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Belén Gopegui

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octubre de 1963 Madrid, España

Escritora, novelista, guionista y abogada española, autora de "La escala de los mapas" (1993), "Lo real" (2001), "El lado frío de la almohada" (2004) y "Acceso no autorizado" (2011).

  1. Porque los sueños adulan nuestra impotencia.
  2. Disiparme ahí, a su lado, significa aceptar que la materia no es siempre plomo, carne, madera.
  3. Soñamos siempre soledad y la soñamos siempre contra alguien, para demostrar.
  4. Cuarenta y cinco años ensayando no son jamás heroicos ni literarios.
  5. La música, la de verdad, no suena: te atraviesa el cuerpo de parte a parte.
  6. No puede ser que tengamos que estar eligiendo siempre entre lo malo y lo menos malo.
  7. Llega un momento en que las cosas dejan de importarte. Cuando los que te hablan no tienen actitud, oyes llover todo el rato.
  8. Interrumpo la emisión para subir el volumen de vuestros receptores y que nuestra angustia os entre por las orejas.
  9. Escribir y leer son un acto imaginativo: transformas una emoción en imaginación a través de la conciencia.
  10. Estaba en cuarto de carrera [Derecho], y leer cada vez me gustaba más. Estudié Derecho porque, bueno, porque entonces pensaba en ideales de justicia, arreglar el mundo, todo eso. Pero empecé a darme cuenta de que leer y escribir me gustaba demasiado. Acabé los estudios, se hilaron bien las cosas, empecé a colaborar en revistas, y pude ir sobreviviendo
  11. Contra la fisiología. Contra esta humana dependencia de ser abrazado, tocado, lamido con minúscula delicadeza por una lengua exacta. Me gustaría escribir contra la fisiología, porque la fisiología es imposible. No quiero salir a la vida, no quiero bajar a las tiendas a comprar latas ni arroz, tú eres mi concha, Brezo, quiero quedarme en ti.
  12. Encajas, sí, pero también golpeas; si no, qué. Y en golpear, y en equivocarte, y ser irresponsable, y hasta en probar las cosas por ti misma a pesar de que te han dicho que otros lo han probado y no vale la pena, en todo eso, supongo, se va la mitad de la vida. Porque no somos árboles, nos movemos, tenemos que hacer cosas.
  13. Siempre que un hombre ha querido hacer del Estado su cielo, lo ha convertido en el infierno de otros hombres.
  14. Porque todos somos de aquello que nos hizo equivocarnos, y el vínculo del error es a veces más fuerte que cualquier otro. Subsiste en el error un grado íntimo de pureza, la pureza de lo que no está conforme, de lo que se aviene con el mundo tal y como es.
  15. - ¿Por qué tienes que llamar a la política un problema de carácter? -Siempre estabas en otro sitio - dijo Eduardo-. Yo llegué a pensar que era por mi culpa. Había algo de ti que siempre estaba un poco triste ¿Y ahora me dices que es porque teníamos ideas políticas diferentes?
  16. Entendía lo que Eduardo estaba diciéndole, claro que lo entendía, pero cómo sobrevivir a los días claros. Porque había días claros. Había mañanas completamente azules en las que todo parecía destellar, en las que todo estaba a la vista y no había forma de esconderlo.
  17. Creo que las canciones son una especie de bombas que explotan ordenadamente. Bombas a pequeña escala, como romper cosas pero no por frustración; no romper cualquier cosa y de cualquier manera, sino romper puertas cerradas que deberían estar abiertas, recuerdos que no merecen existir, días sin actitud.
  18. No es que no confíe en ti. No es que no me atreva a decir: quiero que me ayudes. Sólo que una cosa es que ayudes y otra que cargues conmigo. Llámalo orgullo. Al fin y al cabo, ¿Quién no tiene dentro el ego de un jodida rockstar?
  19. Los maestros, como tal, están desapareciendo. Cada vez hay menos gente que quiere asumir la responsabilidad de saber más que otro, porque eso te obliga y te exige. Y eso se está olvidando, la necesidad de orientar y de ser orientados.
  20. A veces un grito no es un sonido sacado de quicio; ni es levantar la voz con descompostura y vanidad. A veces un grito es abrir el cajón, sacar una verdad hecha pedazos y ponerla encima de la mesa.
  21. Los sueños no. Una vez que aparecen ya tú no te liberas, no puedes volver a guardarlos dondequiera que estuviesen. Porque en algún sitio estaban y yo no lo sabía. Intento que vuelvan a ese sitio. Es inútil.
  22. Elegir... Significaba determinar los fines de acuerdo con la razón. Tomar decisiones era sólo escoger entre los deseos de un muestrario concebido por el apetito propio o ajeno, casi siempre ajeno.
