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Arturo Pérez-Reverte

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25 de noviembre de 1951 Cartagena, Murcia, España

Escritor, novelista, guionista, periodista y corresponsal de guerra español, autor de "El maestro de esgrima" (1988), "La tabla de Flandes" (1990), "El club Dumas" (1993), "El capitán Alatriste" (1996), "La carta esférica" (2000) y "El asedio" (2010).

  1. Te asombraría lo que tener dinero simplifica las cosas
  2. Compartir almohada es compartir secretos.
  3. Cada cual tiene el diablo que se merece.
  4. El heroísmo ajeno siempre conmueve una barbaridad.
  5. Es preferible que te respeten a que te quieran.
  6. Ni siquiera eran celos, sino orgullo, costumbre, absurda masculinidad.
  7. El mundo giraba según reglas propias e impenetrables, reglas hechas de albures �en el sentido bromista que en México daban a esa palabra- y azares que incluían apariciones y desapariciones, presencias y ausencias, vidas y muertes.
  8. ¿Ya sabe por qué el ser humano tortura y mata a los de su especie? En esos treinta años de fotografías, ¿Obtuvo una respuesta? No hacen falta treinta años. Cualquiera puede comprobarlo, a poco que se fije...El hombre tortura y mata porque es lo suyo. Le gusta. ¿Lobo para el hombre, como dicen los filósofos? No insulte a los lobos. Son asesinos honrados: matan para vivir.
  9. Es agradable ser feliz, pensó. Y saberlo mientras lo eres.
  10. No hay dos libros iguales porque nunca hubo dos lectores iguales. Y que cada libro leído es, como cada ser humano, un libro singular, una historia única y un mundo aparte.
  11. Se requiere mucha inteligencia para disfrazar de artificio las propias emociones.
  12. Y si no lees en mi cara o en mi forma de callar lo que me callo, o en la manera en que escucho lo que todavía tienes que decir, es que todo este tiempo junto a mí no te sirvió de nada. Ni las noches ni los días, ni la conversación ni los silencios. Dime entonces adónde mirabas al abrazarme.
  13. Las pasiones pierden a los hombres, pero también los salvan.
  14. (...) En una tierra donde morir con violencia era morir de muerte natural.
  15. Pues, desde siempre, ser lúcido y español aparejó gran amargura y poca esperanza.
  16. A ver si un día te equivocas y dices que me quieres.
  17. Entre españoles, tener solo dos malas noticias es tener una buena noticia.
  18. Desconfíen siempre vuestras mercedes de quien es lector de un solo libro.
  19. Ante una infamia es vil guardar silencio, y es digno rebelarse y combatirla.
  20. Jesucristo predicó lo de seamos hermanos, pero nunca dijo comportaos como unos primos.
  21. Inclinó un poco la cabeza al oírlas pasar, por instinto. La bala que te mata es la que no oyes pasar, recordó. La bala que te mata es la que se queda contigo sin decir aquí estoy.
  22. En literatura, el tiempo es un naufragio en el que Dios reconoce a los suyos.
  23. Cuanto más poder se alcanza, más limitada es la ocasión de ejercerlo.
  24. El mundo nunca supo tanto de sí mismo y de su naturaleza como ahora, pero no le sirve de nada. Siempre hubo maremotos, fíjese. Lo que pasa es que antes no pretendíamos tener hoteles de lujo en primera línea de playa...El hombre crea eufemismos y cortinas de humo para negar las leyes de la naturaleza. También para negar la infame condición que le es propia. Y cada despertar le cesta los doscientos muertos de un avión que se cae, los doscientos mil de un tsunami o el millón de una guerra civil.
  25. Y es que, en cuestión de mujeres, a veces oyes canto de sirena y te sale loba de mar.
  26. Un caballero auténtico es aquel a quien, siéndolo, no le importa serlo o no.
  27. Barro, sangre y mierda. Eso era la guerra, eso era todo, Santo Dios. Eso era todo.
  28. Había aprendido que lo malo no era la espera, sino las cosas que imaginas mientras esperas.
  29. Ningún miedo es insoportable, a menos que te sobren tiempo y cabeza para pensar en él.
  30. No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente.
  31. ¡No te haces idea de lo que una mujer es capaz de fingir cuando se juega algo!
  32. Lo inesperado que se presenta de pronto, no con estruendo, ni con señales importantes que lo anuncien, sino deslizándose de forma imperceptible, mansa, del mismo modo que podría no llegar.
