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Arturo Frondizi

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28 de octubre de 1908 Paso de los Libres, Corrientes, Argentina - 18 de abril de 1995 Buenos Aires, Argentina

Escritor, periodista, profesor, abogado y político argentino, como presidente de Argentina (1958-1962) implementó un proyecto estratégico de país orientado hacia un tipo de desarrollismo apoyado en el perfeccionamiento de la industria pesada y autor de "Petróleo y política" (1954), "Petróleo y nación" (1963), "El problema agrario argentino" (1965), "Qué es el Movimiento de Integración y Desarrollo" (1983) y "La inversión extranjera: ¿instrumento de liberación o dependencia?" (1984).

  1. No renunciaré, no me suicidaré, no me iré del país.
  2. La interdependencia en términos de igualdad no es posible sin desarrollo económico.
  3. No hay libertad verdadera sin garantías de una efectiva justicia y seguridad social.
  4. Las funciones técnicas serán ocupadas por los mejores, sin otra exigencia que su probidad y su capacidad.
  5. El derecho crea responsabilidades; cada uno debe sacrificar algo de sí para no interferir en el derecho ajeno.
  6. Debemos sumar esfuerzos y no restarlos. La continuidad en el esfuerzo es lo que hace la grandeza de los pueblos.
  7. Es evidente que existe una interdependencia completa entre los avances científicos y tecnológicos y de la humanidad.
  8. Cambié mi postura porque prefiero renunciar a una actitud intelectual irreal, que mantenerla en desmedro de los intereses del país.
  9. Los aumentos abusivos de los precios tornan ilusorios los aumentos de sueldos y perturban la estabilidad económica que exige el efectivo progreso nacional.
  10. La Constitución regula sabiamente las funciones y atribuciones de cada poder, reservando el veredicto final al pueblo entero, que lo pronuncia a través del comicio limpio.
  11. Nada se podrá hacer sin espíritu de sacrificio, sin conciencia de responsabilidad y sin un profundo sentido moral del destino de cada cual en el país y del país en el mundo.
  12. En el umbral del año nuevo, pedimos a Dios que nos siga otorgando bondad para amar al prójimo, capacidad para inspirar confianza y humildad para reconocer nuestros propios errores.
  13. Sin desarrollo nacional no hay bienestar ni progreso. Cuando hay miseria y atraso en un país, no solo sucumben la libertad y la democracia, sino que corre peligro la soberanía nacional.
  14. Hay una evidente vinculación e interacción entre la ciencia, la técnica y la vida social. En una sociedad pobre, atrasada, y de técnica poco desarrollada, la ciencia será siempre endeble.
  15. No ignoramos los sacrificios actuales del pueblo. Ellos son el precio inevitable del estancamiento económico y la imprevisión de muchos años, pero son también condición de la grandeza futura.
  16. El hecho más significativo de la situación actual de la ciencia y técnica es, sin duda, que han dejado de ser actividades puramente individuales para ligarse estrechamente al progreso total de la sociedad.
  17. Un pueblo pobre y sin esperanzas no es un pueblo libre. Un país estancado y empobrecido no puede asegurar las instituciones democráticas. Por el contrario, es campo propicio para la anarquía y la dictadura.
  18. La familia campesina no solo necesita mejores condiciones económicas, sino posibilidad de plena vida espiritual, acceso a la cultura, esparcimiento y utilización de las expresiones más avanzadas de la ciencia y la técnica.
  19. El pueblo japonés ha hecho una maravillosa experiencia de tesón y disciplina, al convertir una pequeña extensión superpoblada y no muy rica en recursos naturales, en una de las primeras potencias industriales contemporáneas.
  20. Quienes asumen hoy el gobierno, a todo lo largo del país, deben saber que fueron elegidos para desempeñar un servicio a la Nación; no para gozar de las ventajas del poder y extenderlas a las personas de su relación familiar o política.
  21. Las nuevas industrias que se instalen tenderán, en su emplazamiento geográfico, al fomento de las economías regionales y a la creación de centros productivos en el interior del país, basados en el aprovechamiento de los recursos locales.
  22. El progreso económico requiere un orden jurídico y una justicia independiente, que proteja a los ciudadanos contra los excesos del poder administrador. El quebrantamiento de la seguridad jurídica origina incertidumbre y promueve inestabilidad.
  23. Alcanzaremos el autoabastecimiento energético, basado en la explotación de los yacimientos de petróleo y carbón y en la utilización de la potencia hidroeléctrica. Esa riqueza potencial debe convertirse en una realidad al servicio del progreso y el bienestar.
  24. Aumentaremos la producción y posibilitaremos su más equitativa distribución. Un aumento de la riqueza que no aproveche a toda la población, no es un bien socialmente apreciable. Una distribución de riqueza que desaliente el esfuerzo productivo concluye por empobrecer a todos.
  25. La práctica de la confiscación debe desaparecer de la vida política argentina. Las confiscaciones que se ha hecho, bajo distintos pretextos y apariencias, han contribuido siempre a crear un clima de incertidumbre e inseguridad, incompatible con el concepto de país civilizado.
