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Antonio Muñoz Molina

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10 de enero de 1956 Úbeda, Jaén, España

Escritor, novelista, ensayista y periodista español, autor de "El invierno en Lisboa" (1987), "El jinete polaco" (1991), "Plenilunio" (1997), "Sefarad" (2001), "La noche de los tiempos" (2009) y "Todo lo que era sólido" (2013).

  1. A los pocos pasos ya parecía estar muy lejos.
  2. Habían nacido para fugitivos, amaron siempre las películas, la música, las ciudades extranjeras.
  3. Me gusta que me busques pero que no estés seguro de que vas a encontrarme.
  4. A mí no me gustan las cosas que fueron, sino las cosas que serán.
  5. En el descuido de un segundo está contenida entera una catástrofe.
  6. La lucha de clases es que caigan cuatro gotas y a uno se le mojen los pies.
  7. Los bolsillos de quien no tiene domicilio fijo acaban deformándose, porque guarda en ellos demasiadas cosas.
  8. La pérdida o el decaimiento de la fe no eliminaban la expectación del milagro.
  9. Y considera un deber y un gesto de lealtad que no se le mitigue el dolor por la muerte de su madre.
  10. Un muchacho de bien se parece a un teatro en que se descompone con las malas compañías.
  11. Volvió cuando Biralbo ya había dejado de esperarla: no vino del pasado ni de Berlín ilusorio de las postales y las cartas, sino de la pura ausencia, del vacío.
  12. Podía oírlos y reconocer cada una de sus voces, porque estaban todos en el gabinete, al otro lado de la puerta, pero allí también, en el cuaderno azul, en las últimas páginas que ahora empezaba a leer, preguntándose quién de ellos, quién de los vivos o de los muertos había sido un asesino treinta y dos años atrás...
  13. El siglo XIX es todo decoración burguesa y mala copia. Adornos de tarta con escayola en vez de nata.
  14. Tal vez él y yo confiábamos demasiado en la permanencia de antiguas complicidades gastadas poco a poco por la lejanía y la desidia.
  15. (...) Capaz de mantenerse invulnerable e idéntica a si misma en cualquier lugar que estuviera...
  16. Estaciones casi desiertas donde hombres de piel oscura miraban el tren como si llevaran mucho tiempo esperándolo y luego no subían a él.
  17. Cuando la barbarie triunfa no es gracias a la fuerza de los bárbaros sino a la capitulación de los civilizados.
  18. Hijo de un maestro de obras, habituado de niño a tratar con albañiles y a trabajar él mismo con sus manos, Ignacio Abel conservaba un apego práctico y sentimental por los saberes específicos de los oficios que se convertían en rasgos de carácter en cada hombre que los cultivaba.
  19. (...) En ningún otro campo profesional se puede llegar más lejos careciendo de cualquier cualificación, conocimiento o habilidad verificable. Se puede dirigir un hospital y hasta ser ministro de sanidad sin tener la menor noción de medicina, y ocupar un puesto de alto rango en la política internacional sin hablar ningún idioma extranjero.
  20. En el periódico de hace cinco años el vicepresidente de Cataluña viaja a la India con un séquito de veinte personas: en el de hoy la Generalitat anuncia que cobrará un estipendio a los alumnos que usen los comedores de las escuelas aunque se lleven la comida a casa.
  21. Acaso seguía viendo no el dolor ni las firmes palabras, sino las cosas banales que habían trenzado, sin que se diera cuenta, su vida, aquella nota, por ejemplo, que contenía la hora y el lugar de una cita, y que él siguió guardando, cuando ya le parecía el residuo de la vida de otro.
  22. Como avergonzándose de haber nacido donde nació y de llevar el nombre que llevaba, pero sin atreverse a descubrir del todo la vergüenza o a cultivar abiertamente el desdén... Dejaba de ser el límite nunca derribado y la medida exacta de la resignación y el fracaso para convertirse en una de sus costumbres.
  23. Pero no le explicó que era el pudor lo que le impedía pronunciar ante ella su nombre, porque nombrarla era decirlo todo, el insomnio, el amor solo en las sábanas y la memoria recobrando su cuerpo para desearla más y cerrar los ojos hasta que todo se desvanecía en el espasmo cálido y vil...