  33. Era aquel sol un astro invisible, frío, calvinista y hereje, sin duda indigno de su nombre.
  34. En cuestiones de arte, el trabajo original del yo tiene más importancia social que la filantropía.
  35. También la prudencia y el miedo, y no sólo el contagio del entusiasmo patrio, hacen milagros constitucionales.
  36. Ojalá que su piel y sus manos y sus ojos y su boca me borraran la memoria, y yo naciera de nuevo, o muriese de una vez, para decir como si fueran nuevas palabras que no me suenen a traición o a mentira.
  37. No le pidas clemencia a quien te quita la vida, y no se la quites a quien te la pida.
  38. Siniestra belleza.
  39. Gracias a usted ya no puedo creer en las certidumbres de los que tienen una casa, una familia, unos amigos.
  40. Es la duda la que mantiene joven a la gente. La certeza es como un virus maligno. Te contagia de vejez.
  41. A todos nos motivan los juegos. Los desafíos.
  42. Relajaba mucho no tenerle miedo a un policía.
  43. Bien mirado, el mundo ha dejado de pensar en la muerte. Creer que no vamos a morir nos hace débiles, y peores.
  44. Le asombraría saber cuántas niñas sueñan con vestirse de princesas, y cuántas mujeres adultas desean vestirse de putas
  45. O eres muy listo, o eres un encanto. En cualquier caso, daba lo mismo. Los ojos verdes sonreían de nuevo, seguros y tranquilos.
  46. Porque todos los reporteros, cuando los matan, dejan en el hotel la cuenta sin pagar, camisas sucias en el armario, un mapa clavado con chinchetas en la pared y una botella de whisky sobre la mesilla de noche.
  47. Cada época tiene su momento. Y su gente. La mía acabó hace tiempo, y yo detesto los finales prolongados. Hacen perder los modales.
  48. La apropiación fraudulenta de nuestra Historia por parte de las ideologías políticas ha llevado a envilecer cualquier mención a ella.
  49. A fin de cuentas, en algún momento de su vida toda mujer es víctima temporal de su útero o de su corazón.
  50. Y el Batman Güemez era tan peligroso que cuando subía a la sierra los coyotes encendían fogatas para que no se les acercara.
  51. De fijo ardía en los infiernos, el muy perro, lo mismo que en las canciones de Paquita la del Barrio - ¿Estás ardiendo, inútil?
  52. Usted también cometió vilezas. Cuidado. Su cámara fue cómplice pasivo muchas veces... O activo. Recuerde su maldita mariposa. Recuerde por qué estoy aquí.
  53. Creo que la Humanidad se divide básicamente en dos clases de personas: las que saben que van a morir, y las que prefieren no saberlo.
  54. Es posible hablar con extrema dureza de lo que se ama, precisamente porque se ama, y con la autoridad moral que nos confiere ese mismo amor.
  55. Ocurrió así, como si reanudaran un diálogo interrumpido. Dos viejos conocidos que se encuentran, sin sorprenderse el uno al otro. Dos amigos. Tal vez dos amantes.
  56. (...) Conocía de sobra... Los motivos simples por los que un hombre con las dosis adecuadas de fanatismo, rencor o ánimo de lucro mercenario podía matar indiscriminadamente.
  57. Pero nadie nace enseñado; y a menudo, cuando gozas de las debidas enseñanzas, es demasiado tarde para que estas sirvan a tu salud o a tu provecho.
  58. En un mundo venal, hecho de hipocresía y falsas maneras, los poderosos, los buitres carroñeros, los envidiosos, los cobardes y los canallas suelen encubrirse unos a otros.
  59. Un aventurero decía "Yo vivo de mi sable y mi caballo" (... ). Me ocurre algo parecido. Vivo de lo que llevo conmigo. De lo que encuentro en el camino.
  60. En realidad no hay nada tan quieto como los muertos. (...) Porque los muertos además de quietos están solos, y no hay nada tan solo como un muerto.
  61. Parecía al mismo tiempo un niño ocupado con un juguete que absorbe su atención, y un hombre adulto y fiel a cierta misteriosa clase de ensueños.
  62. En esencia, el único día realmente fácil en su vida era el que cada noche, al sumirse en un sueño siempre indeciso e inquieto, lograba dejar atrás.
  63. Bailar es algo que puede hacerse sin hablar. Sin las incómodas palabras, que tanto atan y a tanto comprometen
  64. Es que la palabra humanitario estropea al fotógrafo. Lo vuelve consciente de sí mismo, y este deja de ver el mundo exterior a través del objetivo. Termina fotografiándose él.