  26. Las atribuciones económicas del Ejecutivo no serán ejercitadas arbitrariamente. Los programas de acción y las medidas prácticas se elaborarán previa consulta con los sectores que puedan aportar un conocimiento directo de la realidad, al que no tiene siempre acceso el funcionario público.
  27. Si cada sector pretende imponer sus principios por la violencia, se produce la anarquía y aparece la dictadura para someter y paralizar. En cambio dentro de la ley, el orden nace espontáneamente y es fuerza creadora y estímulo del progreso social e individual. Es orden para construir y para realizar.
  28. Es necesario sellar definitivamente el reencuentro de los argentinos; eliminar los motivos de encono, los pretextos de revancha y los últimos vestigios de persecución. Debemos extirpar de raíz el odio. El pasado queda a nuestras espaldas. No nos volveremos a remover las culpas ni a deslindar responsabilidades.
  29. Los cambios de orientación oficial desalientan a las empresas, que no se atreven a trazar planes para el futuro si no es seguro que las condiciones tomadas como punto de partida se han de mantener en el plazo previsto. Si no hay previsión, tampoco hay inversiones; y sin ellas, declina el bienestar de la población.
  30. Solamente los débiles eluden la confrontación con hombres que no piensan como ellos. Ninguno de los estadistas de las grandes naciones occidentales rehúsan hablar con los dirigentes de los países comunistas. Nosotros no queríamos ser jamás gobernantes de un pueblo que tiene miedo de confrontar sus ideas con otras ideas.
  31. La promoción de una pujante industria será hecha dentro del cuadro de integración económica que constituye la clave de nuestro desarrollo nacional. Ese desarrollo permitirá tecnificar y mecanizar las tareas rurales, diversificar la producción e incorporar a la vida del hombre de campo todas las ventajas de la civilización.
  32. La capacidad de ahorro local es todavía insuficiente para financiar el ritmo de progreso que el país necesita. En tales condiciones, es necesario recurrir al capital extranjero, aplicándolo a inversiones productivas. Sin embargo, el mayor aporte a la capitalización del país deberá provenir del esfuerzo y del ahorro nacional.
  33. Las necesidades materiales llevan a los países a hipotecar la riqueza colectiva y a comprometer la autodeterminación nacional. La soberanía de una nación requiere unir los valores de la independencia política a los del real y pujante desarrollo económico. Sin esos elementos, la soberanía carece de base y por consiguiente de solidez.
  34. La riqueza de nuestro suelo nos daba antes gran ventaja sobre esos países. Hoy en día la ciencia y la técnica compensan el escaso rendimiento de las tierras, permiten producir a costos más bajos y obtener un provecho mayor de las parcelas. En esto, como en todo, desarrollo significa avance, y subdesarrollo equivale a estancamiento o retroceso.
  35. Los argentinos, estamos retrasados en la tarea común de construir una gran nación. Cada uno de nosotros tiene responsabilidad por el éxito o el fracaso de la labor que nos hermana. Todos los argentinos debemos, pues, sentir nuestra responsabilidad como constructores de la Nación, tanto en lo espiritual y cultural como en lo social y económico.
  36. El forcejeo entre precios y salarios es consecuencia de la legítima resistencia de los distintos sectores de la población a aceptar un decrecimiento de su nivel de ingresos. Buscaremos el equilibrio en una economía de abundancia, en la que cada aumento de salarios signifique una conquista real y efectiva del trabajador en el goce de mayores bienes.
  37. El Estado tiene una función supletoria. Garantizaremos la libre competencia, y facilitaremos la función creadora de la iniciativa privada. El Estado no debe suplir la acción de los particulares donde éstos puedan desenvolverse eficazmente. El gobierno tiene los resortes para encauzar la acción privada en el sentido más favorable al bienestar general.
  38. Gobernaré para todos los argentinos y reclamaré el concurso de cuantos comparten los anhelos del pueblo, cualquiera que sea su militancia política y sin otra condición que su honestidad y su capacidad. Abandono toda tarea partidista y declaro solemnemente que desde la Casa de Gobierno no se hará política de partido. Debemos terminar con el sectarismo y la intolerancia.
  39. En la medida en que se expanda el desarrollo económico y tecnológico, será preciso capacitar profesionalmente a cantidades cada vez mayores de operarios. Habrá que capacitarlos también en cuanto al papel que incumbe a los trabajadores en el proceso de la producción, puesto que el conocimiento de los fines contribuye a valorizar y dar bases morales al esfuerzo que se realiza.
  40. Puede pensarse que la Nación ya está construida; que nuestra misión se reduce a conservarla como está y a transmitirla a nuestros hijos como la recibimos de nuestros antepasados. Nosotros creemos, en cambio, que cada generación tiene que proponerse la tarea histórica de entregar a sus hijos mayores bienes espirituales y materiales que los que recibió de las generaciones anteriores.
