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Amélie Nothomb

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9 de julio de 1966 Etterbeek, Bélgica

Escritora, novelista y dramaturga belga en lengua francesa

  1. El universo existe porque yo existo.
  2. Los grandes sentimientos necesitan combustible.
  3. Los reencuentros son un fenómeno tan complejo que sólo deberían producirse tras un largo aprendizaje o simplemente prohibirse.
  4. El poder no me interesa. Reinar es mucho más hermoso.
  5. Amar a alguien siempre es noble.
  6. Al amparo del papel, consigo desprenderme de mi exceso de emoción.
  7. Es más fácil morir que vivir, ésa es la razón por la que viviré por ti, amor mío.
  8. Por definición, la confianza es absoluta, y las personas de confianza pueden contarse con los dedos de una mano.
  9. Sólo existe una llave para acceder a la sabiduría, y es el deseo.
  10. Sólo se puede perdonar cuando uno es el ofendido.
  11. En aquella época, mi único papel era mi vida, mi única tinta era mi sangre.
  12. ¿Por qué era necesario que el placer siempre se pagara? ¿Y por qué el precio de la voluptuosidad era, inevitablemente, la pérdida de la levedad original?
  13. La coinquilina es la mujer ideal.
  14. Todo lo que crece acrecienta su propia capacidad de autodestrucción.
  15. Mi sensibilidad sólo se abría a sensaciones sin precedentes, aquellas que no podían clasificarse entre las malas o las buenas.
  16. Uno nunca es tan feliz como cuando encuentra el medio de perderse.
  17. Tantos escombros dentro de mí. ¿Cómo vivir con tanta muerte?
  18. Gracias al enemigo, este siniestro accidente llamado vida se convierte en una epopeya.
  19. Es una historia de amor cuyos capítulos han sido mezclados por un loco.
  20. La libertad consistía en estar por fin a merced de nosotros mismos.
  21. Japón es un país que sabe lo que significa "volverse loco".
  22. Lo más maravilloso del olfato es que no implica ninguna posesión.
  23. Es el teórico del egoísmo. El otro sólo existe para complacerme.
  24. -Sus abuelos son... Peculiares -observé. -Son viejos -respondió el joven con sobriedad. - ¿Les ha ocurrido algo? -insistí. -Han envejecido.
  25. El verbo reprimir es el comodín del siglo veinte.
  26. Cuanto más vil es su trabajo, más hermoso es su edén mental.
  27. No me morí. Habría preferido morirme: los sufrimientos de la curación fueron inhumanos.
  28. No se cambia el modo verbal sin cambiar el sentido.
  29. Vivir significa rechazar. Aquel que todo lo acepta vive igual que el desagüe de un lavabo.
  30. Sólo llevaba dos días y aquel amor ponía en peligro mi universo mental.
  31. El concepto de libertad es un tema tan manido que las primeras palabras me hacen bostezar.
  32. El regalo más hermoso que los adultos pueden hacer a sus hijos es olvidarse de ellos.
  33. Mientras existieran ventanas, el más débil de los humanos tendría su parte de libertad.
  34. Soy una aspirina efervescente diluyéndose dentro de Tokio.
  35. Le decía que el ser humano es una ciudadela y que los sentidos son las puertas.
  36. Me ha salvado la vida. Ha salvado la humanidad, lo que queda de humanidad en este mundo.
  37. ¿Qué es una flor? Un sexo gigante que se ha vestido de gala.
  38. ¿Se ha fijado en cómo aborda a la gente? Es incapaz de hacerlo sin recurrir a la violencia.
  39. Aquella noche descubrí algo terrible: uno puede echar su vida por la borda por culpa de una sola palabra.
  40. Existe una imposibilidad técnica de contar lo sublime. O no eres interesante, o resultas cómico.
  41. (...) Lo que demuestra que en nuestros días la falta de pedantería se confunde con el robo descarado.
  42. No puedo impedirle hablar, ya que no está prohibido. Pero tampoco puede obligarme a responder, ya que no es obligatorio.
  43. Nada tiene más poder que un espíritu animado por la fe. Qué importa que Dios exista o no.
  44. Después del amor, ya no había reglas. Sobre la almohada, descubrí a alguien.
  45. La pretensión induce a escribir.
  46. La muerte contenida dentro de la vida me asustó.
  47. La muerte no es una desaparición.
  48. Todo lo que amamos se convierte en una ficción.
  49. Ni siquiera el amor es capaz de arrancarle al alma más que los bien llamados fulgores: cortocircuitos de algunos segundos.
  50. Mucho más que los problemas metafísicos, son las ínfimas contrariedades las que nos muestran el lado absurdo de la existencia.