  65. El problema de las palabras es que, una vez echadas, no pueden volverse solas a su dueño. De modo que a veces te las vuelven en la punta de un acero.
  66. Hay aspectos inevitables en las cosas. Situaciones que nadie puede rechazar o elegir. O no del todo.
  67. También ésta es la historia de mi vida, pensó, o parte de ella: buscar un taxi de madrugada, oliendo a mujer o a noche perdida, sin que una cosa contradiga la otra.
  68. El acento la hacía parecer educada, con ese vocabulario abundante que tienen los hispanoamericanos, tan lleno de ustedes y de por favores, que los hace parecer a todos académicos de la lengua.
  69. Esos hijoputas ya son difíciles como aliados, así que cuando sepan que estamos fusilando a los paisanos para que los pinte al óleo ese tipo, Goya, figúrese la que nos pueden organizar.
  70. Cuando veo todas esas camisas negras, pardas, rojas o azules, exigiendo que te afilies a esto o aquello, pienso que antes el mundo era de los ricos y ahora va a ser de los resentidos.
  71. En cualquier caso, parece mentira la importancia que en situaciones de necesidad extrema puede tener un sorbo caliente, un trozo de pan o -el colmo de lujo estos días- una pipa o un cigarro.
  72. Las lágrimas se guardan para los entierros, y la vida hay que buscarla allí donde lo dejan a uno. En una casa buena de Cádiz, o en el infierno. Donde sea. Donde se pueda.
  73. La vida era a veces tan hermosa que no se parecía a la vida.
  74. Creo que en el mundo de hoy la única libertad posible es la indiferencia. Por eso seguiré viviendo con mi sable y mi caballo.
  75. En un mundo donde el horror se vende como arte, donde el arte nace ya con la pretensión de ser fotografiado, donde convivir con las imágenes del sufrimiento no tiene relación con la conciencia ni con la compasión, las fotos de guerra no sirven para nada.
  76. Ya voy estando mayor para esto, se dijo. Es mejor ser joven, creer en buenos y malos, tener sólidas piernas, sentirse protagonista implicado y no simple testigo. A partir de los cuarenta, en este oficio te vuelves condenadamente viejo.
  77. A medida que las guerras se hacen largas y a la gente se le pudre el alma, los periodistas caen menos simpáticos. De ser quien te saca en la tele para que te vea la novia, te conviertes en testigo molesto.
  78. Los libros son puertas que te llevan a la calle. Con ellos aprendes, te educas, sueñas, imaginas, vives otras vidas y multiplicas la tuya por mil. Y también sirven para tener a raya muchas cosas malas: fantasmas, soledades y mierdas así.
  79. Lo malo de estas cosas es que, hasta que el rabo no pasa, todo es toro.
  80. La obsesión acompañada de sensibilidades extremas genera monstruos. Y la de ese individuo es una de ellas. Dedujo que el azar no existe, y se encontró ansiando predecir con rigor donde caerían los siguientes proyectiles. Desafiando al engañoso hijo bastardo de la ignorancia.
  81. ¿No se sintió nunca como uno de esos peones de ajedrez pasados, que se olvidan en un rincón del tablero y oyen apagarse a su espalda el rumor de la batalla mientras intentan mantenerse erguidos, preguntándose si queda en pie un rey al que seguir sirviendo?
  82. Quién podría decir, mirándose a los ojos en un espejo: no traicioné nunca, o no lo haré jamás.
  83. Una mujer nunca es sólo una mujer, querido Max. Es también, y sobre todo, los hombres que tuvo, que tiene y que podría tener. Ninguna se explica sin ellos... Y quien accede a ese registro posee la clave de la caja fuerte. El resorte de sus secretos.
  84. Después, con el tiempo, aprendí que, aunque todos los hombres somos capaces de lo bueno y de lo malo, los peores siempre son aquellos que, cuando administran el mal, lo hacen amparándose en la autoridad de otros, en la subordinación o en el pretexto de las órdenes recibidas.
  85. Más a pesar de todo eso, aunque la mala suerte exista, muy pocos reporteros veteranos creen de verdad en ella. En la guerra, las cosas suelen discurrir más bien según la ley de las probabilidades: tanto va el cántaro a la fuente que al final hace bang.
  86. Nos hacemos fotos, no con el objeto de recordar, sino para completarlas después con el resto de nuestras vidas. Por eso hay fotos que aciertan y fotos que no. Imágenes que el tiempo pone en su lugar, atribuyendo a unas su auténtico significado, y negando otras que se apagan solas.
