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Borís Pasternak

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10 de febrero de 1890 Moscú, Rusia - 30 de mayo de 1960 Peredélkino, Moscú, Rusia

Escritor, novelista, poeta y traductor ruso, autor de "Mi hermana la vida" (1922), "El segundo nacimiento" (1932), "Doctor Zhivago" (1957) y "Yo recuerdo" (1957).

  1. No amar es casi un homicidio y no tendría fuerzas para inferir tal golpe a nadie.
  2. Con tu belleza matadora, cien veces bella, más y más, tú siempre, siempre, a todas horas, de frialdad fundida estás.
  3. ¡A veces! A veces, como un buque aprisionado a las amarras, que se arranca milagrosamente del ancla hacia la tempestad.
  4. Presiento que tras de las tormentas, el año que no ha llegado aún, tomará mi destrozado "yo" y lo llenará de nuevas enseñanzas.
  5. No me gusta la gente que nunca ha tropezado ni caído. Su virtud es sin vida y no vale mucho. La vida no les ha revelado su belleza.
  6. Hay que vivir sin imposturas vivir de modo que con el tiempo nos lleguemos a ganar el amor del espacio, y oigamos la voz del futuro.
  7. (...) Pero todos sufrieron de un modo indescriptible, sufrieron hasta ese grado en que la angustia se trasforma en enfermedad mental.
  8. Nada importa que el viento, que azota el arbusto, esa gota torture y aplaste. Queda entera, no rompe, y quedan dos más que se besan y beben.
  9. A veces amar es una pesada cruz, pero tú eres tan simplemente bella...El secreto de tu gracia es igual a la clave del enigma de la vida.
  10. Me parece, en fin, que si no se complicara la vida sin necesidad de un modo tan descubierto y desinteresado, se moriría de aburrimiento.
  11. En primavera se oye el susurro de los sueños y el suave rumor de realidades y falsías. Tú eres de la misma especie. Tú eres indiferente como el aire.
  12. Los jardines, estanques y vallas, todo el gran Universo de gritos de albura, no son otra cosa que descargas de la pasión acumulada por el humano corazón.
  13. Se ha de fijar en la memoria el bombardeo. Aquellos días en cuenta se tendrán en que, como en Belén, el nuevo Herodes, dio rienda suelta a su maldad. Desaparecerán los testigos del pasado y un siglo mejor vendrá. Mas el martirio de los niños mutilados jamás se olvidará.
  14. Salí a la plaza. Podrían decir que nacía por segunda vez. La más pequeña bagatela vivía, y sin prestarme ninguna atención crecía en su importancia de despedida.
  15. Todo el mal reside en el hecho de que yo te quiero y tú no me quieres. Me esfuerzo por encontrar el significado de esta condena, de interpretarla y justificarla.
  16. Lloraré mis lágrimas en algo que sea digno de ti, algo que quede, celebrando tu recuerdo en una composición que sea toda ternura, tan triste que oprima el corazón.
  17. (...) Escribir estos versos, cubrirlos de tachaduras y reescribirlos, era una necesidad profunda de mi ser y me provocaba un placer incomparable que llegaba a las lágrimas.
  18. No importa que yo muera. No morirá el impulso. Tú marcaste el sendero, alado corcel mío, y así será más fácil a mi hermano, seguir hacia adelante, por mis huellas, una vez.
  19. Como una flecha vuela el corcel de mis ensueños. Lúgubre, un cuervo grazna por detrás. ¡Adelante, mi corcel, no pienses nada! ¡Adelante! ¡Dispersa al viento todas tus ideas!
  20. Me estremecía. Me encendía y me apagaba. Temblaba...Propuse matrimonio, demasiado tarde; fui tímido, y me negaron. Cómo me duelen sus lágrimas ¡Me siento feliz como un santo!
  21. Aquel día te llevé toda conmigo, de tus peinetas a tus pies; te sabía de memoria, y te repasaba vagando por la ciudad, como un trágico de provincia repasa un drama de Shakespeare.