  51. (...) De todos modos, como escribe el lingüista Gustave Guillaume: "Lo que le apetece al oído le apetece a la mente".
  52. El riesgo es la vida misma. Uno sólo puede arriesgar su vida. Y si uno no la arriesga, no vive.
  53. La parte de uno de la que huimos es la pequeña cárcel que el estado sedentario instala en cualquier parte.
  54. Todos los lectores deberían copiar los textos que les gustan: no hay nada mejor para comprender qué los hace tan admirables.
  55. La cocina es un arte y un poder: está fuera de lugar que me someta al arte y al poder de otros.
  56. Siempre fui consciente de que la edad adulta no contaba: a partir de la pubertad, la existencia sólo es un epílogo.
  57. Las plantas, incluso las verduras, no por el hecho de tener una vida imperceptible al ojo humano dejan de tener vida.
  58. El culpable va al encuentro de su castigo igual que el agua fluye hacia el mar, igual que el ofendido avanza hacia su venganza.
  59. Escribir sin gozar es inmoral. La escritura lleva en sí todos los gérmenes de la inmoralidad. La única excusa del escritor es su gozo.
  60. Pero, por un momento, la había visto sufrir. Durante un segundo, dejó de ser una criatura inalcanzable. Lo viví como una conmovedora victoria amorosa.
  61. Acababa de enterarme de la terrible noticia a la que, un día u otro, todo humano tiene que enfrentarse: lo que amas, lo perderás.
  62. -Está usted loco de atar. -No lo creo. Para mí, un loco es un ser cuyo comportamiento resulta inexplicable. El mío, en cambio, puedo explicarlo.
  63. Así como la japonesa vive aterrorizada por el más mínimo ruido que pueda producir su persona, el japonés se despreocupaba totalmente de este detalle.
  64. Ya que no estaremos mucho tiempo juntos, te voy a dar en un año todo el amor que te habría podido dar en una vida.
  65. (...) Tenía que destruir algo hermoso. ¿Acaso se destruye otra cosa? No existen ejemplos humanos de atentados contra la fealdad. No es lo bastante apasionante para justificar tanto esfuerzo. Lo extremadamente feo sólo suscita una indignación estéril. Sólo lo sublime monopoliza el ardor necesario para su degradación.
  66. Hay muchas personas que llevan la sofisticación hasta el extremo de leer sin leer. Como hombres-rana, atraviesan los libros sin mojarse lo más mínimo.
  67. Acababa de pasar siete días sin siquiera darme cuenta. Siete días es más tiempo del que se necesita para crear el universo: es la eternidad.
  68. Cuando uno está destinado a ser culpable, no necesita tener nada que reprocharse. La culpabilidad se abrirá paso de la forma que sea. Es una cuestión de destino.
  69. De acuerdo que la gramática es esencial, pero sólo si tiene como objeto la escritura: privada de su objetivo, se convierte en un código estéril.
  70. Un país en el que te pasabas el día levantando la cabeza hasta el cielo para poder contemplar cimas de una altitud inverosímil estaba hecho para mí.
  71. ¡No me has dado nada y sufro! ¡Te he salvado y me dejas morir de hambre! ¡Y tendré hambre hasta el día de mi muerte! ¡Y te parece justo!
  72. Los empleados de Yumimoto sólo adquirían algún valor cuando se situaban detrás de otras cifras. Todos menos yo, que ni siquiera alcanzaba la categoría de cero.
  73. La Pascua me satisface tanto como me deprime la Navidad. Un Dios que se convierte en bebé produce consternación. Un pobre tipo que se convierte en Dios es otra cosa.
  74. Es curiosa esa necesidad que tiene la gente de acusar a los demás de haberle destrozado la vida. ¡Cuando en realidad se bastan ellos solitos sin la ayuda de nadie!
  75. Los pueblos tienen en común que han conocido a la fuerza el hambre en uno u otro momento de su historia. La escasez crea vínculos. Y proporciona cosas que contar.
  76. La característica más importante de la compañera de borrachera consiste en no despreciar nunca una copa. Si no, parece que bebas sola, que es precisamente lo que intentas evitar.
  77. Hay bellezas que saltan a la vista y otras que están escritas en jeroglíficos: uno tarda en descifrar su esplendor pero, cuando aparece, es más hermosa que la misma belleza.
  78. Los que huyen mueren perdidos en un exceso de espacio. Es la paradoja del infinito: presientes una libertad que no existe. Es una cárcel tan grande que nunca consigues salir de ella.
  79. Sí, mis libros son más nocivos que una guerra, ya que dan ganas de morir, mientras que la guerra, ella, da ganas de vivir. Después de leerme, la gente debería suicidarse.