  87. No hay rasgo exterior que distinga a un malvado; puesto que la atrocidad, la cometida en las muchachas o cualquier otra, se encuentra a mano del primero que pase. No se trata de que este mundo esté lleno de inocentes, sino de lo contrario: está poblado por individuos capaces, todos ellos, de lo peor.
  88. La peor obsesión de un ajedrecista es una partida aplazada
  89. (...) Pues nada define mejor la España de mi siglo, y la de todos, que la imagen del hidalgo pobre y miserable, muerto de hambre, que no trabaja porque es rebaje de su condición; y aunque ayuna a diario sale a la calle con espada, dándose aires, y se echa migas de pan en la barba para que sus vecinos piensen que ha comido.
  90. Una guerra es un curso acelerado, intenso y bestial, sobre lo bueno y lo malo de la condición humana. Y creo que las generaciones que vivieron guerras o desastres son más despiertas y razonables que las otras. Han visto el lado oscuro y real de la vida, y saben temerlo, comprenderlo y asumirlo. Por eso nuestros abuelos y bisabuelos eran mejores personas que nosotros.
  91. Todo niño brillante es machacado por el sistema desde los cuatro años. Obligado a camuflarse entre mediocres para sobrevivir.
  92. Me pareció escuchar de nuevo el tambor mientras veía moverse despacio, entre los fuertes y trincheras humeantes en la distancia, frente a Breda, los viejos escuadrones impasibles, las picas y las banderas de la que fue la última y mejor infantería del mundo: españoles odiados, crueles, arrogantes, solo disciplinados bajo el fuego, que todo lo sufrían en cualquier asalto, pero no sufrían que les hablaran alto.
  93. Para un reportero en una guerra, territorio comanche es el lugar donde el instinto dice que pares el coche y des media vuelta; donde siempre parece a punto de anochecer y caminas pegado a las paredes, hacia los tiros que suenan a lo lejos, mientras escuchas el ruido de sus pasos sobre los cristales rotos. Territorio comanche es allí donde los oyes crujir bajo tus botas, y aunque no ves a nadie sabes que te están mirando.
  94. En cuanto a las balas, los muertos enemigos están muertos y ya está. Pero lo eficaz de verdad es que el enemigo tenga, más que muertos, muchos heridos graves, mutilados y cosas así: requieren esfuerzos de evacuación, cura y hospitales, complican la logística del adversario y le revientan la organización y la moral. Matar al enemigo ya no se lleva. Ahora lo moderno es hacerle muchos cojos y mancos y tetrapléjicos y dejar que se las arregle como pueda.
  95. Nadie debería irse sin dejar una Troya ardiendo a sus espaldas.
  96. (...) España, el sur, la vieja cultura de la Europa mediterránea, sólo podían intuirse desde lugares como aquél. Sevilla era una superposición de historias, de vínculos imposibles de explicar unos sin otros. Rosario de tiempo, y sangre, y rezos en lenguas diferentes bajo un cielo azul y un sol sabio que todo lo igualaban en el transcurso de los siglos. Piedras supervivientes a las que aún era posible oír hablar. Bastaba olvidarse un momento de las cámaras de vídeo, las postales, los autocares cargados de turistas y jovencitas impertinentes, y acercar el oído a ellas, escuchando.
  97. En mi vida, en mis artículos y en mis libros intento ajustar cuentas con el uno y con el otro. Porque a mí me han hecho los libros que he leído y las cosas que he visto. Y los libros me han servido para digerir e interpretar las cosas que he visto. Sin los libros no habría podido sobrevivir personalmente a muchas de esas tragedias que he visto, a Sarajevo del 92, al Beirut del 76, a eritrea del 77. Esa colección de fotos, de fantasmas, de Haitís que tengo en la memoria, sin esos libros como analgésico, como clave, me habría sublevado, estaría disparando contra la gente. Los libros me han dado cordura. Me han hecho digerir lo indigerible. Sin todos esos libros, estaría perturbado seriamente, sería una persona muy desagradable.
  98. El futuro llega solo.
  99. Todo tiene que acabar alguna vez, incluso la vida.
  100. Hay veces que uno llega a avergonzarse de ser hombre.
  101. A fuerza de intentarlo, hasta los tontos aprenden.
Obras Destacadas:
  1. El maestro de esgrima (1988)
  2. La tabla de Flandes (1990)
  3. El club Dumas (1993)
  4. El capitán Alatriste (1996)
  5. La carta esférica (2000)
  6. El asedio (2010)

Fuente: Frases Y Pensamientos


* Arturo Pérez-Reverte

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