  22. Y estaba ante un joven bien parecido, de aspecto sombrío y voz de bajo profundo, puños de boxeador, un espíritu inagotable y mortífero, alguien intermedio entre un héroe mítico de Alejandro Grin y un torero español.
  23. Amo mi vida y estoy contento con ella. No necesito que se le aplique una capa de dorado. Yo no concibo una vida sin secretos y sin purificaciones, una vida brillantemente reflejada en el espejo de un escaparate de exposición.
  24. No volveremos a vernos nunca, nunca más. Ahora acabo de escribir estas palabras, pero... ¿Te das cuenta de su significado? ¿Comprendes, comprendes? Me dan prisa y es como si me dijeran que han venido para conducirme al patíbulo.
  25. En la vida es más importante perder que ganar. La simiente no germina si no muere. Hay que vivir sin dejarse llevar, mirar hacia adelante y alimentarse de aquellas provisiones vivas que tanto el olvido como el recuerdo elaboran.
  26. Otros siguiendo tus huellas, frescas recorrerán tu camino palmo a palmo, pero tú mismo no debes distinguir la derrota de la victoria no debes renunciar ni a una brizna de ti mismo. Tú debes estar vivo. Solamente vivir hasta el final.
  27. Leí a Tiutschev, y, por primera vez en mi vida, escribí versos, ya no en forma esporádica sino a menudo y sistemáticamente, tal como se pinta o se compone música. Fue en la espesura de ese árbol donde, durante los dos o tres meses de verano, escribí los versos de mi primer libro.
  28. Por el contrario, mi preocupación constante era el contenido, mi sueño constante era que el poema contuviera algo, un pensamiento nuevo o un cuadro nuevo; que fuera traspasado al libro con todas sus particularidades, que hablara, al correr de las páginas, con su silencio y con todos los colores de sus letras negras e incoloras.
  29. Pero el sentimiento de la justicia, la modestia, el agradecimiento, no tenían lugar en la juventud de tendencias artísticas izquierdistas: eran considerados signos de sentimentalismo y de falta de vitalidad. Había que darse aires, pavonearse, aparentar y, aunque esto era repugnante, yo seguí la corriente, a pesar de mí mismo, para hacer lo que todo el mundo.
  30. Pero yo te quiero. ¡Si pudieras sólo imaginar cómo te amo! Amo todo lo que hay en ti de particular, lo positivo y lo que no lo es, todos los aspectos comunes de tu persona, tan queridos en su extraordinaria combinación, tu rostro ennoblecido por una luz interior, un rostro que, sin esto, acaso no resultara bello, tu talento y tu inteligencia, que parecen haber ocupado el puesto de toda la voluntad que te falta. Todo lo tuyo es querido para mí y no conozco hombre mejor que tú.
  31. No tenemos ni la menor idea de las angustias que se deben padecer antes del suicidio. En el sitio del tormento, a efectos de la tortura física, se pierde la conciencia a cada instante; los sufrimientos del suplicio son tan enormes que ellos mismos, por intolerables, precipitan el fin. Pero el hombre entregado en manos del verdugo no está aún aniquilado; junto con dejar de sentir dolor asiste a su propio fin; si pasado le pertenece, le quedan sus recuerdos, y si quiere puede servirse de ellos: ante la muerte pueden ayudarle en algo.
  32. Cuando se llega a pensar en el suicidio, uno se pone una cruz sobre sí mismo, vuelve la espalda al pasado, se declara a sí mismo fracasado y sin recuerdos válidos. Estos recuerdos ya no pueden llegar hasta el hombre, no pueden salvarle ni sostenerle. La continuidad de la existencia interior se quiebra, la personalidad muere.
  33. (...) Poco después, hubo una velada memorable. No sé qué clase de música militar -si polkas o marchas- se alzaba lentamente del Oka y avanzaba hacia nosotros a través de la capa de neblina que planeaba sobre los bordes del río. Pronto aparecieron un pequeño remolcador y tres escampavías desde la colina. Sin duda habían visto desde el barco la propiedad en lo alto y decidieron atracar. El remolcador dio media vuelta y condujo las escampavías hacia nuestra orilla. Eran soldados, una importante unidad de granaderos. Desembarcaron e hicieron fogatas al pie de la colina. Se invitó a los oficiales a cenar y a pernoctar en lo alto. Se embarcaron a la mañana siguiente. Fue un episodio de la movilización general. La guerra había comenzado.