  24. Se encogió de hombros como si tuviera frío -da igual. Entonces yo sólo existía si alguien pensaba en mí. Se me ocurrió que si eso era cierto yo nunca había existido.
  25. Por precaución Ignacio Abel se había quitado la corbata antes de bajar del tren y había guardado el sombrero en la maleta. Aún no se había adiestrado en el nuevo oficio de la espera y la paciencia, de la humillada mansedumbre.
  26. En España es posible predecir con mucho menos margen de error el catálogo entero de las ideas políticas y religiosas y hasta de los gustos estéticos de muchas personas sin tener más información que la emisora de radio que escuchan o el periódico que leen.
  27. Reconocían los secretos himnos que los habían confabulado desde antes de que se conocieran... Más tarde, cuando los escuchaban juntos, les parecieron atributos de la simetría de sus dos vidas anteriores, augurios de un azar que lo dispuso todo para que se encontraran.
  28. Con aire de calculado extravío, con su atenta sonrisa que lo ignoraba a uno al tiempo que lo envolvía sin motivo en una certidumbre cálida de predilección, como si uno no le importara nada o fuera exactamente la persona que ella deseaba ver en aquel justo instante.
  29. No le bastaba con las pocas imágenes que un hombre puede o tiene derecho de recordar: se exigía fechas, lugares precisos, tonos exactos de luz y pormenores de ternura, enumeraciones de citas, de palabras, y de tanto pensar en Mariana, se le gastaron los recuerdos...
  30. En los insomnios de una celda de condenados a muerte me he sorprendido a mí mismo tratando de recobrar uno por uno los menores sucesos mordido por la perentoria urgencia de no rendir al Olvido ni uno solo de los gestos casuales que más tarde en el recuerdo, relumbraron como signos.
  31. El dolor que recuerdo, la sensación súbita ya amarga como el sabor de la sangre en la boca golpeada contra un suelo de humedad y cemento, pertenecen a esa sombra, y ya no puedo revivirlas, porque hay ciertas clases de dolor que actúan como una anestesia para la memoria.
  32. Abel sabe que si se miran demasiado las fotografías no sirven para invocar una presencia. Las caras se van despojando de su singularidad igual que una prenda de ropa íntima atesorada por un amante pierde pronto el olor de quien la llevaba.
  33. La arquitectura determina el ánimo de la gente, don Juan. Mire esos estadios donde da Hitler los discursos. En una plaza de toros el sol reblandece las cabezas y al público le da el instinto de ver sangre y pedir que se corten orejas.
  34. Descubría que la mentira era un préstamo por el que se acumulaban en un plazo muy breve intereses de usura: nuevas mentiras alargaban los plazos a un precio todavía mayor y lo dejaban a merced de acreedores cada vez más impacientes.
  35. Al estar con ella se olvidaba de que otras personas existieran. Igual que en el tiempo comprimido de las canciones y de las películas una transmutación decisiva les sucedía para siempre en un cruce de miradas.
  36. Lo aprobado por un gobierno queda en suspenso o es desarbolado cuando llega el gobierno de otro partido; los nuevos cargos aspiran sobre todo a borrar la huella de los anteriores; el dinero y el esfuerzo gastados se vuelven estériles.
  37. Para entender lo que ha pasado todos estos años en España hay que leer (...) a Cervantes (...) la segunda parte del Quijote que transcurre en el palacio de los duques y sobre todo uno de los entremeses, el de "El retablo de las maravillas".
  38. Reconocí su manera de andar mientras cruzaba la calle, ya convertida en una lejana mancha blanca entre la multitud, perdida en ella, invisible, súbitamente borrada tras los paraguas abiertos y los automóviles, como si nunca hubiese existido.
  39. Subía el miedo hacia mí como un sonido de sirenas lejanas: era una sensación de intemperie, de soledad y viento frío de invierno, como si los muros del hotel y sus puertas cerradas ya no pudieran defenderme.
