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Alberto Manguel

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1948 Buenos Aires, Argentina

Escritor, novelista, ensayista, traductor y editor argentino en lengua inglesa, nacionalizado canadiense y autor de "Una historia de la lectura" (1996), "Leer imágenes: una historia privada del arte" (2000), "Diario de lecturas" (2004), "El regreso" (2005), "El amante extremadamente puntilloso" (2005) y "La biblioteca de noche" (2006).

  1. La maldad no necesita razón alguna.
  2. El punto de partida es una pregunta.
  3. La ambición de un lector no conoce límites.
  4. Un libro se convierte en un libro distinto cada vez que lo leemos.
  5. Quizá pudiese vivir sin escribir. No creo que pudiera vivir sin leer.
  6. Dios es tan grande que no se ofende por un chiste, un dibujito, un juego de palabras.
  7. La identidad de una nación se refleja menos en su política que en las historias que cuenta.
  8. La dificultad de reconocer a un genio único consiste precisamente en que tal genio no tiene común medida.
  9. Una sociedad puede existir -muchas de ellas existen- sin escribir, pero ninguna sociedad puede existir sin la lectura.
  10. Las grandes figuras religiosas del pasado, porque eran también seres humanos inteligentes, no carecían de sentido del humor.
  11. (...) Quizás eso es lo que queremos decir cuando hablamos de inmortalidad literaria: una vida que no acaba nunca de ser contada.
  12. Uno de los aspectos más patéticos de la experiencia humana es nuestra ignorancia de las verdaderas consecuencias de nuestros actos.
  13. Leemos para entender, o para comenzar a entender. No podemos hacer más que leer. Leer casi tanto como respirar, es nuestra función esencial.
  14. Pronto aprendí que la lectura es acumulativa y procede por progresión geométrica: cada nueva lectura se basa en lo que el lector ha leído antes.
  15. Los héroes de la literatura infantil de nuestro tiempo son por esa razón mayormente inconsecuentes: publicitados y explicados como objetos de consumo.
  16. Yo no reaccioné como hubiese debido ante la dictadura, y como reaccionaron tantos otros que fueron torturados, asesinados y obligados al exilio. (...) Yo fui sólo un turista en el infierno.
  17. Nuestro mundo es, entre otras cosas, una creación verbal. Más allá del dictamen del primer verso del evangelio de Juan, nuestra experiencia del mundo es una traducción de esa experiencia en palabras que la recrean con mejor o peor suerte.
  18. El amor a las bibliotecas, como la mayor parte de los amores, hay que aprenderlo. El que entra por primera vez en una habitación hecha de libros no puede saber instintivamente cómo comportarse, qué se espera de él, qué se promete, qué se permite.
  19. La semana pasada, en Múnich, en la Literaturhaus, vi una exposición de fotografías de actores en muchas representaciones distintas: el conjunto de caras crea un espectáculo inédito. La ordenación de hechos diferentes produce un diseño nuevo, una historia nueva.
  20. En una novela policíaca se supone que todo el mundo puede ser el asesino. Atravieso el país en tren: los maravillosos bosques alemanes, tan parecidos a los dibujos de mis libros de cuentos de hadas. Luego una idea se intuye: por esos bosques huían prisioneros perseguidos.
  21. Escribir nuestras impresiones sobre Hamlet cuando volvemos a leerlo año tras año � escribió Virginia Woolf � sería prácticamente como redactar nuestra autobiografía, porque a medida que sabemos más sobre la vida descubrimos que Shakespeare también habla de lo que acabamos de aprender.
  22. Mis lecturas infantiles tuvieron esto de diferente de las que las sucedieron: el mundo real, tangible, de reglas coherentes y mágicas, era para mí el de las páginas del libro, y no el de los inconvenientes rituales cotidianos de mi casa y de mi escuela, por lo demás absurdos y contradictorios.
