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Alfonso Sastre

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20 de febrero de 1926 Madrid, España

Psicólogo austríaco, fundador de la llamada "psicología individual", la cual plantea que cada persona lucha desde que nace hasta que muerte, en la cual va progresando y reduciendo sus problemas.

  1. El arte es una representación reveladora de la realidad.
  2. No es posible entender los procesos sociales desde un humanismo navideño.
  3. Quiero un teatro que sea capaz de caminar sin arrastrarse entre los desechos de la sociedad de consumo.
  4. Los personajes de la literatura realista orinan, necesidad que no parecen sentir los héroes románticos.
  5. Yo apuesto por los intelectuales y los artistas que apuestan, a su vez, por un mundo habitable, y que ponen sus vidas en esa apuesta.
  6. Programar un teatro es pensar. Y también se podría decir que hacer teatro es implicarse en la vida social, comprometerse en las luchas de esa sociedad.
  7. La ideología comporta una determinada sensibilidad (y viceversa); y la sensibilidad dice mucho cuando se trata de un proyecto dramático o poético en general.
  8. El teatro no debe dejar de ser un hecho lúdico, no es política y nunca lo será, pero sí se puede suponer que va a cubrir ese aspecto lúdico con una energía crítica y creadora.
  9. La revelación que el arte hace de la realidad es un elemento socialmente progresivo. En esto consiste nuestro compromiso con la sociedad. Todo compromiso mutilador de esa capacidad reveladora es inadmisible.
  10. Lo social es una categoría superior a lo artístico. Preferiríamos vivir en un mundo justamente organizado y en el que no hubiera obras de arte, a vivir en otro injusto y florecido de excelentes obras artísticas.
  11. Los intelectuales y los artistas somos muy poco activos en el orden político, y cuando somos algo activos, no somos generalmente muy acertados, pero habría que educarse en esa línea de una mayor efectividad de nuestras ideas y pensamientos.
  12. Rechazamos toda coacción exterior, ajena, por tanto, a nuestra conciencia moral ya nuestro sentido estético. Nos sentimos responsables de nuestros actos morales y artísticos -un acto artístico es siempre un acto moral- y rechazamos toda tutela extraña.
  13. El hecho de tomar el teatro como una forma de intervenir en la vida me ha colmado. El teatro era un bueno oficio y merecía la pena dedicarse a él. Nunca he pensado de otra manera, siempre he creído que ha merecido la pena, y, sin ninguna duda, volvería a repetirlo.
  14. Lo que pasa es que el imperialismo ha llegado a tales extremos de monstruosidad. Y la historia del imperialismo es la historia de una monstruosidad, pero que en los últimos años es terrible, han perdido toda vergüenza, han adquirido un cinismo atroz y se permiten destruir lo que quieran.
  15. Pertenecer a un partido político no tiene por qué significar la pérdida de la autonomía que reclamamos para e l artista. Este compromiso será lícito y fecundo en los casos en que el artista se sienta expresado totalmente por ese partido. Su compromiso será entonces, precisamente, la expresión de sus libertades.
  16. (...) La vocación llegó a ser tan fuerte que se hizo indestructible. Más tarde vinieron las batallas contra la censura, el compromiso de emplear el teatro en la lucha contra el régimen, el teatro político que nació de la necesidad de intervenir en la vida. Ahí empezó una larga carrera que dibujó mi trayectoria.
  17. No porque lo digan los clásicos del marxismo, sino porque nos lo muestra la experiencia común, la violencia forma una parte esencial del entramado de la vida, del entramado de la paz ante la que los humanistas ponen los ojos en blanco. No es necesario leer nada al respecto, porque basta con mirar seriamente la realidad.
  18. Al intentar recordar el nacimiento de mi vocación me encontré con factores muy azarosos que podrían no haber ocurrido. Puede haber sido una predisposición personal, no lo sé, pero sí hubo una predisposición literaria, ya escribía versos cuando tenía trece años. El teatro fue algo posterior y a su encuentro me llevaron una serie de casualidades.