  80. La fealdad de la iluminación de neón no impidió que se me encogiera el corazón: siete meses - ¿De mi vida? , no; de mi tiempo sobre este planeta- habían transcurrido allí.
  81. Toda existencia conoce su día de traumatismo primario, que divide esta vida en un antes y un después y cuyo recuerdo, incluso furtivo, basta para paralizarte de un terror irracional, animal e incurable.
  82. Y esa patraña me pareció extremadamente hábil: luchar contra la mala fe utilizando la mala fe, el terrorismo intelectual, ser todavía más hipócrita que su adversario, es una táctica excelente.
  83. La magia deforma la realidad en interés de otro, con el fin de provocar una duda liberadora; La trampa, en cambio, deforma la realidad en detrimento de otro, con el objetivo de robarle su dinero.
  84. - ¿Qué sabe usted de las metáforas, joven? -Pues... Lo que sabe todo el mundo. -Excelente respuesta. La gente no sabe nada de las metáforas. Es una palabra que se vende bien, porque tiene buena presencia.
  85. Sabe, los adultos les enseñan a los niños a saludar a las señoras y a no meterse el dedo en la nariz: no les enseñan a matar a sus compañeros de clase.
  86. Todo esto confirma mi metafísica: el cuerpo no es malo, el alma sí lo es. El cuerpo es la sangre: es puro. El alma es el cerebro: es grasa. La grasa del cerebro inventó el mal.
  87. Algunos son bastante desafortunados a la hora de encontrar el amor de su vida, el escritor de su vida, el filósofo de su vida, etc. Sabemos en qué clase de viejos chochos no tardan en convertirse.
  88. Supongo que tengo que bendecir la idea de civilización, que ha contaminado de cortesía los más mínimos aspectos de nuestros compromisos; de no ser así, sin duda habría dejado plantada a media humanidad.
  89. La mayoría de las veces, el honor consiste en ser idiota. ¿Y acaso no vale más comportarse como un imbécil que deshonrarse? Todavía hoy, me avergüenzo de haber preferido la inteligencia a la decencia.
  90. Es típico de seres que ejercen oficios lamentables construirse lo que Nietzsche denominaba "otro mundo", un paraíso terrenal o celeste en el que se empeñan en creer para consolarse de lo infecto de su condición.
  91. -Señor Tach, le ruego que me responda con absoluta sinceridad a esta pregunta: ¿Me toma usted por imbécil? -Claro. -Gracias por su sinceridad. -No me dé las gracias, soy incapaz de mentir. Además, no entiendo por qué me hace una pregunta cuya respuesta ya conoce: usted es joven, y no le he escondido lo que opino de los jóvenes.
  92. -Creía que éramos amigas. No lo comprendo. - ¿Qué es lo que no comprende? - ¿Acaso niega que me ha denunciado? -No tengo nada que negar. Me he limitado a aplicar el reglamento. - ¿Para usted el reglamento es más importante que la amistad? -Amistad quizás sea una palabra excesiva. Yo hablaría más bien de "buena relación entre colegas".
  93. El simple hecho de vivir es un sentido en sí mismo. Otro es vivir en este planeta. Otro es vivir entre los demás, etc. Declarar que tu vida carece de sentido no es serio. En mi caso, sí sería exacto afirmar que, hasta ahora, mi vida carecía de objeto. Y me parecía bien. Era una vida intransitiva.
  94. La cosmética, ignorante, es la ciencia del orden universal, la suprema moral que determina el mundo. No es culpa mía si las esteticistas han recuperado esta admirable palabra. Hubiera resultado anticosmético presentarme ante usted y plantearle de golpe y porrazo sus opciones. Tenía que hacérselo vivir a través de un vértigo sagrado.
  95. Los atentados sólo existen por el qué dirán y los medios de comunicación, ese cotilleo a escala planetaria. Uno no secuestra un avión para divertirse sino para salir en portada. Si se suprimieran los medios de comunicación, todos los terroristas se quedarían en el paro. Aunque no caerá esa breva.
  96. ¡No, caballero, no me gustaba la comida para gatos! ¡Era un enemigo interior quien me había obligado a comerla! Y aquel enemigo, que hasta entonces había permanecido en silencio, resultaba ser mil veces más poderoso que Dios, hasta el extremo de hacerme perder la fe no en su existencia sino en su poder.
  97. La mirada es una elección. El que mira decide fijarse en algo en concreto y, por consiguiente, a la fuerza elige excluir su atención del resto de su campo visual. Ésa es la razón por la cual la mirada, que constituye la esencia de la vida, es, en primera instancia, un rechazo.
