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Azorín

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8 de junio de 1873 Monóvar, Alicante, España - 4 de marzo de 1967 Madrid, España

José Augusto Trinidad Martínez Ruiz, más conocido por su seudónimo Azorín, fue el escritor y prosista español más completo del siglo XX, además de novelista, abogado, periodista, ensayista y crítico literario.

  1. Vivir es volver.
  2. ¿Y es que saben muchos de los que atacan el motivo por el que atacan? Unas palabras cordiales, un simple apretón de manos, disiparían en el enfurruñado su encono.
  3. La vejez es la pérdida de la curiosidad.
  4. No hay pueblo español, chico o grande, que no encierre una enseñanza.
  5. Los hombres de acción, si tuvieran sensibilidad, no serían hombres de acción. No podrían hacer nada. La sensibilidad es el disolvente de la acción.
  6. Sin los escritores, aun los actos más laudables son de un día.
  7. Si lo pensamos, veremos que muchos de los disgustos que nos sobrevienen lo son por palabras innecesarias.
  8. El viejo es un enfermo sano.
  9. La sensibilidad levanta una barrera que no puede salvar la inteligencia.
  10. ¿Qué sería un escritor sin esa traba que le obliga a sutiles vueltas y revueltas para decir lo que no se puede decir? La técnica literaria sale ganando.
  11. El cine tiene que producir sosiego.
  12. Entre todas las alegrías, la absurda es la más alegre; es la alegría de los niños, de los labriegos y de los salvajes; es decir, de todos aquellos seres que están más cerca de la naturaleza que nosotros.
  13. Las lecturas que se hacen para saber no son, en realidad, lecturas. Las buenas, las fecundas, las placenteras son las que se hacen sin pensar que vamos a instruirnos.
  14. ¿Por dónde ha entrado usted? Por la puerta. ¿Sabe usted que no se puede pasar? He pasado. ¿Quién es usted? Un periodista.
  15. Lo contrario de la hipérbole es el trabajo: exactitud, reflexión, precisión. Es difícil hacer del idioma un instrumento exacto y dúctil; y es fácil salir del paso con un superlativo que no dice nada.
  16. Adviértase que no trato de pergeñar una biografía. No tengo preparación para el caso. Si la tuviera, no la escribiría tampoco.
  17. Lo que más ávidamente amamos: lo pintoresco y lo imprevisto.
  18. La vida fluye incesable y uniforme; duermo, trabajo, discurro por Madrid, hojeo al azar un libro nuevo, escribo bien o mal -seguramente mal- con fervor o con desmayo. De rato en rato me tumbo en un diván y contemplo el cielo, añil y ceniza. ¿Y por qué había de saltar de improviso el evento impensado?

Fuente: Frases Y Pensamientos


* Azorín

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