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Assia Djebar

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30 de junio de 1936 Cherchell, Tipasa, Argelia

Escritora, novelista, dramaturgo, traductora, cineasta y profesora argelina, autora de "Sed" (1958), "Impacientes" (1958), "Hijos del nuevo mundo" (1962), "La alondra ingenua" (1967), "Lejos de Medina" (1991), "Sin habitación propia" (2008).

  1. Vivir sola me permite una especie de exilio muy especial.
  2. Grande es la prisión que me aplasta, ¿De dónde me llegarás liberación?
  3. Cuando se hace el amor con placer, con placer de verdad, la memoria se despierta.
  4. Yo fui hija de mi padre. Fue mi padre quien me dio permiso para huir hacia la modernidad.
  5. Lo que quiero mostrar es que en las fuentes del Islam hay una idea de la dignidad de la mujer que después de perdió.
  6. Dije: acción. La emoción me embargó. Como si, conmigo, todas las mujeres de todos los harenes hubieran susurrado acción.
  7. Solo reconozco una regla, aprendida y dilucidada, poco a poco, en soledad y lejos de las capillas literarias: no practicar más que una escritura de necesidad.
  8. Son los países enriquecidos con el petróleo los que han fomentado la segregación de las mujeres en el mundo islámico, y no el Islam el que en su seno margine a la mujer.
  9. Uno de los grandes problemas del islam es que los terroristas desconocen su propia cultura y que ni siquiera han leído literatura árabe. Lo único que les interesa es el petróleo.
  10. La visión que se suele dar del Islam es esquemática y parece ser que el desconocimiento aumenta de manera directamente proporcional a la velocidad con que llegan las afirmaciones.
  11. Me gusta mucho España, las noches de España, y Barcelona tiene una arquitectura fantástica, a su lado las calles de París son aburridas. Vine a celebrar aquí la llegada del nuevo milenio...Algún día tendré que escribir Las tardes de Barcelona...
  12. (...) De modo que escribo, y en francés, la lengua del antiguo colonizador, pese a lo cual se ha convertido irreversiblemente en la de mi pensamiento, mientras que sigo amando, sufriendo y rezando (cuando, a veces, lo hago) en árabe, mi lengua materna.
  13. Es evidente que yo nunca habría sido escritora si, con diez u once años, no hubiera podido proseguir mis estudios secundarios; pero ese pequeño milagro fue posible gracias a mi padre maestro, hombre de ruptura y modernidad frente al conformismo musulmán que, con toda certeza, me habría destinado al encierro de las doncellas núbiles.
  14. Quisiera presentarme ante ustedes simplemente como una mujer escritora nacida en Argelia, ese país tumultuoso y desgarrado. Fui educada en la fe musulmana, la de mis antepasados, que me moldeó afectiva y espiritualmente, pero a la que, debo confesarlo, me enfrento a causa de sus prohibiciones, de las cuales aún no me he liberado del todo.
  15. La libertad de moverse y desplazarse. Esa es para mí la primera de las libertades: la sorprendente posibilidad de disponer de uno mismo para ir y venir, de dentro afuera, de los lugares privados a los públicos y viceversa. Esto que parece algo tan simple hoy en día para los adolescentes europeos, a comienzos de la década de los años cincuenta fue para mí un lujo increíble.
  16. Mi lengua original, la de todo el Magreb �es decir, el bereber, la lengua de Antinea, la reina de los tuaregs, entre los que el matriarcado fue la regla durante mucho tiempo, la lengua de Yugurta, símbolo máximo del espíritu de resistencia contra el imperialismo romano-, esa lengua que no puedo olvidar, cuya musicalidad llevo siempre presente, pero que, sin embargo, no hablo, es, a mi pesar, mi manera íntima de decir "no": como mujer, pero, sobre todo, me parece, en mi esfuerzo sostenido de escritora.
  17. Las jovencitas de mi época -poco antes de que la tierra natal se liberara del yugo de la colonia-, mientras que el hombre sigue teniendo derecho a cuatro esposas legítimas, contamos con cuatro idiomas para expresar nuestros deseos, antes de jadear: el francés para la escritura secreta, el árabe para nuestros sofocados suspiros hacia Dios, el líbico berebere cuando imaginamos volver a encontrar a nuestros ancestrales ídolos maternos. El cuarto idioma, para todas, jóvenes o viejas, prisioneras o semiemancipadas, sigue siendo el del cuerpo, que la mirada de los vecinos, de los primos, pretende hacer sordo y ciego, puesto que ya no pueden encarcelarlo por completo; el cuerpo que, en los trances, danzas o vociferaciones, en accesos de esperanza o desesperanza, se rebela, busca, como analfabeta, en cuál orilla está el destino de su mensaje de amor.
Obras Destacadas:
  1. Impacientes (1958)
  2. Sed (1958)
  3. Hijos del nuevo mundo (1962)
  4. La alondra ingenua (1967)
  5. Lejos de Medina (1991)
  6. Sin habitación propia (2008)

Fuente: Frases Y Pensamientos


* Assia Djebar

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