  98. Para mí es un estado de ánimo, es decir, una hermosa historia plagada de mala fe que uno se cuenta a sí mismo para tener la sensación de que accede a la dignidad de ser humano, para convencerse de que, en el mismo instante en el que va de vientre, rebosa espiritualidad.
  99. No existe nombre para la violación de un diario. Lo cual demuestra que es más grave. No tiene nombre.
  100. Sepa que resulta muy duro descubrir la nulidad de Dios y, en contrapartida, el poder omnipresente del enemigo interior. Creías vivir con un tirano benévolo sobre tu cabeza y de pronto descubres que vives bajo la autoridad de un tirano malévolo que reside dentro de tu estómago.
  101. Todas las bellezas emocionan, pero la belleza japonesa resulta todavía más desgarradora. En primer lugar porque esa tez de lis, esos ojos suaves, esa nariz de aletas inimitables, esos labios de contornos tan dibujados, esa complicada dulzura de los rasgos ya bastan para eclipsar los rostros más logrados.
  102. Era, sin discusión, la más graciosa: poseía esa maravillosa soltura de movimientos, que es la suprema injusticia de la naturaleza, ya que la gracia se otorga o se deniega en el momento de nacer sin que ningún esfuerzo posterior pueda paliar la ausencia de la misma.
  103. Astrolabio: sin duda ella es la razón por la cual me dispongo a secuestrar este avión. Una idea así la horrorizaría. Mala suerte: hay mujeres a las que hay que querer a su pesar y actos que uno debe cometer a pesar de uno mismo.
  104. Aunque no lo parezca, existe una lógica en todo este asunto: los sistemas más autoritarios suscitan, en las naciones en los que se aplican, los casos más sorprendentes de desviaciones -y, por eso mismo, una relativa tolerancia respecto a las excentricidades humanas más apabullantes-. 31
  105. Le quería mucho. Y eso no puedes decírselo a tu novio. Lástima. Por mi parte, quererlo mucho significaba mucho. Me hacía feliz. Siempre me alegraba de verlo. Sentía por él amistad y ternura. Cuando no estábamos juntos, lo echaba de menos.
  106. El hombre se construye a partir de lo que ha conocido en el transcurso de los primeros meses de vida: si no ha experimentado hambre, será uno de los raros elegidos, o de esos raros malditos que no edificarán su existencia en torno a la carencia.
  107. Haber rozado la muerte no quebrantaba mi convicción no formulada de ser una divinidad. ¿Por qué los dioses iban a ser inmortales? ¿En qué medida podía la inmortalidad convertir a alguien en divino? ¿Acaso es menos sublime la peonía por el hecho de marchitarse?
  108. De todos los países en los que he vivido, Bélgica es el que menos he comprendido. Ser de un determinado lugar quizá consiste en eso: no comprender en qué consiste. Sin duda ésa es la razón por la que allí empecé a escribir.
  109. Y si en su momento fallaron en este punto, ¿No resultarían más útiles a su texto amándolo pese a todo, con ese amor verdadero que no se expresa a través de la verborrea sino con un silencio puntuado de palabras fuertes?
  110. Me atraía la idea de no saber si iba a ver pintura, escultura o una retrospectiva de cachivaches varios. Uno siempre debería acudir a las exposiciones así, por azar, con absoluta ignorancia. Alguien desea mostrarnos algo: eso es lo único que importa.
  111. Mi espíritu no pertenecía a la raza de los conquistadores, sino a la especie de las vacas que pacen en las praderas de las facturas esperando la llegada del tren de gracia. ¡Qué hermoso era vivir sin orgullo y sin inteligencia! Hibernaba.
  112. Entonces, con los ojos abiertos, podía echarme a llorar contemplando aquel mundo perdido y resucitado gracias al poder de la alucinación. Cuando me descubrían allí, me preguntaban por la naturaleza de aquel llanto y yo respondía: "Es la nostalgia".
  113. Encontrar tanta mala fe en la pluma de un escritor que pretende combatirla, resultaba encantador. Habría resultado irritante si su mala fe hubiera sido homogénea. Pero pasar continuamente de la buena a la mala fe, me parece de una deshonestidad genial.
  114. Al parecer, huir es poco glorioso. Lástima, porque es muy agradable. La huida proporciona la más formidable sensación de libertad que se pueda experimentar. Te sientes más libre huyendo que si no tienes nada de lo que huir.
  115. No es que la belleza literaria no exista: sólo que es una experiencia tan incomunicable como los encantos de la Dulcinea para quien no es sensible a los mismos. Hay que apasionarse uno mismo o resignarse a no entender nunca nada.