  23. Me quedé con el disco en la mano y pensé que los vinilos eran como los cuadernos, se acaban. Eso está bien. Me refiero a que las cosas se acaben. Porque es mejor saber a qué atenerse.
  24. ¿Cómo se coloca todo bien? ¿Cómo lo consiguen las personas? Porque si te callas demasiadas cosas, un día estallan o se pudren. Pero si las dices, haces daño.
  25. Mis padres necesitaban ayuda y yo seguía empeñada en mi comando. Lo que pensaba era que, en realidad, mi familia no necesitaba ayuda sino que yo me quedara quieta, que no fuera otro problema.
  26. Son los sueños de todos los que en la calladamente decimos soledad, literatura, deseo, decimos hijos, decimos admiración y vanidad, melancolía, decimos haber podido ser y no haber sido, decimos secreto.
  27. O eres trabajador o trabajan para ti. La clase media es trabajadora, solo que en época de excedentes ha estado sobre pagada y se ha creído otra cosa.
  28. Hay que pelear por que las redes nos pertenezcan. ¿De qué sirve que los contenidos puedan ser libres si los caminos son de propiedad privada?
  29. Leer una novela es un acto, no es solo una reflexión. Imaginas al leer y al escribir. Al imaginar sensaciones, pensamientos y emociones, te haces consciente de ellos.
  30. Pertenezco a una generación que llegó tarde a las novelas de detectives (...) Nos robaron el error, ellos, nuestros mayores, nos robaron la creencia en nuestra responsabilidad colectiva.
  31. No fue el orgasmo en su intensidad ni en su certeza, escafandra de buzo, bola de nieve arrojada que ahora estalla y se dispersan los copos muy lentamente.
  32. Entrar en una canción tiene que ser como la electricidad: en vez de un sitio, algo que te atraviesa y, mientras lo hace, la atracción hacia unas cosas y la repulsión hacia otras se vuelve muy potente. Tanto que tienes la impresión de estar siendo abducida y ahí estás tú, fuera de órbita, en un sistema planetario nuevo donde importa lo que vibras, deseas, blasfemas y sueñas mientras vives esa maldita canción.
  33. Si Dios no existe, si no hay una última instancia entonces somos responsables de nuestros actos e incluso de las consecuencias de nuestros actos.
  34. ¿En qué momento había empezado a perder el control? Ya casi nunca lograba expulsar la sensación de que su pasado se había convertido en un armario cerrado a la fuerza. Uno de esos armarios en donde se han guardado demasiados objetos sin colocar y que hay que abrir con cuidado para que no caiga todo de golpe, las maletas, los zapatos, las equivocaciones.
  35. ¿Ven esa bici sin frenos que corre por el camino de arena cuesta abajo? ¿Ven al caballero que la conduce pávido, con las manos en los oídos, los pies en aspa y el tronco tremolando sobre el sillín? Si se aproximan un poco distinguirán mis rasgos. Y les confieso que aquella noche, cuando caminaba del brazo de Brezo, no hacía otra cosa que cerciorarme de que los frenos no iban a funcionar.
  36. Hay que tener mucho cuidado con la palabra "compromiso", porque es muy ambigua. Escribir es decir algo, y si tú no te haces cargo de lo que dices no tiene sentido que hables. Y si hablas tiene que ser para algo. Eso es compromiso, en el sentido más práctico de la palabra. (...) El compromiso es algo más serio, es tomar partido en los conflictos culturales, es dar la cara y decir en voz alta lo que pensamos. Acudir a un acto en favor de los refugiados del Sáhara ¿A qué te compromete? El compromiso implica un riesgo.
  37. Y dicen que en Estados Unidos te dejan conducir. Llevar un coche es como llevar una pistola cargada. Te da un ataque de rabia: bang, disparas a alguien que te está molestando. Pues con el coche puedes hacer lo mismo: estás ahí, en el paso de cebra, y ves al típico padre de familia con un paquete de pasteles y cara de que sus hijos han ganado todos los torneos y han sacado las mejores notas, o sea, con cara de no haberles mirado a los ojos en toda su vida, y sueltas el freno y aceleras: se acabó, lo has arrollado junto con sus pasteles, adiós. Con dieciséis años, si él dice Martina, yo digo Juan.
  38. Me levanté y empecé a sacar los libros de la mochila. Mi madre se fue de la habitación sin decir nada. Supongo que le hice daño. Supongo que antes también había hecho daño a mi padre. ¿Cómo se coloca todo bien? ¿Cómo lo consiguen las personas? Porque si te callas demasiadas cosas, un día estallan o se pudren. Pero si las dices, haces daño. Y a veces mueves la mano y sin querer tiras el vaso y se rompe y hay agua y cristales; dicen que eso es fácil de arreglar con una bayeta y barriendo cristales. Lo que no se arregla es que te gustaría clavarte uno, que saliera sangre y no llorar.