  40. Si hay ciclista, no monta la bicicleta como si fuera una de esas máquinas brutales de los gimnasio, sino que se pasea de moradamente en ella, inclinado sobre el manillar, mirando a su alrededor, acompasado su pedaleo al ritmo apaciguado de las cosas.
  41. Hay palabras que no deberían escribirse, ni decirse. Se dice algo sin estar muy convencido en el fondo o pensando que no importa mucho y al haberlo dicho ya está empezando a ser verdad.
  42. Y si hay algo en España de lo que no se puede disentir es del totalitarismo de la fiesta, en el que se confunden con entusiasmo idéntico la izquierda y la derecha.
  43. De la necesidad de aprovecharlo todo se pasó en muchos casos a la costumbre caprichosa de desperdiciarlo todo. La misma generación que creció sin derechos quiso inventar un mundo en el que no parecían existir deberes.
  44. Ascensores casi nunca compartidos con nadie en los que sin embargo hallaba señales de huéspedes tan desconocidos y solos como él (...) ese olor del aire fatigado por la respiración de gente invisible.
  45. Pienso en mi abuelo Manuel y en mi abuela Leonor y sólo sé imaginarlos aniquilados por la vejez y derribados el uno contra el otro en un sofá tapizado de plástico y dormitando sin dignidad ni recuerdos. Frente a un televisor se extinguen los nombres que fueron la savia de mi vida.
  46. Amaba en cada minuto la plenitud del tiempo con la serena avaricia de quien por primera vez tiene ante sí más horas y monedas de las que nunca se atrevió a apetecer.
  47. Máscaras oscuras, ojos rasgados, de pupilas frías, facciones pálidas e inmóviles en zaguanes de bombillas rojas, párpados azules, sonrisas como de labios cortados que sostenían cigarrillos.
  48. Había recordado y perdido sueños en los que un tibio dolor iluminaba la felicidad intacta de los mejores días (...) Y los desvanecidos colores que sólo entonces tuvo el mundo.
  49. Tal vez en aquella extraña luz que no parecía venida de ninguna parte obtuvieron al verse (...) El fulgor con que les era posible descubrirse en el tiempo tras la absolución de la memoria.
  50. Esperando oír los cascos de los animales, la rueda de los carros y los pasos de los aceituneros que volvían al filo de la noche trayendo consigo como un rumor de ejército fracasado.
  51. "Saben que ya será inútil volver, que se les ha degradado la memoria y que de ahora en adelante vivirán como fantasmas parciales que no dejan huellas de sus pasos y carecen de sombra.
  52. Nada es simple, nada es lo que parece a primera vista, y cualquier fragmento mínimo de la realidad contiene tales posibilidades de conocimiento y de misterio que da vértigo asomarse a ellas.
  53. Creemos que ocupan posiciones tan levantadas de poder porque son muy inteligentes. En realidad nos parecen muy inteligentes tan sólo porque tienen un poder inmenso.
  54. Las canciones no hablan de quien las ha compuesto y ni siquiera del que esta tocándolas sino de quien las escucha, de quien se reconoció en una de ellas nada más descubrirla y se vio comprendido y explicado por la forma pura de la melodía, por esas palabras que ya le pertenecen incluso cuando solo las ha comprendido parcialmente.
  55. Entendió que era mentira el olvido y que la única verdad (...) Se había refugiado en los sueños, donde la voluntad y el rencor no podían alcanzarla.
  56. El alma no se ve en la cara ni en los ojos, porque cada cual está recluido muy en el fondo de sí mismo cuando se encuentra frente a desconocidos.
  57. Los periódicos que se publicaban en la ciudad no eran sino unas hojas lastimosas con poemas agropecuarios o patrióticos, anuncios de normas y esquelas mortuorias.
  58. En las novelas los personajes descubren la amargura y son engañados y lo pierden todo y mueren y sin embargo se cierra el libro y es como si nunca hubieran existido y se vuelve a abrir por la primera página y están vivos de nuevo, intactos en su juventud y en su disposición de felicidad y coraje.
  59. Pero le producía desgana pensar en el pasado, en los tiempos de noviazgo, y quizá se avergonzaba de haberla querido más de lo que ahora alcanzaba a recordar, con un amor anticuado y verboso, casi de postal romántica coloreada a mano, el amor de un hombre joven e ignorante que a él le había costado mucho dejar de ser...