  116. ¿Acaso todavía hay mentes lo bastante ingenuas para pensar que las teorías sirven para ser creídas? Las teorías sirven para irritar a los filisteos, para seducir a los estetas y para que los demás se rían.
  117. La experiencia física de la libertad es otra cosa. Uno debería tener siempre algo de lo que huir, para cultivar esa maravillosa posibilidad. De hecho, siempre hay algo de lo que huir. Aunque sólo sea de uno mismo.
  118. Me doy cuenta en este instante de que al adjetivo liso no le corresponde ningún sustantivo. No me extraña: el vocabulario de la felicidad y del placer siempre ha sido más pobre, y eso en todas las lenguas.
  119. Siempre existe un modo de obedecer. Eso es lo que los cerebros occidentales deberían comprender...Quizás el cerebro nipón sea capaz de obligarse a sí mismo a olvidar un idioma. El cerebro occidental carece de esos recursos.
  120. Qué hermosa es la gloria. Es una trompeta tocada por ángeles en mi honor. Nunca me he sentido tan en la gloria como esta noche y todo gracias a ti. ¡Si supieras que estás trabajando para gloria mía!
  121. La raza humana está hecha de tal modo que seres mentalmente sanos estarían dispuestos a sacrificar su juventud, su cuerpo, sus amores, sus amigos, su felicidad y mucho más todavía en aras de un fantasma llamado eternidad.
  122. Decirle a alguien que se ha terminado es feo y falso. Nunca se termina. Incluso cuando ya no piensas en alguien, ¿Cómo dudar de su presencia dentro de ti? Un ser que ha contado para ti, siempre cuenta.
  123. Por hambre yo entiendo esa falta espantosa de todo el ser, ese vacío atenazador, esa aspiración no tanto a la utópica plenitud como a la simple realidad: allí donde no hay nada, imploro que exista algo.
  124. La mediocridad no siempre utiliza la vía socioprofesional para imponerse. A menudo, sus victorias son mucho más íntimas. Si he elegido recordar a aquellos dos chicos que a los quince tuteaban la divinidad, es porque la Gran Parca no sólo se ensaña con las élites. Sin saberlo, o sabiéndolo, todos estamos llamados al combate y existen mil maneras de sufrir una derrota. La lista de víctimas no está escrita en ninguna parte: nunca sabemos con certeza quiénes figuran en ella, incluso ignoramos si incluye nuestro nombre. Sin embargo, no se puede dudar de la existencia de este frente. A los cuarenta años, son tan pocos los supervivientes que te sientes atormentado por un sentimiento trágico. A los cuarenta, uno está forzosamente de luto. No pienso que la mediocridad haya podido conmigo. Siempre logré mantener una vigilancia al respecto, gracias a algunas señales de alarma. La más eficaz es la siguiente: mientras no te regodeas con la caída de alguien, aún puedes mirarte al espejo. Deleitarse con la mediocridad ajena sigue siendo el colmo de la mediocridad.
  125. (...) No creo que la suerte de los japoneses resulte mucho más envidiable. En realidad, incluso opino lo contrario. La nipona, por lo menos, tiene la posibilidad de librarse del infierno de la empresa casándose. Y no trabajar en una empresa japonesa me parece un fin en sí mismo. Pero el nipón, en cambio, no es un ser asfixiado. No se ha destruido en él, desde su más tierna edad, todo rastro de ideal. Conserva uno de los derechos humanos más fundamentales: el derecho a soñar, a tener esperanzas. Y lo ejerce. Sueña con mundos quiméricos en los que es libre y dueño de sus actos. La japonesa carece de semejante recurso, si ha sido bien educada -y la mayoría lo han sido-. Por decirlo de algún modo, esa facultad esencial le ha sido amputada. Ésta es la razón por la cual proclamo mi más profunda admiración por toda nipona que todavía no se haya suicidado.
  126. El hambre es deseo. Es un deseo más amplio que el deseo. No es voluntad, que es una forma de fuerza. Tampoco es debilidad, ya que el hambre no conoce la pasividad. El hambriento es un ser que busca. Si Cátulo recomienda resignación es precisamente porque él no se resigna. Hay en el hambre una dinámica que prohíbe aceptar el propio estado. Es un deseo que resulta intolerable. Alguien podrá decirme que el deseo de Cátulo, que está relacionado con la falta de amor, la obsesión debida a la ausencia de la amada, no tiene nada que ver. Sin embargo, mi lenguaje detecta en él un registro idéntico. El hambre de verdad, que no es un capricho de carpanta, el hambre que despechuga y vacía el alma de su sustancia, es la escalera que conduce al amor. Los grandes enamorados fueron educados en la escuela del hambre.