  39. Yo ahora no creo en Dios, pero me parece que el cura del funeral del padre de Vera tampoco creía mucho, me refiero a la vida eterna y todo eso. Decía que el cielo era cuando se hacían las cosas bien y se era cariñoso con los demás, y el infierno cuando despreciabas a alguien y te equivocabas. Decía que el muerto se quedaba en nuestros recuerdos y que desde ahí nos iba a acompaña. Buf, no sé, los recuerdos, vale, sólo que los recuerdos están en mi cabeza, y ojalá estuvieran en otro sitio. Puestos a creer, yo preferiría una aparición total, aunque fuera un padre de Vera medio transparente, tipo fantasma. Porque al final los recuerdos hasta parece que te los imaginas, se ponen borrosos y algunos se pierden.
  40. El soberbio hace su gran concesión y dice "Yo soy yo y mis circunstancias", pero Edmundo vigilaba sus circunstancias, yo soy mi padre, mi rencor, mi universidad, mi máster imaginario, mis mentiras; soy mi madre, la venganza, la frente pronunciada, el mentón abrupto: soy Raimundo, Julio, Gregorio, mi contrato, mi jefe de personal; soy bailar y no creer y Cristina y soy criado por otros, siempre criado por otros. En cuanto a ser yo, qué predicado aceptaría puede el preso decir: yo soy quien se levanta a las siete y media de la mañana o ése es el reglamento de la prisión; en cuanto a ser, el yo exigía libertad, mas no la inútil libertad de escoger entre un jersey azul y un jersey amarillo sino la libertad de que sus circunstancias no le impusieran el participio de criado, el predicado de señor.
  41. Pues bien - prosiguió don Emilio -, el amante sería el observador, de modo que sólo cuando una mujer está conmigo puedo decir que existe, ya sea en forma de onda, ya sea como corpúsculo. Todo amor es entonces un amor adúltero, y todo amor adúltero es un gato de Schrödinger que no está muerto ni vivo en tanto no poseamos a la mujer. Cuando no está en nuestros brazos, la amada desaparece, amigo mío. Es inútil seguirla o perseguirla, nadie puede ser onda y corpúsculo al mismo tiempo. Los pensamientos circulares, las obsesiones, las escenas de celos son inútiles. Como ve, la mecánica cuántica está a favor de un conocido aserto popular: "Ojos que no ven, corazón que no siente". Si el hombre fuese humilde y aceptara regirse por los mismos principios que sus átomos, no volvería a sufrir a causa de la infidelidad.
  42. Hablan todo el rato de la igualdad, pero a mí bastantes veces me gustaría ser tío, y al revés no pasa tanto. No lo digo por el sexo. Yo querría ser tío pero no para enrollarme con Vera, eso puedo hacerlo ya. Si lo piensas, es hasta increíble que haya que hacer leyes, es alucinante que en otras épocas no nos dejaran estudiar o ser ingenieras. Pero es que hay historias que no están en las leyes, no sé cómo decirlo: me refiero a lo que te pides, ¿Sabes? Los tíos se pidieron cosas como consolar o defender y luego se quedaron con esas cosas. ¿Por qué no puede pedírselas cualquier persona, sea lo que sea, según su ánimo o según lo que le haya pasado? Muchos días prefiero consolar y no que me consuelen, defender y no que me defienda. Prefiero salir en vez de quedarme esperando a que vuelva alguien. Y aunque ya no siempre sea así, aunque a veces mi madre se vaya de viaje y sea mi padre quien va a buscarla, no sé, es que los chicos se han pasado la vida viéndose en todas partes como los que llevan el barco. He oído a pocos que digan: me encantaría quedarme aquí y que vinieran a salvarme. No se trata de ser valiente. A lo mejor es incluso al revés. Porque lo que da más miedo es estar esperando y no poder hacer nada. Da mucho más miedo eso que salir a matar dragones.
  43. La vida prosigue aunque actuemos como cobardes o como héroes, La vida no impone ninguna disciplina sino la de aceptar la vida incuestionablemente. Todo aquello a lo que cerramos los ojos, todo aquello de lo que huimos, todo lo que negamos, denigramos o despreciamos sirve para derrotarnos al final.
  44. No me extraña que haya gente que crea en la reencarnación. Porque lo malo no es morirse, sino que ya no tienes nunca otra oportunidad. Y cuesta entenderlo.
  45. El soberbio cree que se basta a sí mismo, cree que su valor, su precio en el mercado, proviene del dominio de una habilidad, de una profesión o de un conjunto de facultades.
Obras Destacadas:
  1. La escala de los mapas (1993)
  2. Lo real (2001)
  3. El lado frío de la almohada (2004)
  4. Acceso no autorizado (2011)
  5. La conquista del aire (1998)
  6. El padre de Blancanieves (2007)

Fuente: Frases Y Pensamientos


* Belén Gopegui

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