  34. ¡Si pudieras sólo imaginar cómo te amo!
  35. Amo todo lo que hay en ti de particular, lo positivo y lo que no lo es, todos los aspectos comunes de tu persona, tan queridos en su extraordinaria combinación, tu rostro ennoblecido por una luz interior, un rostro que, sin esto, acaso no resultara bello, tu talento y tu inteligencia, que parecen haber ocupado el puesto de toda la voluntad que te falta. Todo lo tuyo es querido para mí y no conozco hombre mejor que tú.
  36. Aunque no te quisiera, aunque no me gustaras tanto, quisiera esconder a mí misma esta indiferencia y pensar igualmente en quererte. Sólo por temor a ese humillante y destructivo castigo que es no amar, me guardaría inconscientemente de darme cuenta de que no te amaba. Ni tú ni yo lo sabríamos nunca. Mi corazón me lo escondería porque no amar es casi un homicidio y no tendría fuerzas para inferir tal golpe a nadie.
  37. Te haces los funerales a destiempo. Tonterías. Tienes mucho que vivir aún...
  38. A propósito de los sueños. Se suele creer que por la noche se sueña habitualmente en lo que nos ha causado mayor impresión durante el día, en estado de vigilia. Mis observaciones me demuestran lo contrario. Más de una vez he notado que aquellas cosas en las que uno apenas se ha fijado durante el día, las ideas que no quedaron claras, las palabras dichas sin pensar y a las que no se presta atención, vuelven de noche en imágenes concretas y vivas y se hacen objeto de sueños para resarcirse de haber sido descuidadas.
  39. Todo era bello, todo les sorprendía y, más que nada, aquel viejo cochero un poco ido, con su incansable charloteo, en quien las huellas de antiguos modismos rusos hoy desaparecidos, las aportaciones tártaras y los giros locales se mezclaban con oscuras palabras de su invención.
  40. Es extraño que haya de ser yo, una mujer como tantas, quien te explique a ti, tan inteligente, lo que sucede en la vida en general, en la vida rusa y por qué se vienen abajo las familias, la tuya como la mía. No se trata de las personas, de la afinidad mayor o menos de los caracteres, de amores o desamores, sino que todo lo que se ha construido y organizado, todo lo que se refiere a las costumbres, a las relaciones y al orden humano, todo se ha hecho trizas con el desbarajuste de la sociedad y su reconstrucción. Todo lo que pertenecía a la vida cotidiana se ha conmocionado y destruido. Queda tan sólo la fuerza primitiva, no vinculada a la vida de hoy, de una desnuda existencia espiritual ya completamente despojada, para la que nada ha cambiado, porque en todos los tiempos sintió frío, tembló y tendió hacia otra existencia, la que estaba más cerca, tan desnuda y tan sola como ella.
  41. Tú y yo somos como dos seres primitivos, Adán y Eva, que están en el principio del mundo y no tienen nada con que taparse. Ahora, a su fin, estamos igualmente despojados de todo y sin techo. Los dos somos el último recuerdo de lo que fue creado en el mundo como inconmensurablemente grande en muchos años transcurridos entre ellos y nosotros. En virtud de tales prodigios desaparecidos nosotros respiramos y amamos, y lloramos, y nos aferramos uno a otro, y nos estrechamos uno a otro.
  42. Tú tienes alas para volar por encima de las nubes, mientras yo, mujer, las tengo para posarme en la tierra y proteger del peligro a mi pajarillo.
  43. Yo vivo en una populosa encrucijada de la ciudad. Moscú en verano, cegadora de sol, ardiendo en los asfaltos de sus patios, que lanza reflejos desde las ventanas de los pisos superiores y respira la floración de las nubes y de las calles, me rodea por todas partes y hace dar vueltas a mi cabeza, y quiere que para su gloria yo haga dar vueltas a las cabezas de los demás.