  19. Lo que se llama terrorismo en nuestros días no es ni más ni menos que una forma particular de la guerra, y que no es preciso ni justo adoptar ante este fenómeno aires distintos a los que se adoptan cuando de otro tipo de guerras se trata, si bien pueden encontrarse y establecerse muchas diferencias formales entre lo que es una guerra convencional y lo que es una guerrilla urbana o rural, etc.
  20. Siempre he escrito sin saber para quién, suponiendo la posibilidad de que alguien llegara a leer lo que yo escribía. El silencio me ha acompañado siempre y no por eso yo he dejado de escribir. Ahora mismo estoy trabajando - escribiendo, claro - sobre la utopía, para nadie y para nada. Como una especie de testamento político e intelectual. O sea, para el futuro y para que no se pierda del todo mi pensamiento, si es que a mis cuatro ideas (¡más bien, a mis cuatro dudas!) se les puede otorgar esa calidad: la de ser un pensamiento.
  21. (...) Siempre se ha dicho, que un optimista es un pesimista mal informado, en cuanto uno se informa deja de ser optimista, el análisis objetivo de la realidad conduce al pesimismo. No necesariamente tiene que ser así. Lo que no hay que partir es de la base de maquillar la realidad, para que resulte vivible, y uno pueda andar por la vida con un optimismo ficticio. Hay que partir de la base de ver las cosas como son y luego tener ánimos para oponerse a las cosas como son. Porque muchas veces al decir las cosas son así, está bien, y luego pasan a la resignación de ¡Así son las cosas! Es muy distinto. Las cosas son así y tendrían que ser de otra manera.
  22. En la vida de todos y cada uno de nosotros (cada uno y cada una, o caúno y caúna, que es como se solía decir en mi barrio) se ha oído muchas veces que hay que ser realista, y unas veces era para decir que había que andarse con pies de plomo, o sea, ser prudente, posibilista, y, en definitiva, conformarse a las medidas de lo establecido; y otras para combatir las tendencias evasivas, meramente lúdicas y, en definitiva, conformistas. ¡La misma palabra para dos usos contrapuestos! Seamos realistas: o sea, aceptemos el sistema. Seamos realistas, o sea: denunciemos el enmarcamiento que de la realidad hace el sistema, digamos la verdad. Realidad contra los señuelos de la utopía. Realidad contra las ilusiones de lo establecido. Y lo uno y lo otro con la misma palabra.
  23. (...) No hay una cultura proletaria; Ese es un factor. Por eso a veces parece desmesurada la lucha de clases en la medida en que se plantea sin una base cultural propia, dado que lo que hay so n culturas nacionales; No hay una cultura del proletariado, como ya se debatió en los primeros años de la revolución soviética, cuando se intentó, por parte de grupos de vanguardia, hacer una cultura proletaria, lo que se llamó el proletkult, porque, evidentemente, se notaba el vacío de una cultura propia para el proletariado. Y también es cierto que en los años siguientes se comprobó cómo no se podía fabricar de pronto, de la noche a la mañana, una cultura proletaria; Que había que afincarse para todas las transformaciones revolucionarias en la cultura propia de los países.
  24. El problema de las naciones oprimidas yo creo que para nosotros se reveló muy bien en las guerras de liberación de Cuba, de Argelia y de Vietnam. Para mí, por ejemplo, que el grito de guerra, por así decirlo, de la revolución cubana fuera: "Patria o muerte", me llamaba mucho la atención sobre el hecho de que había un problema nacional cubano frente a la opresión del Imperialismo americano, y que solamente desde la base de esa liberación nacional, de esa reclamación de la patria cubana, era posible pensar en una revolución social, y que la revolución social tiene que enmarcarse en el cuadro de una lucha de liberación nacional frente al Imperialismo americano. Y ahí quedaba ya, porque el proceso de la revolución cubana lo fue dando en su pulso, ahí quedaba ya enunciada la posibilidad de relacionar íntimamente los dos aspectos: la lucha de liberación nacional y la liberación social.
Obras Destacadas:
  1. Escuadra hacia la muerte (1953)
  2. La mordaza (1954)
  3. Muerte en el barrio (1955)
  4. Tragedia fantástica de la gitana Celestina (1978)
  5. ¿Dónde estás, Ulalume, dónde estás? (1990)
  6. Cargamento de sueños (1949)

Fuente: Frases Y Pensamientos


Alfonso Sastre

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