  127. Volví a llamar al servicio de información internacional francés y me atendió otro hombre. Me había pasado por la cabeza una idea brillante: -Quisiera el número de la embajada de Bélgica en Tokio, por favor. -Un momento. Me conectó con una sintonía tan pobre que, en lugar de molestar, provocaba una especie de ternura...-No existe. - ¿Perdone? Aquello no tenía ningún sentido. -No existe ninguna embajada de Bélgica en Tokio -me dijo, como si fuera evidente. Empleó el mismo tono que habría utilizado para comunicarme que no existía ningún consulado de Azerbaiyán en Mónaco. Comprendí que habría resultado inútil contarle que, durante muchos años, mi padre fue embajador de Bélgica en Tokio y que de eso no hacía tanto tiempo. Le di las gracias y colgué.
  128. Tengo una larga experiencia en materia de separaciones, y sé mejor que nadie el peligro que entrañan: separarte de alguien prometiendo que volveréis a veros es el presagio de las cosas más terribles. El caso más habitual es que no vuelvas a ver nunca más al individuo en cuestión. Y ésa no es la peor de las eventualidades. La peor consiste en volver a ver a la persona y no reconocerla, ya sea porque ha cambiado mucho, ya sea porque entonces descubres un aspecto increíblemente desagradable que ya debía de existir antes pero que habías logrado ignorar en nombre de esa extraña forma de amor tan misteriosa y peligrosa y en la que siempre se nos escapa todo lo que está en juego: la amistad.
  129. De cada edificio con los que me iba cruzando emanaba una solapada hostilidad. Acabé preguntándoles el camino a unos nativos que fingieron no entender nada de mi inglés, y tuve que hacer un esfuerzo para no decirles que incluso su vieja gloria entendía mi jerga. Tras dos horas exasperantes deambulando, llegué al hotel, y me encerré en mi habitación para mantener al enemigo a raya. Me mariné un buen rato en un baño ardiente y luego me metí en la cama. Muy rápidamente, la apreciación de aquella comodidad se vio sustituida por una desagradable constatación de fracaso. Nunca en mi vida me había fallado tanto una ciudad. Si se hubiera tratado de Maubeuge o de Vierzon, quizá me habría parecido divertido. ¡Pero Londres!
  130. La escritura lo jode todo: piense en la cantidad de árboles que ha sido necesario cortar para el papel, en los sitios que ha habido que buscar para almacenar los libros, en el dinero que ha costado su impresión, en el dinero que les costará a los eventuales lectores, en el aburrimiento que esos infelices experimentarán al leerlos, en la mala conciencia de los miserables que los comprarán, pero no tendrán suficiente valor para leerlos, en la tristeza de los amables imbéciles que los leerán sin comprenderlos, pero, sobre todo, en la fatuidad de las conversaciones que sucederán a su lectura o a su no lectura. ¡Y me quedo corto! Así que no me venga con que la escritura no es nociva.
  131. Había tenido que enfrentarme a una elección entre dos riesgos enormes: uno se llamaba sí, que tiene como sinónimos eternidad, seguridad, consistencia, estabilidad y otras palabras que hielan el agua de espanto; El otro se llamaba no, que se traduce por desgarro, desesperación, y yo que creía que me querías, desaparece de mi vista, y tan feliz que parecías cuando, y otras palabras definitivas que hacen hervir el agua de indignación, porque son injustas y bárbaras. ¡Qué alivio haber encontrado la solución de los noviazgos! Era una respuesta líquida en tanto en cuanto no resolvía nada y posponía el problema para más adelante. Pero ganar tiempo es la gran cuestión de la vida.
  132. Conspiran contra su ideal desde su más tierna infancia. Moldean su cerebro: "Si a los veinticinco años todavía no te has casado, tendrás una buena razón para sentirte avergonzada", "si sonríes perderás tu distinción", "si tu rostro expresa algún sentimiento, te convertirás en una persona vulgar", "si mencionas la existencia de un solo pelo sobre tu cuerpo, te convertirás en un ser inmundo", "si, en público, un muchacho te da un beso en la mejilla, eres una puta", "si disfrutas comiendo, eres una cerda", "si dormir te produce placer, eres una vaca", etc. Estos preceptos resultarían anecdóticos si no la emprendieran también con la mente.
  133. En el pasado, cuando quería liberarme de una chica que me poseía, recurría a un método temible: estudiarla de memoria. Eso suponía una observación de todos aquellos instantes que podían acelerar gravemente el proceso, ya que permitía darse cuenta de que, en el noventa por ciento de los casos, estas señoritas se habían creado un personaje e interpretaban un papel. Semejante constatación simplifica la cuestión sometida a estudio hasta el punto de curarse inmediatamente. Las únicas chicas que inspiran un amor incurable son aquellas que han conservado la increíble complejidad de lo real. Existen en una proporción de una entre un millón.