  44. La calle que rumorea sin tregua día y noche, se halla estrechamente vinculada al alma contemporánea, como las primeras notas de una obertura cuando el telón del teatro, lleno de misterio y tinieblas, no se ha levantado aún, pero ya inciden sobre él las luces de los focos. La ciudad que rumorea y resuena incesantemente, sin tregua, al otro lado de las puertas y las ventanas, es para cada uno de nosotros la gran obertura de la vida.
  45. ¡Qué amor había sido el suyo, libre, extraordinario, que a ninguno podía compararse! Habían pensado y comprendídose como otros cantan. Se habían amado no porque fuera inevitable, no porque habían sido "arrastrados por la pasión", como suele decirse. Se amaron porque así lo quiso todo cuanto les rodeaba: la tierra a sus pies, el cielo sobre sus cabezas, las nubes y los árboles.
  46. Era la enfermedad del siglo, la fiebre revolucionaria de la época. En sus propios pensamientos, los hombres eran distintos con respecto a sus palabras y manifestaciones exteriores; cada uno tenía manchada la conciencia y podía, con razón, considerarse culpable de todo, sentirse un ignorado malhechor, un bandido enmascarado. Con el mínimo pretexto, su imaginación se encarnizaba con ellos mismos y su desencadenamiento no conocía límites. Los hombres fantaseaban, se atribuían culpas, no sólo bajo la presión del terror, sino a causa de un morboso deseo de destruirse a sí mismos, en un estado de trance metafísico y poseídos por esa pasión de condenarse a sí mismos que, una vez perdido el freno, no puede ya contenerse.
  47. Es como si nos hubieran enseñado a amarnos en el cielo y luego, todavía niños, nos hubiesen enviado a vivir en la tierra durante algún tiempo para que pusiéramos a prueba, uno para con otro, esta capacidad.
  48. Y ahora a Moscú. Lo primero que hay que hacer es sobrevivir. No abandonarme al insomnio. No acostarme. Trabajar por la noche. Trabajar por la noche hasta el atontamiento, hasta que me rinda el cansancio. Y otra cosa: encender inmediatamente la estufa en la alcoba para no helarme.
  49. ¿Qué será de tu conciencia? Pero ¿Qué es la conciencia? Veamos. Desear conscientemente dormir es verdadero insomnio, intentar conscientemente advertir el trabajo de la propia digestión es ir en busca de un trastorno de tipo nervioso. La conciencia es un veneno, un instrumento de autointoxicación para el individuo que la aplica a sí mismo. La conciencia es luz dirigida hacia afuera y que ilumina el resto del camino ante nosotros para evitar que tropecemos. La conciencia es el faro encendido en la parte delantera de la locomotora en marcha. Dirige la luz hacia el interior y se producirá la catástrofe.
  50. Alrededor todo cambiará. Se construirá otra vez la capital. Pero el pavor de los niños que fueron despertados jamás se ha de perdonar.
  51. Siempre es agradable que alguien sea distinto de como lo hemos imaginado. Pertenecer a un solo tipo significa el fin del hombre, su condena. Si, en cambio, no se sabe cómo catalogarlo, se escapa a una definición, es ya en gran parte un hombre vivo, libre de suyo, con una partícula de inmortalidad.
  52. Veo el futuro con tanta claridad como si tú lo hubieras detenido.
  53. Y escúchame ahora con atención. El alma del hombre es justamente el hombre presente en los otros hombres. Eso es lo que eres, eso es lo que ha respirado, de lo que se ha alimentado y embriagado durante toda la vida tu conciencia. De tu alma, de tu inmortalidad, de tu vida en los demás. ¿Y qué? Has vivido en los otros y en los otros te quedarás. ¿Qué diferencia implica para ti que luego se llame recuerdo? Habrás entrado en la composición del futuro.
  54. La muerte no existe. La muerte no está en nosotros. Has hablado de inteligencia, y esto es otra cosa, una cosa nuestra, accesible para nosotros. La inteligencia, el talento, en el sentido más amplio y lato, es el don de la vida.
