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Arthur Golden

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18 de diciembre de 1956 Chattanooga, Tennessee, Estados Unidos

Escritor, novelista y guionista estadounidense, autor de "Memorias de una geisha" (1997).

  1. La tristeza es un peso difícil de llevar.
  2. Nunca podremos huir de la miseria que está dentro de nosotros.
  3. Un signo no significa nada a no ser que sepas cómo interpretarlo.
  4. Sencillamente no me gusta tener delante de mí lo que no puedo alcanzar.
  5. Una mente atormentada por la duda no puede encarar el camino del éxito.
  6. El día que conocí a fulano de tal fue el mejor día de mi vida y también el peor.
  7. La pasión puede deslizarse rápidamente hacia los celos, o incluso hacia el odio.
  8. Siempre que necesite recordar que en el mundo hay belleza y bondad pensaré en ti.
  9. Una mente empañada por la duda no puede enfocar claramente el camino de la victoria.
  10. A veces -suspiró-, pienso que las cosas que recuerdo son más reales que las que veo.
  11. (...) Por eso los sueños son tan peligrosos: abrasan como el fuego y a veces nos consumen completamente.
  12. Él sabe cómo ayudar a poblar de problemas su trabajo. He Pensado siempre que tiene capacidad para dirigir.
  13. No creo que cualquiera de nosotros pueda hablar con franqueza sobre el dolor hasta que ya no lo aguantamos más.
  14. Lo que tenía que hacer era mantener la historia dentro de ciertos límites de lo que era, por supuesto, plausible.
  15. Si no pierdes de vista tu destino, todos los momentos de la vida se convierten en una oportunidad para aproximarte a él.
  16. A veces la única forma de superar la adversidad es imaginarse cómo sería el mundo si nuestros sueños se hicieran realidad.
  17. Cuando has visto a alguien portarse mal durante tanto tiempo, saber cuál será si siguiente fechoría no tiene mucho secreto.
  18. ¿Qué pasaría si llegaba al final de mi vida y comprendía que la había pasado, día tras día, esperando a un hombre que nunca se me acercaría?
  19. Era como un trozo de una canción que llevaba desde entonces grabada en mi mente. Aunque, claro, algunas notas habían cambiado con el tiempo.
  20. La adversidad es como un fuerte viento que nos arranca todo menos las cosas que no pueden ser arrancadas. En ella nos vemos como realmente somos.
  21. Llevamos nuestras vidas como el agua que corre colina abajo, más o menos en una dirección, hasta que damos con algo que nos obliga a encontrar un nuevo curso.
  22. Y luego suspiró dramáticamente, como si éste fuera uno de los pocos momentos románticos que hubiera experimentado en su vida, y salió de la habitación, como yo esperaba que hiciera.
  23. (...) Las geishas son todavía más supersticiosas que los pescadores. Una geisha nunca sale a ejercer sus funciones hasta que alguien no encienda un pedernal en su espalda para favorecer la buena suerte.
  24. Todo el mundo puede tener un buen día. El problema aparece cuando tenemos un mal día. Es entonces cuando nos ponemos a prueba. En un sentido tangible, un mal día, mucho más que un buen día, muestra nuestra verdadera esencia.
  25. La adversidad es semejante a un vendaval. Y no me refiero sólo a que nos impida ir a lugares a los que de no ser por ella habríamos ido. También se lleva de nosotros todo salvo aquello que no se puede arrancar, de modo que cuando ha pasado nos vemos cómo realmente somos, y no cómo nos habría gustado ser.
  26. Las geishas no tienen la obligación de hacer voto de silencio, pero su existencia se basa en la convicción, típicamente japonesa, de que lo que sucede durante la mañana en la oficina y lo que pasa por la noche tras unas puertas bien cerradas son cosas muy distintas, y han de estar separadas, en compartimentos estancos. Las geishas sencillamente no dejan constancia de sus experiencias.
  27. Cuando una geisha se despierta por la mañana es una mujer como cualquier otra. Puede que tenga el cutis grasiento tras las horas de sueño y que le huela mal el aliento. Cierto es que puede llevar un peinado asombroso, pero en cualquier otro respecto es una mujer como todas, y no es una geisha. Sólo cuando se sienta ante el tocador para maquillarse se convierte en geisha. Y no me refiero a que esto suceda cuando empieza a parecerse físicamente a una geisha, sino a cuando empieza a pensar como una geisha.
  28. (...) Sayuri tenía claro que prefería dictar sus memorias a escribirlas ella misma, porque, como me explicó, estaba tan acostumbrada a hablar cara a cara que no sabría qué hacer si no hubiera nadie escuchándola en la habitación. Yo acepté, y el manuscrito me fue dictado en el transcurso de dieciocho meses. Hasta que no empecé a preocuparme por cómo traducir todos sus matices, no fui plenamente consciente del dialecto de Kioto que empleaba Sayuri - en el que las geishas se llaman geiko, y los kimonos, obebe-. Pero desde el principio me dejé arrastrar a su mundo.
  29. El kimono de la joven geisha de los dientes grandes que había visto en Senzuru, el pueblo del señor Tanaka, me había impresionado; Pero éste era azul turquesa, con líneas color marfil que imitaban los remolinos de un arroyo. Brillantes truchas plateadas nadaban en la corriente, y en la superficie del agua se formaban anillos dorados en donde la rozaban las tiernas hojas de un árbol. Sin duda, la túnica estaba tejida en seda pura, como el obi, que estaba bordado de verdes y amarillos pálidos. Y la ropa no era lo único extraordinario en ella; También llevaba la cara pintada con una espesa capa blanca, como una nube iluminada por el sol. Sus negros cabellos, moldeados con ondas, brillaban como la laca y estaban decorados con adornos de ámbar y con un pasador del que colgaban unas tiritas plateadas que relucían con sus movimientos.
Obras Destacadas:
  1. Memorias de una Geisha (1997)

Fuente: Frases Y Pensamientos


* Arthur Golden

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