un campo de trabajo por publicar un poema en una revista extranjera. Pero, a su juicio, los auténticos héroes de esa situación imposible eran quienes no dejaban escapar un murmullo contra el Partido o el Estado, y sin embargo, parecían preservar dentro de sus cabezas la totalidad de la civilización occidental.
  39. ¡Oh, Patagonia! -exclamó-. Tú no revelas tus secretos a los necios. Vienen expertos de Buenos Aires, incluso de Estados Unidos. ¿Y qué saben? Sólo cabe maravillarse de su incompetencia. Todavía ningún paleontólogo ha exhumado los huesos del unicornio. - ¿El unicornio? -Precisamente, el unicornio. El unicornio patagónico era contemporáneo de la megafauna extinguida del pleistoceno tardío. A los últimos unicornios los cazaron los hombres del quinto o el sexto mileno antes de Cristo hasta aniquilar la especie.
  40. Cualquier tribu nómada es una máquina militar embrionaria cuyo impulso consiste en combatir a otros nómadas o, si no, en atacar o amenazar la ciudad. Por lo tanto, desde el comienzo de la historia, los colonos han reclutado a los nómadas como mercenarios: ya fuera para combatir una amenaza nómada, en las condiciones en que los cosacos lucharon contra los tártaros en nombre del zar; o, si no había nómadas, para guerrear contra otros Estados.
  41. Trepé por un sendero y desde la cima miré aguas arriba en dirección a Chile. Divisaba el río, que refulgía y se deslizaba entre pendientes blancas como huesos, con franjas de cultivos color esmeralda a ambos lados. Más allá de los taludes se extendía el desierto. Sólo se oía el viento, que zumbaba entre las espinas y silbaba entre la hierba seca, y no se veía ninguna señal de vida, exceptuando un chimango y un escarabajo negro que descansaba sobre las piedras blancas.
  42. (...) Caminé en dirección a la carretera que enfila hacia el oeste bordeando el río chubut y se prolonga hasta la cordillera. Se detuvo un camión con tres hombres en la cabina. Iban a traer un cargamento de heno de las montañas. Me zangoloteé durante toda la noche en la parte posterior y al amanecer, cubierto de polvo, vi cómo el sol se reflejaba sobre las cumbres heladas y divisé las altas laderas, lejanas, veteadas de blanco por la nieve y ennegrecidas por los bosques de hayas meridionales.
  43. Una regla general de la biología estipula que las especies migratorias son menos "agresivas" que las sedentarias. Existe una razón evidente para ello. La migración misma, como el peregrinaje, es el viaje arduo: un "nivelador" en virtud del cual sobreviven los "aptos", en tanto que los rezagados caen a la vera del camino. Así el viaje hace innecesarias las jerarquías y las exhibiciones de autoridad. Los "dictadores" del reino animal son aquéllos que viven en un ambiente de abundancia. Los anarquistas, como siempre, son los "caballeros del camino".
  44. El día terminó con un feroz crepúsculo rojo y púrpura. Repicó la campana que llamaba a cenar y los esquiladores dejaron las tijeras y corrieron a la cocina. El viejo cocinero tenía una sonrisa angelical. Me cortó media pata de cordero. -No puedo comer tanto. -Claro que puede. Se llevó las manos al vientre. Todo había terminado para él. -Tengo cáncer -dijo-. Este es mi último verano. Después del anochecer los gauchos se tumbaron sobre sus sillas de montar y se distendieron con la desenvoltura de los carnívoros bien alimentados.
  45. Los psiquiatras, los políticos y los tiranos nos aseguran constantemente que la vida errabunda es una forma aberrante del comportamiento; una neurosis; una manifestación del deseo sexual frustrado; una enfermedad que hay que eliminar en beneficio de la civilización. Los propagandistas nazis argumentaban que los gitanos y los judíos -pueblos con la trashumancia en los genes- no podían tener cabida en un Reich estable. Sin embargo, en Oriente aún sustentan el concepto antaño universal, a saber, que la trashumancia restablece la armonía original que en otro tiempo existió entre el hombre y el universo.
  46. He caminado todo el día y el siguiente. Carretera recta, gris, polvorienta, sin tráfico. Viento implacable, que dificultaba la marcha. A veces oías un camión, estabas seguro de que era un camión, pero era el viento. O el ruido del cambio de marcha, pero también era el viento. A veces el viento sonaba como un camión vacío traqueteando sobre un puente. Incluso si un camión se hubiera acercado por atrás no lo habría oído. Y aunque hubieras tenido el viento a favor, éste habría silenciado el motor. Sólo se oía a un guanaco. Parecía un crío que intentaba llorar y estornudar simultáneamente.
  47. (...) Le pregunté cómo había llegado a Argentina. -Fui enfermera durante la guerra. Me capturaron los nazis. Cuando la guerra terminó me encontré en Alemania Occidental. Me casé con un polaco que tenía familia aquí. Se encogió de hombros y me dejó conjeturar el resto. Y entonces recordé algo que me había contado una vez una amiga italiana: al terminar la guerra aún era niña y vivía en una villa próxima a Padua. Una noche oyó gritos de mujeres en la aldea. Los gritos dejaron huellas en su imaginación y, durante años, siguió despertándose por la noche y oyendo los mismos alaridos espantosos. Mucho después le preguntó a su madre el significado de los gritos y ésta le contestó: "Aquéllas eran las enfermeras rusas, las que Churchill y Roosevelt devolvieron a Stalin. Las cargaban en camiones y sabían que en su país les aguardaba la muerte".

Fuente: Frases Y Pensamientos


* Bruce Chatwin

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