  55. Todo hombre, al nacer, es un Fausto capaz de comprenderlo, probarlo y expresarlo todo. Sus predecesores y contemporáneos cometieron un error haciendo de Fausto un sabio. Cada paso dado hacia adelante en la ciencia obedece a la ley de la repulsión, echando abajo los errores dominantes y las falsas teorías.
  56. Poesía es solamente lo que es común cuando ha sido rozado por la mano del genio.
  57. ¡Rehacer la vida! Así sólo puede pensar la gente que acaso lo haya pasado muy mal, que jamás conoció la vida, ni sintió su espíritu y su alma. Para esos la vida es un puñado de materia en bruto a la que no ha ennoblecido con su contacto y que por eso necesita una nueva elaboración. Pero la vida no es una materia, una sustancia. Le diré para que lo sepa que es un elemento que continuamente se renueva y reelabora. Externamente se rehace y recrea, y está muy por encima de todas nuestras obtusas teorías.
  58. De pronto ha cambiado todo, el tono, el aire, no se sabe en qué pensar ni a quién escuchar. Como si durante toda la vida te hubiesen llevado de la mano como a una niña y luego, de repente, te soltaran: ¡Has de aprender a caminar sola! Y a nadie tienes a tu alrededor, ni familia ni autoridad. Una quisiera ahora apoyarse en lo esencial, en la fuerza de la vida, o en la belleza o la verdad. Una quisiera confiarse solamente a ellas, ahora que se han venido abajo las instituciones humanas, abandonarse a su dirección más total y más inflexible que lo que fue en tiempos de paz, en esa vida a la que nos habíamos acostumbrado y que no existe.
  59. Aquella estupidez y aquella marrullería estaban a la misma altura. Y ambas se manifestaban a través de un torrente de palabras, con una elocuencia inútil, inconsciente y confusa: precisamente todo eso de lo que la vida tiene tanta necesidad de liberarse.
  60. ¡Cuántas veces se desea escapar de la necia y obtusa charlatanería de los hombres, y refugiarse en el aparente silencio de la naturaleza, en la muda cárcel de un largo y obstinado trabajo, en la esencia de un sueño profundo, de la verdadera música que nace del callado contacto del corazón con los sentimientos, que hace enmudecer de tanta plenitud!
  61. Me tienes constantemente sometida. Recuérdame en todo momento que soy tu esclava, que te amo ciegamente y que no razono.
  62. El don del amor es como cualquier otro don. Puede ser tan grande como quieras, pero nunca se revelará sin iluminación.
  63. No me hagas caso. Quería decir que con respecto a ti estoy celoso de lo que es oscuro e inconsciente, de lo que no se puede explicar ni comprender. Estoy celoso de los objetos de tu tocador, de las gotas de sudor de tu piel, de las enfermedades que están en el aire y pueden atacarte a ti y envenenar tu sangre. Y como si fuera de una infección de esta clase, estoy celoso de Komarovski, que un día te me quitará, del mismo modo que un día tu muerte o la mía habrá de separarnos. Ya sé que todo esto debe parecerte muy complicado. Pero no sé decirlo de una manera más comprensible y clara. Te quiero inconscientemente, hasta enloquecer, sin límites.
  64. Y recuerde: nunca, en ningún caso tiene que desesperarse. Esperar y actuar: tal es nuestro deber en la desgracia.
  65. Adiós, mi gran amor, adiós, mi orgullo, adiós, mi rápido, profundo y pequeño río, ¡Cuánto amaba tu incesante rumor, cuánto amaba lanzarme sobre tus frías ondas!
  66. Solamente los solitarios buscan la verdad y rompen con quien no la ame lo bastante.
  67. ¿Cuáles son en el mundo las cosas que merecen fidelidad? Bien pocas. Yo creo que hay que ser fieles a la inmortalidad, ese otro nombre de la vida más rico de sentido.