  60. ¡Pero si aquí la política no son más que palabras, selvas de palabras, hectáreas de discursos con frases subordinadas!
  61. (...) Porque la infancia había terminado tan prematuramente para ellos que luego casi no recordaban haberla conocido... Meses atrás habían abandonado las aulas y aprender la disciplina de un trabajo que les rompía los huesos... Crecieron en la incertidumbre de la guerra y en la penuria del racionamiento y se aclimataron a ella como si fueran los atributos naturales de la vida.
  62. Tan propicia y futura, tan iluminada como esas ciudades a donde estamos a punto de llegar por primera vez.
  63. Tampoco él se reconocería si pudiera volver a verse a sí mismo tal como era antes, pensó Minaya.
  64. Lo que en otro tiempo duraba cinco días empezó a durar una semana y media. La fiesta modesta de una sola tarde se expandió a una semana entera, convertida en una mezcla de juerga sin pausa y acontecimiento oficial. El carnaval que se había extinguido por aburrimiento o decadencia hacía un siglo se decidía que en realidad había sido proscrito por el franquismo, y que por lo tanto era obligatorio recuperarlo.
  65. En casa uno fácilmente puede sentirse encerrado, agobiado por la falta de horizonte, por la excesiva familiaridad de las cosas. En el café se es a la vez sedentario y transeúnte, y si uno tiene la suerte de ocupar una mesa junto al ventanal, la situación es admirable, perfecta: uno es la estampa involuntaria del desconocido que mira la calle tras los cristales del café, y esa figura, ese anonimato, le concede una visión alejada y un poco novelesca de sí mismo.
  66. Los domingos me levantaba muy tarde y desayunaba cerveza, me avergonzaba un poco pedir café con leche a mediodía en un bar. En las mañanas de los domingos invernales hay en ciertos lugares de Madrid una apacible y fría luz que depura como en el vacío la transparencia del aire, una claridad que hace más agudas las aristas blancas de los edificios y en la que los pasos y las voces resuenan como en una ciudad desierta.
  67. No probó su café. Se levantaron al mismo tiempo los dos y permanecieron inmóviles, separados por la mesa, por el ruido del bar, alojados ya en el lugar futuro donde a cada uno lo confinaría la distancia... Biralbo aún seguía de pie, pero Lucrecia ya había desaparecido en la zona de la zona de la sombra... En el reverso de una tarjeta de Malcom había escrito a lápiz una dirección de Berlín.
  68. Como la salud y la educación de las personas son más necesarias que el entretenimiento o que el adoctrinamiento político habría que cerrar las innumerables televisiones oficiales antes que reducir ni un céntimo los presupuestos de enseñanza o los de sanidad. Y no debería importar que alguien fuera de izquierdas o de derechas o españolista o separatista para escandalizarse por igual de que se gaste mucho menos dinero en investigación científica que en fiestas patronales o en subvenciones a partidos de fútbol, a corridas de toros, a procesiones religiosas.
  69. (...) Nunca he visto desnuda a una mujer, ni siquiera en fotografías, se pondrán blusas ligeras y pantalones vaqueros y zapatillas de deporte y saldrán a la calle con sus bolsas al hombro camino de cualquiera sabe qué citas con tipos mayores y más altos que yo, y si hay suerte me cruzaré con ella y me dirá adiós, y si no la hay saldré deprisa con mis libros bajo el brazo y ni siquiera esperaré a Martín y a Serrano ni me detendré a oír un disco en el Martos, porque mi padre está esperándome...
  70. La corrupción, la incompetencia, la destrucción especulativa de las ciudades y de los paisajes naturales, la multiplicación alucinante de obras públicas sin sentido, el tinglado de todo lo que parecía firme y próspero y ahora se hunde delante de nuestro ojos: para que todo eso fuera posible hizo falta que se juntaran la quiebra de la legalidad, la ambición de control político y la codicia -pero también la suspensión del espíritu crítico inducida por el atontamiento de las complacencias colectivas, el hábito perezoso de dar siempre la razón a los que se presentan como valedores y redentores de lo nuestro.