  134. -Yo, cuando era pequeña, quería ser Dios. El dios de los cristianos, con D mayúscula. Hacia los cinco años, comprendí que mi ambición era irrealizable. Así que rebajé un poco mis pretensiones y decidí convertirme en Cristo. Imaginaba mi muerte sobre la cruz, ante toda la humanidad. A los siete años, tomé conciencia de que aquello no ocurriría. Decidí, más modestamente, convertirme en mártir. Durante años mantuve aquella decisión. Pero tampoco funcionó. - ¿Y después? -Ya lo sabe: me hice contable en la empresa Yumimoto. Y creo que no podía caer más bajo. - ¿De verdad lo cree? -preguntó con una extraña sonrisa.
  135. ¿Por qué le desagrada hablar de sus novelas? -Porque hablar de una novela no tiene ningún sentido. -Sin embargo, resulta apasionante escuchar a un escritor hablar de su creación, explicar cómo, por qué y contra quién escribe. -Si un escritor consigue ser apasionante al respecto, entonces sólo hay dos posibilidades: o repite en voz alta lo que ya ha escrito en su libro, en cuyo caso es un loro; O cuenta cosas interesantes de las que no ha hablado en su libro, en cuyo, caso el susodicho libro es un fiasco, pues no se vale por sí mismo.
  136. Los contables que pasaban diez horas diarias recopiando cifras me parecían víctimas sacrificadas en el altar de una divinidad carente de grandeza y de misterio. Desde tiempos inmemoriales, los humildes han dedicado sus vidas a realidades que los superan: en otros tiempos, podían por lo menos entrever alguna causa mística en semejante estropicio. Ahora, ya no podían ilusionarse. Entregaban su existencia a cambio de nada. Como todo el mundo sabe, Japón es el país con la mayor tasa de suicidios. Personalmente, lo que me sorprende es que no sea todavía más frecuente.
  137. ¡Londres, donde Shakespeare había escrito y creado las mayores obras maestras, donde Europa había salvado su honor en el transcurso de la última guerra, donde florecían todas las vanguardias! Era yo quien me castigaba perdiéndome aquella ciudad. Era cierto, Vivienne Westwood era un revés del destino, pero ¡Qué injusticia por mi parte hacérselo pagar a toda una metrópoli! Con treinta y cuatro años, ¿De verdad iba a pedir un sándwich club para comérmelo en la cama y no saldría de mi habitación en mi primera noche en Inglaterra?
  138. Comunicarle a Plectrude que no podría volver a bailar equivalía a anunciarle a Napoleón que ya no volvería a tener ejército nunca más: suponía privarlo no ya de su vocación sino de su destino. No podía creérselo. Interrogó a todos los médicos posibles e imaginables: ni uno solo le dejó un atisbo de esperanza. Hay que felicitarles por ello: habría bastado que uno de ellos le concediera una centésima posibilidad de curación, y se habría reenganchado hasta el punto de morir en el intento.
  139. Uno se cruza a veces con gente que, en voz alta y fuerte, presume de haberse privado de tal o cual delicia durante veinticinco años. También conocemos a fantásticos idiotas que se alaban por el hecho de no haber escuchado jamás música, por no haber abierto nunca un libro o no haber ido nunca al cine. También están los que esperan suscitar admiración a causa de su absoluta castidad. Alguna vanidad tienen que sacar de todo eso: es la única alegría que tendrán en la vida.
  140. La campeona del estómago vacío es China. Su pasado es una sucesión ininterrumpida de catástrofes alimentarias con muertos a espuertas. La primera pregunta que un chino le hace a otro chino siempre es: " ¿Has comido? " Los chinos han tenido que aprender a comer lo incomible, de allí el refinamiento sin igual en su arte culinario. ¿Existe una civilización más brillante, más ingeniosa? Los chinos lo han inventado todo, pensado todo, entendido todo y se han atrevido a todo. Estudiar China equivale a estudiar la inteligencia.
  141. La ausencia de hambre es un drama que nadie ha estudiado. Al igual que esas enfermedades huérfanas por las que la investigación no se interesa, la no-hambre no corre el riesgo de despertar curiosidad: aparte de la población de Vanuatu, no afecta a nadie más. Nuestra sobrealimentación occidental no tiene nada que ver con eso. Basta salir a la calle para ver a gente muriéndose de hambre. Y, para ganarnos el pan, tenemos que trabajar. En nosotros, el apetito es algo vivo.