  41. No es justo exigir a los hombres y mujeres de trabajo que rindan el mayor esfuerzo posible en beneficio del desarrollo nacional, si no se eliminan las causas de angustia cotidiana que desalientan el esfuerzo creador. Para que la voluntad pueda aplicarse al trabajo que se realiza, el corazón no debe estar oprimido por la inseguridad, el temor al futuro o la obsesionante preocupación de un salario insuficiente.
  42. Hoy la responsabilidad social de los científicos es tremenda, pues los avances del saber humano en el orden material, se están aplicando a un mundo que no ha realizado los mismos progresos en el orden moral. Las conquistas de la técnica han contribuido a incrementar, en muchos sentidos, el poder de opresión y el poder de destrucción. Las inmensas posibilidades creadoras de la máquina, que multiplica infinitamente el esfuerzo humano, han exacerbado la sed de dominio.
  43. El desarrollo económico es una de las bases de la soberanía, es que afirmamos que ese programa no es el de un partido o del gobierno. Es un programa nacional. Una política nacional es la que consulta los ideales e intereses de todo el país frente al mundo del que forma parte indivisible. Esos ideales e intereses se concretan en su soberanía. La soberanía de una nación no significa aislamiento o antagonismo frente a otras, sino interdependencia en términos de igualdad.
  44. Debemos construir un gran país. Ello exige desarrollar intensamente la economía nacional, a través de una integración armónica y profunda del agro, la minería y la industria. La siderurgia, la mecanización rural, el aprovechamiento de las fuentes energéticas, la intensificación del transporte y la dotación de mejores condiciones de vida y de trabajo a los más vastos sectores populares, son objetivos que reclaman una participación activa y total de ingenieros argentinos.
  45. Sin desarrollo económico la libertad y la democracia declinan, los derechos populares chocan abiertamente con las posibilidades materiales de satisfacerlos. El atraso económico da a las discrepancias políticas formas beligerantes, y el peligro del caos y la necesidad de hacer respetar la ley obligan al gobierno a una actitud rígida y a una severidad tan dolorosas como ineludibles. Los tiempos de anormalidad generan violencia que exige represión, para no caer en anarquía.
  46. Del mismo modo que las arterias sirven para la circulación sanguínea a lo largo del cuerpo, las vías de comunicación sirven para la circulación de personas y productos a lo largo del territorio de una nación y se proyecta aún más lejos en el caso del transporte internacional. (...) La verdadera crisis de nuestro transporte en general no consiste en que sea caro y produzca déficit sino en que ha quedado inmutable en un cuerpo nacional que en estos momentos crece y se transforma rápidamente.
  47. Si tuviéramos que sintetizar en una frase la misión de investigadores ingenieros y técnicos en este momento del país podríamos decir que ella consiste en estar al servicio del desarrollo nacional. O sea, que deben estimular las fuerzas productivas, ensanchando, al mismo tiempo, las bases sociales y económicas de nuestra democracia. Es indispensable que nuestros ingenieros y técnicos tomen en cuenta la realidad nacional y la necesidad de transformarla en una realidad de progreso y bienestar.
  48. Para que exista un régimen constitucional en la República, no es suficiente la existencia de un edificio que se llama Congreso Nacional, ni un recinto como éste, ni un Reglamento, ni estas bancas; es preciso que el Congreso Argentino funcione en la integridad de su capacidad y de sus atribuciones, es imprescindible que se sienten aquí representantes de los partidos políticos, pero por sobre todo que se sienten representantes del pueblo, dispuestos a servir a los ideales de la Nación Argentina, en sus grandes aspiraciones.
  49. La vigencia de esos derechos es misión esencial de los gobiernos y exige a su vez una consciente decisión de los pueblos. Es una responsabilidad que comparten todos los habitantes sin excepción porque si bien los derechos del hombre están puestos bajo la protección e las instituciones y las leyes, el sentido de su observancia no se reduce al de un simple acatamiento externo al de las normas jurídicas. Los derechos del hombre son fundamentalmente afirmaciones de orden espiritual y reclaman, por lo tanto, una honda y auténtica fe en los valores morales.
  50. El tipo del investigador independiente está desapareciendo y la búsqueda científica está siendo, cada vez más, una búsqueda planificada. La complejidad creciente de cada disciplina, la extraordinaria especialización que requiere cada investigación y el costo de los equipos hacen prácticamente irrealizable la actividad aislada. Ello significa, también, que puede estar en peligro la libertad de investigación, esa libertad que hizo posible el nivel científico actual. De ahí la necesidad de establecer condiciones para el trabajo científico que permitan asegurar la iniciativa y la crítica, indispensables para el progreso.
Obras Destacadas:
  1. Petróleo y política (1954)
  2. Petróleo y nación (1963)
  3. El problema agrario argentino (1965)
  4. Qué es el Movimiento de Integración y Desarrollo (1983)
  5. La inversión extranjera: ¿instrumento de liberación o dependencia? (1984)
  6. La política exterior argentina (1962)

Fuente: Frases Y Pensamientos


* Arturo Frondizi

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