  68. Nadie hace la historia, la historia no se ve, como no se ve crecer la hierba. La guerra, la revolución, el rey, Robespierre, son sus estimulantes orgánicos, su levadura. La revolución la hacen los hombres activos, fanáticos sectarios, genios de la autolimitación. En pocas horas o en pocos días trastornan el viejo orden. Estas alteraciones duran semanas, o algunos años. Luego, durante decenios, durante siglos, los hombres veneran como una reliquia el espíritu de limitación que ha conducido a este trastorno.
  69. Pero ¿Qué es la historia? Es dar principio a trabajos seculares para llegar poco a poco a resolver el misterio de la muerte y superarla en el porvenir.
  70. La fuerza, decía ese hombre, está dentro de nosotros. El sexo, decía, y el carácter son, decía, el despertar de la electricidad animal.
  71. Su criatura es la gloria. Pero lo mismo puede decirse de cada mujer. Su Dios está en su hijo. Las madres de los grandes hombres deben de experimentar esta sensación. Pero todas las madres son madres de grandes hombres y no tienen la culpa de que luego la vida las desilusione.
  72. En la plaza desembocaban pequeñas calles oscuras, en cuya profundidad podían descubrirse viejas casas torcidas. Las calles estaban enteramente cubiertas de barro, como en el campo: de él surgían altas cercas hechas con ramas de sauce, parecidas a nasas sumergidas en un estanque, o a cestas para pescar cangrejos.
  73. ¡Animal! ¡Tenemos motivos para estar contentos, pedazo de bestia!
  74. A la hora de la verdad, por ideas sólo se entiende su aspecto externo, la exaltación verbal de la revolución y de las autoridades constituidas. Eso desanima y deprime. Yo no me siento capaz. Acaso, en la realidad, tengan razón. Pero yo no puedo estar a su lado. Me es difícil conciliarme con la idea de que son héroes, almas elegidas y yo un alma mezquina e insignificante partidaria del oscurantismo y la servidumbre del hombre.
  75. ¿Cree usted que las calles Tvierskaia y Iámskaia y los vagos de pantalón ceñido que se paseaban por ellas con muchachas con los más absurdos peinados existían solamente en Moscú, solamente en Rusia? No, la calle de la tarde, la crepuscular calle del siglo, las aceras, los caballos de raza podía usted encontrarlos por todas partes. Pero algo caracterizaba esa época y daba a todo el siglo diecinueve una categoría histórica: el nacimiento del pensamiento socialista. Estallaban las revoluciones y muchachos llenos de abnegación se subían a las barricadas. Los escritores trataban por todos los medios de censurar el bestial apetito de dinero y elevar y defender la dignidad humana de los pobres. Y llegó el marxismo, que vio dónde se hallaba la raíz del mal y dónde estaba el medio de curarlo, y se convirtió en la fuerza motriz del siglo. Eso constituyó la época de las calles Tvierskaia y Iámskaia, la suciedad y el fulgor de santidad, la corrupción y las barriadas obreras, las proclamas y las barricadas.
  76. La muerte de un hombre en manos de otro era un caso raro, extraordinario, un fenómeno que se salía de lo normal. Se creía que los homicidios existían solamente en las tragedias, en las novelas de criminales y en la sección de sucesos de los periódicos, no en la vida normal y diaria. Y de pronto se produce este salto desde una regularidad apacible e inocente a la sangre y a los gemidos, a la locura general, a la incivilidad de cada día y de cada hora, al homicidio legalizado y exaltado. Probablemente, eso no puede suceder sin consecuencias.
  77. El arte está siempre al servicio de la belleza y que la belleza es la felicidad de dominar la forma. La forma es el presupuesto orgánico de la existencia. Todo lo que está vivo debe, para existir, tener forma, y por esto el arte, incluso el arte trágico, es el relato de la felicidad de existir.
  78. No me gustan las obras exclusivamente de filosofía. A mi entender la filosofía debe ser un sobrio condimento del arte y de la vida. Ocuparse solamente de filosofía es tan extraño como alimentarse solamente de rábanos.
Obras Destacadas:
  1. Doctor Zhivago (1957)
  2. Mi hermana la vida (1922)
  3. Yo recuerdo (1957)

Fuente: Frases Y Pensamientos


* Borís Pasternak

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