  142. Entonces mi madre se enfrascó en una explicación de las leyes del universo. Dijo que, en este mundo, había personas muy malas y, en efecto, muy seductoras. Afirmaba que, si quería ser amada por alguna de ellas, sólo existía una solución: yo también tenía que portarme como una malvada con ella. -Debes comportarte con ella igual que ella se comporta contigo. -Pero eso es imposible. Ella no me ama. -Si eres igual que ella, te amará. La sentencia era inapelable.
  143. La idea de destruir la Torre Eiffel me producía una enorme exaltación, ya que aunaba significado y belleza: ¿Acaso hay algo más hermoso que la Torre Eiffel? La adoraba desde siempre, sin saber siquiera que se trataba de una construcción de amor. Conocer su historia íntima me hacía quererla aún más. ¡Menudo tipo, ese Gustave Eiffel, integrar el amor de su vida en la obra de encargo más importante de su existencia!
  144. Fuera caretas: incluso el más enamorado de los hombres (sobre todo el más enamorado de los hombres) desea, un día u otro, aunque sólo sea durante un segundo, asesinar a su mujer. Ese instante soy yo. La mayoría de las personas consiguen escamotear este aspecto de su personalidad subterránea, hasta el punto de creer que no existe. Tu caso todavía es más especial: nunca lo has conocido al asesino que llevas dentro.
  145. Esto no es un intento de justificación, ya que nadie me leerá, más bien es un deseo íntimo de dejar las cosas claras: por premeditado que sea, el crimen que me dispongo a cometer es cien por cien impulsivo. Me ha bastado conservar intacto el impulso de mi odio, no permitir que se volviera insípido, perdiera intensidad o se debilitara hasta convertirse en un falso olvido de putrefacción.
  146. Para bailar, hay que merecerlo. Bailar, bailar sobre un escenario y delante de público constituye la mayor de las felicidades. A decir verdad, incluso sin público, incluso sin escenario, bailar es el colmo de la embriaguez. Una alegría tan profunda justifica los sacrificios más crueles. La educación que os damos aquí tiende a presentar la danza como lo que es: no un medio sino la recompensa.
  147. Sin duda cada ser tiene, en el universo de lo escrito, una obra que le convertirá en lector, suponiendo que el destino favorezca su encuentro. Lo que Platón dice de la mitad amorosa, ese otro ser que circula por alguna parte y que conviene encontrar a riesgo de permanecer incompleto hasta el día de tu muerte, es todavía más auténtico en el caso de los libros.
  148. Recientemente, un bestseller mundial afirmaba que existían vampiros buenos e inocentes. Ahora la gente nunca es tan feliz como cuando les aseguran que el mal no existe. Pero no, los malos no son auténticos malos, el bien los seduce a ellos también. ¿En qué clase de cretinos degenerados nos hemos convertido para tragarnos y adorar semejantes teorías de tres al cuarto?
  149. - ¿Por qué hace esto? -Porque me apetece. Siempre hago lo que me apetece. -A mí me apetecería romperle la cara. -Mala suerte: eso no es legal. A mí, lo que me gusta en la vida son las molestias autorizadas. Como las víctimas no tienen derecho a defenderse, resultan todavía más divertidas. - ¿No tiene aspiraciones más elevadas en la existencia? -No.
  150. Entre las sorprendentes barbaries cometidas por la especie aviar, señalemos la siguiente: a los pájaros les encanta comer huevos. Es uno de sus alimentos preferidos. Esto es así en mi caso. Pero prefieren comer los huevos de los demás. Lo confirmo: una vez que los míos ya no necesitan de mis cuidados, prefiero leer los libros de los demás.
  151. No se trata aquí de establecer una jerarquía entre los pueblos. Al contrario. Se trata de mostrar que el hambre es su mayor seña de identidad. A los países que nos dan la lata con el carácter supuestamente único de su población, hay que decirles que toda nación es una ecuación que se articula alrededor del hambre.
  152. No sabe lo que significa tener tanta sed y no tener derecho a beber mientras el agua fluye ante la mirada de uno, hermosa, salvadora, al alcance de sus labios. El agua te es negada a ti, que acabas de atravesar el desierto, por la incongruente razón de que no eres de su agrado. ¡Como si el agua tuviera derecho a rechazarte!
Obras Destacadas:
  1. Higiene del asesino 1992
  2. El sabotaje amoroso 1993
  3. Estupor y temblores 1999
  4. Cosmética del enemigo 2001
  5. Ordeno y mando 2008
  6. Pétronille 2014

Fuente: Frases Y Pensamientos


* Amélie Nothomb

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