  71. La democracia misma nos hizo demócratas, y no de un día para otro. Pero era tan frágil, tenía unas raíces tan débiles, había nacido en condiciones tan difíciles, que no podía calar de verdad, a no ser que se hubiera hecho lo que no se hizo, un inmenso esfuerzo pedagógico, una tentativa de convertir cuanto antes en tradición lo que todavía estaba recién inventado. Se pueden improvisar las constituciones y las leyes electorales, pero no los hábitos que tardan mucho tiempo en formarse, en calar en la vida y en la conciencia de las personas, en el pensamiento, en los actos diarios.
  72. Hay ocasiones en las que uno tarda una fracción de segundo en aceptar la brusca ausencia de todo lo que le ha pertenecido: igual que la luz es más veloz que el sonido, la conciencia es más rápida que el dolor, y nos deslumbra como un relámpago que sucede en silencio. Por eso aquella noche Biralbo no sentía nada contemplando a Lucrecia ni comprendía del todo lo que significaban sus palabras ni la expresión de su rostro. El verdadero dolor llegó varias horas más tarde, y fue entonces cuando quiso recordar una por una las palabras que los dos habían dicho y no pudo lograrlo. Supo que la ausencia era esa neutra sensación de vacío.
  73. Así que cuando abrí los ojos en aquella casa donde me habían curado y escondido y tardé tantas horas en recordar mi identidad y mi nombre yo ya no era nadie, yo era ese olvido y esa conciencia vacía de la primera hora de mi despertar, y ni siquiera mi cuerpo inerte y las manos que lo iban tocando bajo las sábanas me pertenecían, porque eran tan desconocidos y exteriores a mí como los hierros de la cama y las vigas del techo y ese tumulto de agua incesante que sonaba debajo del pavimento, a veces muy próximo y otras tan remoto como un recuerdo que venía aliado a la sensación del agua, de la humedad, del cieno, de alguien que se ahogaba en sus sueños...
  74. [Luego del golpe de estado] Después del comunicado oficial sonaba el Himno de Riego y a continuación una voz femenina muy aguda rompía a cantar "Échale guindas al pavo" con una bulla de palmas y guitarras. Las noticias repetidas a gritos sobre la derrota de la sublevación o sobre fantásticos acontecimientos militares se mezclaban con las voces roncas de los parroquianos pidiendo más rondas de cerveza y raciones de gambas a la plancha o de calamares fritos.
  75. (...) Era como si se fuese gastando, me dijo, como si lo gastara el roce del aire, el trato con la gente, la ausencia. Había entendido entonces la lentitud del tiempo en los lugares cerrados donde no entra nadie, la tenacidad del óxido, que tarda siglos en desfigurar un cuadro o volver polvo una estatua de piedra.
  76. Cuando lo vi volver, alto y oscilante, las manos hundidas en los bolsillos de su gran abrigo abierto y con las solapas levantadas, entendí que había en él esa intensa sugestión de carácter que tienen siempre los portadores de una historia, como los portadores de un revólver. Pero no estoy haciendo una vana comparación literaria: él tenía una historia y guardaba un revólver.
  77. Entendí que ese hallazgo no desmentía su reprobación del pasado. La confirmaba más bien, de una manera oblicua y acaso negativa, como confirman el infortunio y el dolor la voluntad de estar vivo, como confirma el silencio, habría dicho él, la verdad de la música...
  78. Las notas de una canción cuyo título no supe recordar, tuve un brusco presentimiento de algo, tal vez una abstracta sensación de pasado que algunas veces he percibido en la música, y cuando me volví aún no sabía que lo que estaba reconociendo era una noche perdida en el Lady Bird, en San Sebastián...
Obras Destacadas:
  1. El invierno en Lisboa (1987)
  2. El jinete polaco (1991)
  3. Plenilunio (1997)
  4. Sefarad (2001)
  5. La noche de los tiempos (2009)
  6. Todo lo que era sólido (2013)

Fuente: Frases Y Pensamientos


Antonio Muñoz Molina

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