  23. Las bibliotecas, ya sea la mía o las que comparto con una mayor cantidad de lectores, siempre me han parecido lugares gratamente disparatados, y hasta donde alcanza mi memoria siempre me ha seducido su lógica laberíntica, la cual sugiere que la razón (si no el arte) gobierna una acumulación cacofónica de libros.
  24. La imaginación no caza en jaurías: para imaginar eficazmente, el niño necesita la soledad mental absoluta; saber que únicamente entre las páginas del libro, si tiene suerte y si el libro lo interpela, descubrirá por sí mismo el hilo de una historia secreta contada únicamente para él. A esa singular lección aspira toda la literatura.
  25. Las lecturas de otros influencian, desde luego, mi lectura personal, ofrecen nuevos puntos de vista e iluminan ciertos pasajes, pero en su mayoría son como el mosquito que le dice a Alicia al oído: "Podrías hacer un chiste con eso". Me rehúso; soy un lector celoso y no voy a permitirle a nadie el ius primae noctis con los libros que leo.
  26. Una lejana tarde, hace más de cinco milenios, cierto inspirado antepasado nuestro tomó una invención burocrática -la escritura, empleada hasta entonces para contabilizar mercadería y ganado- y la utilizó para imaginar el mundo en palabras. La invención de historias, que hasta entonces había sido un arte oral, fue liberada así de los límites impuestos por el tiempo y el espacio, y nos permitió aquello que Quevedo llamó la "conversación con los difuntos".
  27. (...) Ésta era quizás la verdadera maldición del hada que los reyes olvidaron: la de no envejecer bellamente, no avanzar en experiencia y sabiduría, no disfrutar del ciclo de las estaciones que son todas iguales y todas distintas. Ser condenada al lifting, al botox, a los senos artificiales, a las inyecciones de glándula de mono. O si no, rechazar la maldición, rechazar la corte dormida, rechazar la falta de etiqueta de sus padres, rechazar al empedernido príncipe. E imitando a la Nora de Ibsen o a la Andrea de Carmen Laforet (dos modernas herederas de la bella) salir con un portazo del castillo embrujado, y enfrentarse al mundo con los ojos bien abiertos.
  28. Van a la caza de autógrafos, poniendo los libros ante las narices del autor con la esperanza de marcharse con la bendita inscripción "A Polonio, con los mejores deseos, el Autor". Su entusiasmo llevó al novelista William Golding a decir (durante el festival literario de Toronto en 1989) que "un día, alguien encontrará un ejemplar de una novela de William Golding no firmado por el autor y valdrá una fortuna". A los cazadores de autógrafos les empuja la misma curiosidad que lleva a muchos niños a mirar detrás de un teatrillo de marionetas o desmontar un reloj. Quieren besar la mano que escribió Ulises aunque, como señalara Joyce, "esa mano hizo también muchas otras cosas".
  29. En general escribió Kafka en 1904 a su amigo Oskar Pollak -, creo que sólo debemos leer libros que nos muerdan y nos arañen. Si el libro que estamos leyendo no nos obliga a despertarnos como un mazazo en el cráneo, ¿Para qué molestarnos en leerlo? ¿Para qué nos haga felices, como dices tú? Cielo santo, ¡Seríamos igualmente felices si no tuviéramos ningún libro! Los libros que nos hacen felices podríamos escribirlos nosotros mismos si no nos quedara otro remedio. Lo que necesitamos son libros que nos golpeen como una desgracia dolorosa, como la muerte de alguien a quien queríamos más que a nosotros mismos, libros que nos hagan sentirnos desterrados a las junglas más remotas, lejos de toda presencia humana, algo semejante al suicidio. Un libro debe ser el hacha que quiebre el mar helado dentro de nosotros. Eso es lo que creo.
Obras Destacadas:
  1. Una historia de la lectura (1996)
  2. Leer imágenes: una historia privada del arte (2000)
  3. Diario de lecturas (2004)
  4. El regreso (2005)
  5. El amante extremadamente puntilloso (2005)
  6. La biblioteca de noche (2006)

Fuente: Frases Y Pensamientos


Alberto Manguel

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